Es curioso. Cuando se trata de comentar las mejores (o al menos las más divertidas) familias del cine, lo más habitual es que la conversación derive hacia la disfuncionalidad. Todo el mundo tiene su familia calamitosa favorita, sean los Tenenbaum de Wes Anderson, los Corleone de El Padrino o los Hoover de Pequeña Miss Sunshine. Por otra parte, si de lo que se trata es de encontrar familias avenidas, felices, compenetradas… la cosa se pone más difícil. Lo habitual es que este tipo de familia protagonice películas aburridas y convencionales. Sin embargo, para reivindicar la posibilidad de la armonía familiar, presentamos aquí, de la mano de la gente de Cinematical, a las mejores familias avenidas del cine. ¿Cuál es vuestra favorita? ¿Nos hemos dejado alguna que os parezca fundamental?
Los increíbles (2004). Los Parr no son perfectos. Después de todo, Bob (el Sr. Increíble) suele esconderse en el patio trasero de casa para utilizar sus poderes cuando la familia ha decidido dejar atrás su vida “increíble”. Sin embargo, cuando un miembro de la familia se halla en peligro, el grupo al completo se pone en marcha en su ayuda. Así es la divertidísima familia protagonista de la película de Pixar, que comparte carisma y desenfado con otra magnífica super-familia, la de la saga de Spy Kids.
La familia Adams (1991). Puede que sea la familia más espeluznante y mórbida, pero también la más feliz. Morticia y Gómez se comportan como si se acabaran de casar (viven una luna de miel perpetua), apoyan de forma incondicional a sus hijos en todos sus proyectos (por muy peligrosos que sean), acogen afectuosamente a un hermano largamente perdido y dejan que la abuela viva con ellos. Y encima, la familia permanece unida durante toda la película. ¿Cómo es posible que cuando se reclama que no hay suficientes familias avenidas en el cine nadie piense en los Adams?
Cita en St. Louis (1944). Este dulzón y ultra-nostálgico musical es considerado un pliar del cine clásico. La familia protagonista, absolutamente idealizada, es tanto una celebración de los valores tradicionales como un estallido de iconografía kitsch. El padre de los Smith puede resultar un tanto dictatorial, aunque se gana la simpatía del espectador gracias a su exigente convivencia junto a cinco hijos e hijas (incluida Judy Garland) distribuidos entre la infancia, la pubertad y la adolescencia. Ahí es nada. El panorama lo remata el excéntrico abuelo y la servicial esposa, la mujer de la casa.
Juno (2007). Juno MacGuff (Ellen Page) es una adolescente embarazada y soltera… y en ningún momento recibe reproche alguno por parte de su familia. Su padre y su pareja la ayudan a decidir qué hacer con el embarazo, la llevan a las visitas al médico y están dispuestos a luchar contra todo aquel que se atreva a criticar a Juno. La relación con el padre (J.K.Simmons) es particularmente entrañable, aunque la esposa del padre (Allison Janney) tampoco se queda atrás: una de las escenas más memorables de la película es aquella en la que Janney y Page comparten ilusiones y emociones en una prueba de ultrasonido.
Charlie y la fábrica de chocolate (1971-2005). Ambas adaptaciones del clásico de Roald Dahl ofrecen una interesante perspectiva sobre las disfuncionalidades y la armonía familiar. Por una parte, están las familias que acompañas a Charlie en su visita a la fábrica de chocolate: todas amargadas en un sentido u otro. En la versión de Tim Burton, incluso Willi Wonka debe afrontar problemas familiares. Sin embargo, en el caso de Charlie, el abuelo Joe y el resto de la familia, la felicidad, la armonía y el respeto son las premisas a seguir y cumplir, por muy precaria que sea la situación económica.
Mujercitas (1933-1994). Los March deben ser, probablemente, la familia más revisitada de la historia del cine. Sus innumerables versiones van del clásico de 1933 (con Katharine Hepburn como Jo) a la versión renovada de 1994 (con Susan Sarandon y Winona Ryder). En la mayoría de estas películas, el personaje del Sr. March no aparece demasiado, sin embargo, el amor que todas las hijas comparten con su madre, Marnee, es una de las grandes razones por las que el libro de Louisa May Alcott y sus versiones fílmicas son tan adoradas. Sí, se trata de material ultra-sensible, situado en la frontera de la cursilería y el melodrama, pero la imagen del inquebrantable grupo de mujeres reunidas alrededor del piano es de un encanto inevitable.