Las historias de amor forman parte de las materias primas con las que los guionistas de Hollywood cocinan sus relatos. En la mayoría de casos, lo que cuenta es la verosimilitud de la historia, la credibilidad de los personajes y la capacidad del espectador para identificarse con los protagonistas. Sin embargo, hay ocasiones en las que la intensidad de los emociones acaba con todo lo demás. Es entonces cuando, casi sin quererlo, las películas de la meca del cine pueden acercarse peligrosamente a conceptos en principio muy distantes a la moral imperante. Para demostrar esta tesis, os presentamos seis ejemplos de historias de amor muy, pero que muy raras.
Big (1988, Penny Marshall). El planteamiento lo dice todo: un chavalín de doce años llamado Josh Baskine se transforma de la noche a la mañana en un hombre con la pinta de Tom Hanks y termina liándose con una ejecutiva sexy y ambiciosa interpretada por Elizabeth Perkins. ¿No os viene a la cabeza la palabra “ilegal”? Sin intención de ponernos en un plan excesivamente moralizador, resulta inevitable advertir los esfuerzos de los guionistas de Big por intentar que el espíritu joven de Josh no parezca demasiado aniñado (aunque esa es la principal baza de la película) y así hacer más verosímil la relación con Perkins, a la que le fascina justamente la ingenuidad e inocencia de Hanks. A la postre, es imposible no pensar en la diferencia de edad cuando el primer gran encuentro amoroso se produce después de que Josh celebre su 13º cumpleaños.
Superman (1978, Richard Donner). Afrontémoslo, ¿qué posibilidad tendría cualquier hombre de arrebatar a Lois Lane de los brazos de Superman? ¿Qué pueden hacer unas flores y una caja de bombones contra un paseo por el cielo y la capacidad de echar el tiempo atrás cambiando el sentido de rotación de la tierra? En fin, nada que hacer. Lo que nos lleva a advertir un pequeño detalle. Superman es de otro planeta y Lois es humana. Es decir que su relación apunta directamente al sexo interplanetario (aun cuando por la casualidad más grande jamás conocida) los habitantes de Krypton son como los hombres.
Un mar de líos (1987, Garry Marshall). Kurt Russell es un carpintero con cuatro hijos a los que alimentar y Goldie Hawn es una ricachona que lo contrata, lo trata de pena y termina tirándolo por la borda de un barco sin pagarle. Pero claro, Goldie también se cae de su yate y sufre un severo caso de amnesia, hecho que aprovecha Kurt para embaucarla y convencerla de que llevan trece años casados. La venganza está servida: él la trata a ella como si fuera una escalava. Pero claro, como en toda buena comedia romántica, al final triunfa el amor… y el odio y el acoso psicológico son olvidados como si nunca hubieran estado ahí.
¿Conoces a Joe Black? (1998, Martin Brest). Cuando la muerte llama a tu puerta, lo más probable es que tu vida esté a punto de tocar a su fin… a no ser que seas un tipo inteligente e intrigante como Anthony Hopkins y, sobre todo, tengas una hija cañón con el cuerpo de Claire Forlani. Puede sonar descabellado y ruin, pero ese es, literalmente, el planteamiento de ¿Conoces a Joe Black? En fin, que encima la muerte queda prendada por Claire y para seducirla se mete en el cuerpo de Brad Pitt. Al final, y como era de esperar, la cosa termina en un caso explícito de necrofilia sensiblera. Para que luego hablen del puritanismo de la meca del cine.
Ghost (1990, Gerry Zucker). Todo el mundo conoce la historia: Patrick Swayze y Demi Moore es una pareja (aficionada a moldear cerámica) cuya historia se ve truncada por la muerte. Sin embargo, el amor trasciende los límites de la vida y la muerte y Patrick se pasa la película intentando comunicarse con Demi, algo que logra finalmente gracias a la ayuda de una excéntrica pitonisa interpretada por Whoopi Goldberg. Y entonces llega el momento raro, raro, raro: Whoopi deja que el espíritu de Patrick la posea para tener un momento físico de intimidad con Demi. Nosotros, los espectadores, asistimos a un romántico baile/arrumaco entre los amantes. Sin embargo vale la pena recordar que ¡las que están abrazadas son Whoopi y Demi! En fin, que estamos a favor de todas las opciones sexuales y sentimentales, pero en este caso la imagen y la realidad están a años luz de distancia en materia de potencial sensual.
Crepúsculo (2008, Catherine Hardwicke). Terminamos con el más reciente, y quizás más flagrante, de los casos. Cuando Bella ve a Edward Cullen por primera vez, la chica no tiene dudas acerca de que es el hombre de su vida. Afortunadamente, el sentimiento es mutuo y Edward se convierte en el protector (y perseguidor) de Bella. Lo de meterse en la habitación de ella para verla dormir puede ser romántico, pero también inquietante. Sin embargo, lo que nos preocupa aquí, como en el caso de Big es la diferencia de edad. No olvidemos que ¡¡¡Bella tiene 17 años y Edward 108!!! ¿Qué pueden tener estos dos en común? ¿A cuantos institutos habrá ido Edward? ¿Cuántas chicas habrán intentado ligárselo? Y la pregunta clave: ¿Cuántas Bellas deben haber habido anteriormente en el historial de Edward? Cuesta creer que un guaperas se haya pasado 90 años yendo al instituto sin ligar unas cuantas veces.