¿Qué sería de la vida sin las fiestas locas? Las necesitamos para distraernos, para evadirnos de la fatiga que provoca la rutina, para fortalecer nuestras amistades e intensificar nuestra vida social, y también, en ocasiones, para olvidarnos que somos gente civilizada. El cine no le ha dado la espalda a esta realidad y ha recurrido una y otra vez al escenario de las fiestas más salvajes. En ellas solemos encontrar desmesuradas dosis de alcohol y celebraciones de lo políticamente incorrecto. Hablamos de auténticos monumentos al desmadre. Para rendir cuentas con estas celebraciones, os presentamos, de la mano de la web Ugo.com, un ranking con las fiestas más salvajes del cine.
15- La última noche (2002). No seremos nosotros los que hagamos apología de la utilización de sustancias estupefacientes para uso recreativo. En esta fatídica radiografía del Nueva York post 11 de septiembre, encontramos a la joven Anna Paquin volando sobre una anestesiante y brumosa nube de éxtasis. La chica parece estar pasándoselo de lo lindo, agitando los brazos cuales hélices de avión, sin embargo, el encuentro con su ya madurito y apocado profesor, interpretado por Philip Seymour Hoffman, la devolverá a las miserias de la realidad.
14- Supersalidos (2007). ¡Ah, el poder de un carnet falso! Tan poderoso y peligroso como el anillo de Sauron, capaz de endiosar a los fuertes y corromper a los débiles. Cuando el bueno de Forgell se transforma en el enrollao McLovin (gracias a un improbable y ridículo carnet falso), se abre la caja de Pandora de las fiestas de instituto. Así, lo que empieza como un simple viaje a una licorería, terminará convertido en un imprevisible tour nocturno con la policía, incluida una parada en una fiesta de lo más salvaje, en la que McLovin pondrá en juego sus nuevas dotes de seducción.
13- Chicas malas (2004). ¿Alguien recuerda la época en la que Lindsay Lohan era la más prometedora de las jóvenes estrellas de Hollywood? Esta película es la demostración de que aquel tiempo existió. Uno de los momentos cumbre de este brillante filme, escrito por Tina Fey, acontece durante la fiesta de Halloween, a la que Cady (Lohan) acude inoportunamente disfrazada de novia cadáver. Después de algunos tragos de más, y cara a cara con el chico de sus amores, Cady lanza de un proyectil de vómito, al estilo Exorcista. Inolvidable.
12- Eyes Wide Shut (1999). Cambiamos de registro para sumergirnos en un mundo más lúgubre, siniestro y morbosos. Dejando atrás las fiestas para adolescentes, Tom Cruise, impulsado por un sentimiento de desasosiego y venganza (contra su mujer, interpretada por su ex, Nicole Kidman), decidirá acudir a una fiestecita que pronto se revelará como una suerte de festival orgiástico celebrado en el corazón de la adinerada burguesía. Y, claro está, llevar máscara es totalmente obligatorio.
11- Todo sobre mi desmadre (2010). El título de la película no podía dejarlo más claro. Así, cuando Aldous Snow (Russell Brand) y Aaron (Jonah Hill) cruzan su senda de desmadres con el no menos fiestero Diddy, nada menos que en Las Vegas, el resultado es totalmente imprevisible. Para colmo, Diddy está en posesión de la droga más intensa jamás fabricada, conocida como Jeffrey: una combinación de marihuana, opio, heroína, éxtasis, morfina, Clorox y “un poco de polvo de ángel”. Una combinación absolutamente letal.
10- El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001). Volvemos a cambiar de tercio y nos trasladamos hasta el habitualmente apacible poblado de los hobbits, una de las razas más civilizadas de la Tierra Media. Sin embargo, cuando se trata de beber cerveza y montar un festín, los hobbits también son capaces de desmadrarse. En la celebración del 111 aniversario de Bilbo Bolsón, la fiesta crece hasta proporciones impensables, estallando en un muy peligrosos festival de fuegos artificiales.
9- Aquellas juergas universitarias (2003). De nuevo en el mundo real, vemos como los yankis se lo saben montar de lo lindo. El grupo de protagonistas de esta película de Todd Phillips, que años después nos regalaría Resacón en Las Vegas, cumplen uno de los sueños de todo joven norteamericano: montar una fraternidad universitaria después de temrinar los estudios. Sin clases a las que asistir o exámenes para los que estudiar, ya sólo queda una cosa que hacer: sumergirse en un festival de fiestas non-stop. ¿Alguien da más?
8- Clueless: fuera de onda (1995). Una gran fiesta posee todos los ingredientes para convertirse en una puerta de entrada a la cultura pop de su época. Se trata de una estampa antropológica: sea en la corte de un rey, rodeado por un séquito de fiesteros súbditos, en un elegante salón de te británico o en el corazón de una fraternidad, donde la gente se reúne para beber tragos de tequila del ombligo de la animadora más sexy del campus. En este caso, Clueless, una notable sátira del pijerío de Beverly Hills, nos transporta hasta lo más hondo de los 90, una década ya convertida en clásico.
7- El padrino (1972). Estamos seguramente ante la boda más rimbombante de la historia del cine. No es para menos: se casa la hijísima del Don (inolvidable Marlon Brando). Y mientras la mayoría de invitados beben, bailan y se lo pasan de lo lindo, algunos elegidos reciben el mayor de los regalos, una audiencia con el Padrino, que si está de buen humor, y le caes en gracia, puede hacer realidad tus mayores deseos.
6- Celebración (1998). Mientras la mayoría de fiestas de esta lista nos ofrecen un paisaje de entretenimiento y frenesí, aquí nos encontramos con su reverso oscuro: la celebración a la que nadie querría asistir. ¿La razón? Es el sesenta aniversario del patriarca de la familia y sus hijos, ya mayorcitos, están dispuestos a vengarse por los abusos sexuales de antaño. Una patética, decadente y burguesa postal convertida en infierno familiar.
5- Starship troopers: Las brigadas del espacio (1997). Imaginad el siguiente panorama. Vivís en una sociedad militarizada y proto-fascista. El planeta Tierra vive bajo la amenaza permanente de razas de bichos del espacio exterior. Decididos a convertiros en héroes, apostáis por enrolaros en el ejército y dedicar el resto de vuestra vida a la exterminación de gusanos alienígenos. Entonces, lo menos que el gobierno puede hacer es montaros una mega-fiesta, ¿no os parece? ¿Os gusta el panorama? Pues echadle un vistazo a la magnífica Starship Troopers.
4- Iron Man 2 (2010). Si estás un poco alicaído, al borde de la depresión, y decides desfogarte a lo grande en tu fiesta de cumpleaños, lo más recomendable es no llevar puesto un traje que tiene el potencial de un tanque del ejército. Esa es la situación a la que se ve abocado un descentrado Tony Stark, que está a punto de hacer volar por los aires una de sus mansiones. Por suerte, el colega de Tony, Máquina de Guerra, está ahí para pararle los pies.
3- Dieciséis velas (1984). Lo mejor de las mega-fiestas del cine es que casi nunca tienes que preocuparte por ordenar el desaguisado en el que queda convertido el lugar de celebración. Pero hay excepciones. En este himno a la adolescencia firmado por el maestro John Hughes, el bueno de Jake Ryan (Michael Schoeffling) asiste desolado al lamentable estado en el que ha quedado su casa después de una fiesta supuestamente memorable. ¿Tiene algún sentido ser el rey de la fiesta cuando estás lejos de tu amor verdadero?
2- Desmadre a la americana (1978). El Faber College es una Universidad privada de EE.UU que presume de ser una institución respetable. De hecho, el clasismo es la norma en el seno, hasta el punto de que en sus actividades extraescolares, los alumnos se dividen claramente en dos partes: la Casa Omega, integrada por estudiantes serios y estirados, y la Casa Delta, que simbolizan todo lo contrario, el lado oscuro, fiestero y desmadrado. Está claro quienes son los protagonistas de la función.
1- Ya no puedo esperar (1998). En la mayoría de ejemplos de esta lista, nos encontramos con secuencias festivas que son los clímax de sus respectivos filmes. En este caso, estamos ante una fiesta que ocupa toda una película. De hecho, esta película podría describirse como el apogeo definitivo de la comedia festiva juvenil. Aglutinando todos los tópicos del subgénero (proclamaciones de amor, sexo en el baño, karaokes alcoholizados), Ya no puedo esperar consigue ordenarlos y ejecutarlos con tal maestría que la proclamamos la fiesta más salvaje del cine. Que no es poco.