Con la memorable Seven (1994), el thriller dirigido por David Fincher, el cine expresó de la forma más transparente su capacidad para representar y exorcizar la cara más turbia y siniestra del alma humana. Como un torrente de crueldad, la película protagonizada por Brad Pitt y Morgan Freeman nos sumía en una pesadilla urbana escalofriantemente reconocible. Por su condición de compendio del horror, Seven se convirtió en un hito del cine “pecaminoso”, sin embargo, la exploración del mal por parte del cine no es algo extraordinario, sino totalmente habitual. “El adulterio, el asesinato o el ansia de poder se deslizan por los guiones de cine como una serpiente en un edén pecaminoso”, apunta Laura Ordóñez en HoyCinema. Una realidad que se renueva mes a mes en nuestras carteleras, que no se cansan de recoger incontables testimonios acerca de las prácticas pecaminosas del ser humano. Aquí, y de la mano de Ordóñez, presentamos una lista de siete pecados explorados por el cine que está o está a punto de llegar a la cartelera.
Adulterio (No es tan fácil). Aunque puede ser presentado como un acto de dramáticas consecuencias (como demuestran películas como Una proposición indecente o Atracción fatal), el adulterio puede ser también el germen de la comedia más ligera y desenfadada, como demuestra Nancy Meyers en No es tan fácil, un embrollo amoroso a tres bandas protagonizado por una interesante madurita (Meryl Streep), su ex marido (Alec Baldwin) y el arquitecto que contrata para renovar su cocina (Steve Martin). La lista de filmes sobre el adulterio es larguísima y comprende desde viejas obras maestras como Casablanca o Gilda hasta nuevos clásicos como Los puentes de Madison de Clint Eastwood o Hannah y sus hermanas de Woody Allen.
Ambición (Furia de titanes). La ambición es uno de los pecados más cinematográficos que existen. De hecho, la considerada “mejor película de la historia”, Ciudadano Kane, es la crónica de una ambición desmedida, un sentimiento que también encontramos en películas como Gigante, Scarface (de Brian de Palma con Al Pacino) o la reciente Pozos de Ambición de Paul Thomas Anderson. Mirando al presente, cabe atender al próximo estreno del remake de la cinta que Desmond Davis estrenó en 1981 sobre un clásico de la mitología griega regresa al cine en una versión mucho más moderna gracias a las mismas técnicas de filmación utilizadas en la película 300. Sam Worthington, Liam Neeson y Ralph Fiennes protagonizan este filme sobre la batalla por el poder que enfrenta a hombres, reyes y dioses.
Crimen (Blindado). Los robos son otro ingrediente esencial de la historia del cine: de los complots más enrevesados (El golpe, Ocean’s Eleven) a los atracos más complejos (Atraco perfecto), pasando por los más pirotécnicos (Heat) o los más fallidos (Sospechosos habituales). La última heredera de este subgénero es Blindado. Matt Dillon y Laurence Fishburne protagonizan este filme en el que un guarda novato se ve empujado a intervenir en el robo de uno de los camiones blindados de su empresa.
Avaricia (Cuento de navidad). La representación de este pecado capital tuvo su bautizo fílmico en la fundacional Avaricia, del alemán Eric von Stroheim, pieza clave del cine mudo. Luego llegarían un sinfín de nuevas exploraciones sobre la ambición desmedida, de la cínica Wall Street de Oliver Stone a la desquiciada American Psycho de Mary Harron pasando por la clásica El tesoro de Sierra Madre de John Houston. Mirando a la cartelera, nos encontramos con la adaptación del clásico de Charles Dickens realizada por Robert Zemeckis, que narra cómo el viejo Scrooge abre su huraño corazón en Navidad. El director utiliza la misma técnica de animación (motion capture 3D) que en sus dos últimas películas, Polar express y Beowulf, y tira de un espectacular elenco de voces, Jim Carrey, Gary Oldman y Colin Firth.
Incomunicación (Tokyo Sonata). ¿Qué sería del cine moderno sin las odas a la incomunicación que fabricaron cineastas como Michelangelo Antonioni o Ingmar Bergman? Un testimonio que en los últimos años ha sido recogido por el cine asiático, tanto por cineastas coreanos, como Kim Ki-duk (Hierro 3), como por autores taiwanesas (Tsai Ming-liang) o de Hong Kong (Wong Kar-wai). La última perla sobre la incomunicación llegada de oriente es Tokyo Sonata del japonés Kiyoshi Kurosawa, que nos acerca a una familia japonesa que se desintegra silenciosamente.
Injusticia (The Lovely Bones). El crimen y la muerte como fuerza injusta y arbitraria puebla los rincones más dramáticos del séptimo arte. Películas como Antes y después, El dulce porvenir o En la habitación exploran el dolor que deja la a su paso la pérdida y el asesinato. Peter Jackson aprovecha este motivo dramático para regresar a territorios más intimistas (después de la trilogía de El señor de los anillos y King Kong). Basada en la novela Desde mi cielo y protagonizada por Mark Wahlberg y Rachel Weisz, The Lovely Bones está narrada por una niña de 14 años que, tras ser violada y asesinada, es testigo desde el cielo de cómo cambia la vida de su familia y amigos.
Violencia (Celda 211). Otra pieza fundamental del planeta cine. ¿Qué seria del séptimo arte sin las carnicerías de Samuel Fuller (Uno rojo, división de choque), Sergio Leone (Hasta que llegó su hora) o Sam Peckimpah (Grupo salvaje)? ¿Sería el cine igual sin la ultraviolenta La naranja mecánica de Stanley Kubrick o sin los festivales de violencia plástica e irónica de Quentin Tarantino? La última gran película en sumarse al carro de la violencia como energía narrativa es Celda 211. Construida sobre una tensión asfixiante y con un estilo cercano al documental, el filme de Daniel Monzón está sacudido por una violencia que va más allá de lo físico. Es la violencia sofisticada de nuestros tiempos que nos escupe una paradójica realidad: un asesino puede tener un código ético y un guardián de la ley puede esconder a un asesino.