Es
el objeto de todas las miradas, el hombre del momento, nuestra estrella
más internacional, el primer ganador español de un Oscar al mejor actor… y no sólo eso, sino que Javier Bardem es además uno de los grandes actores/camaleones
de su generación. Esta semana estrena 'Biutiful', lo nuevo de Alejandro González Iñárritu; un intenso drama en el que interpreta Uxbal, un superviviente en el corazón de una Barcelona invisible. Un hombre que busca encontrar la paz, proteger a sus hijos y salvarse a sí mismo.
Para llegar donde ha llegado Bardem, no basta con el
atractivo y la suerte, sino que hay que poner en juego mucho talento y
dedicación. En su espectacular carrera fílmica, nuestro actor-bandera
ha demostrado unas grandes dotes para el transformismo actoral, regalándonos un sinfín de rostros sobre los que componer los más arriesgados y diversos personajes. No sería injusto llamar a Bardem el
actor de las mil caras, y no sólo eso, las transformaciones abarcan
todo el espectro expresivo: de la gestualidad a la entonación y acento
de la voz, del carácter al espíritu. Presentamos aquí un resumen de
algunas de las más curiosas y brillantes encarnaciones del actor
español más cotizado del momento. ¿Cuál es vuestro rostro favorito?
-Jamón, jamón (1992) y Huevos de oro (1993). Los inicios de la carrera de Javier Bardem le deben mucho a un realizador: Bigas Luna.
El catalán vio en Javier la encarnación perfecta de ese arquetipo
fogoso, castizo y algo rancio conocido como “el macho español”. Primero
como chorizo al lado de una sensual y carnal Penélope Cruz y luego como el chulo y arrogante Benito González, Bardem
proyectó sobre la pantalla la fuerza arrolladora de su potente físico,
así como la intensidad nuclear de su actitud intensa hasta la
agresividad. Un arranque de carrera brillante que ya apuntaba hacia un
horizonte cuyo límite parecía no existir.
-Días contados (1994). Imanol Uribe le dio la oportunidad al joven Bardem
de romper con su imagen de machito con aire de guaperas en una película
que le daría a Javier su primer gran éxito artístico, con el que se
llegó a alzar con el Goya al mejor actor de reparto. Su papel del colgado y taciturno Lisardo,
con las facciones quebradas detrás de una sonrisa estúpida y una mirada
rota, sirvió para descubrir al actor detrás del rostro, al hábil
camaleón, al intérprete genial.
-Perdita Durango (1997). Y llegó la gran sorpresa. Cuando ya creíamos haberlo visto todo del gran Javier, llegó Álex de la Iglesia para regalarle un papel inolvidable, el de Romeo Dolorosa,
brujo, rufián, feroz amante y violento bandolero. Todo esto tras unas
espectacular melena negra, una endurecidas facciones y un bigote a lo Cantinflas que más que risa daba pavor. En esta nueva demostración de versatilidad y transformismo, Bardem volvió a destapar su lado más salvaje, cuya cima la alcanzó en la convulsa escena de sexo con Rosie Perez y en las asombrosas sesiones de espiritismo, en las que Dolorosa/Bardem desplegaba un auténtico recital de convulsiones y espasmos.
-Antes de que anochezca (2000) y Los lunes al sol (2002). Tarde o temprano estaba claro que le iba a llegar la oportunidad a Bardem
de demostrar su faceta más sensible, sobria y emocional. Llegó de la
mano de dos directores amigos de los halagos críticos y los premios: Fernando León de Aranoa y Julian Schnabel. Así, tanto en el Reinaldo Arenas que interpretó en Antes de que anochezca como en el Santa
de Los lunes al sol, Javier fue capaz de dar voz y cuerpo a
personalidades que bajo una apariencia pintoresca (la rudeza de Santa y
el amaneramiento de Arenas) guardaban un profundo sentido de la
existencia, asociada a la resistencia y el compañerismo.
-Mar adentro (2004). Y finalmente, todo el mundo cayó rendido ante los pies de Bardem. Fue gracias al himno humanista compuesto por Alejandro Amenábar en la película que le valió el Oscar de Hollywood. La encarnación de Ramón Sampedro convenció a público y crítica de medio mundo, llevando al actor a hacerse con la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia.
Y todo ello utilizando únicamente la fuerza de la expresión facial,
dando vida a un hombre incapaz de mover su cuerpo que luchó hasta el
fin de sus días por una muerte digna. Un papel inolvidable.
-Los fantasmas de Goya (2006). Tropiezos los tiene todo el mundo, incluso un actor de la estatura de Bardem. Y es que no hay otra manera de calificar la interpretación del hermano Lorenzo que Bardem compuso ara la película de Milos Forman y que compartió junto a la bella Natalie Portman.
El intento de contención del actor se terminó convirtiendo en una pobre
parodia de lo que podría ser un cura sin principios de la España de la
Inquisición. Un bache lo tiene cualquiera.
-No es país para viejos (2007). Y llegamos al papel que le catapultó al olimpo de los dioses, cuando Javier Bardem saboreó las mieles del Oscar gracias a su interpretación del mafioso psicópata Anton Chigurh en la película de los hermanos Coen.
Pura maldad en su versión más abstracta. Un hombre aferrado a una senda
de violencia arbitraria y sin sentido. La más sublime creación del hombre de
las mil caras, el monstruo a través del cual este gran actor se
ha acercado a los enclaves más oscuros y siniestros de la mente humana.
La creación definitiva de un actor que confía tanto en su talento e
intuición como en el trabajo duro y el sacrificio. ¿Existe algún límite para Bardem? ¿Cuál es tu personaje favorito? ¿Crees que se superará con 'Biutiful'?