'Cría fama y échate a dormir', esa parece ser la máxima que se sigue en el mundo del cine. O, por lo menos, es lo que vale para que una película sea seleccionada por España para competir por los preciados premios americanos.
¿Cómo se explica, si no, que la Academia de Cine haya seleccionado a El baile de la victoria, de Fernando Trueba, para pelear por el Oscar a la Mejor Película Extranjera? No es, precisamente, el tipo de película que puede agradar a los miembros de la academia norteamericana. La única razón parece ser, entonces, el reputado nombre del director en aquellas tierras (ya ganó el Oscar en 1993 por Belle epoque).
Pero no es la única vez que hemos hecho algo así. Recordemos, por ejemplo, el predicamento que ha tenido José Luis Garci desde que consiguiera la estatuilla, allá por 1982, con Volver a empezar (por la que, por cierto, nadie daba tampoco ni un duro). Antes de 'enemistarse' con los mandamases de nuestro cine, el director había sido el elegido también por El abuelo (1998), Asignatura aprobada (1987), y Sesión continua (1984). ¿Realmente eran las mejores películas hechas aquellos años? Evidentemente, no. Pero eran de Garci, y allá que las enviamos. No hace falta decir que no tuvieron nada que hacer, y se volvieron a casa de vacío.
Otros grandes nombres del cine español, como por ejemplo Carlos Saura, Jaime de Armiñán o Pedro Almodóvar, también han sido escogidos en más de una ocasión, de nuevo más por el nombre que por la calidad de sus filmes. Pero quizá, en esos casos, no quedaba tan patente que las posibilidades de éxito eran prácticamente nulas.
Saura optó a los premios con Carmen (1983) y Mamá cumple 100 años (1979), que no consiguieron la estatuilla. Armiñán lo intentó con Mi querida señorita (1972) y El Nido (1980), pero tampoco tuvo suerte. Almodóvar también ha tenido varias oportunidades, con Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), con la que no venció pero le abrió las puertas del mercado americano, y Todo sobre mi madre (1999), que sí le valió el Oscar.
La mayor 'cagada' del cine español se produjo con Hable con ella (2002), también de Almodóvar, que no fue seleccionada por la Academia de Cine de nuestro país para mejor película extranjera, pero se llevó el Oscar al mejor guión original y estuvo a punto de ganar el Oscar a la mejor dirección.
Aún reconociendo que estos premios de la industria de EE.UU. tienen mucho que ver con ciertos intereses y cierto politiqueo, en ocasiones, y con según qué títulos, uno ya se imagina que no tenemos nada que hacer. Y si eso supone, además, renunciar a otras películas que pueden dar más juego, todavía peor.
Siempre puede haber sorpresas, pero con El baile de la victoria, la Academia española se vuelve a cubrir de gloria, yendo a lo 'seguro' y sin arriesgar. Habrá que ver si entra siquiera en el quinteto final que optará al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Eso es algo que no está nada claro.