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Artículos - abril 2011

# viernes, 29 de abril de 2011 12:12

El circo del cine

La película Agua para elefantes, que se estrena en España el próximo 6 de mayo, nos devuelve a uno de los escenarios clásicos del séptimo arte: el mundo del circo. En la adaptación del best seller de Sara Gruen, las pistas, caravanas y remolques del circo nos acercan a la historia de Jacob Jankowski (interpretado por Robert “Crepúsculo” Patinson), un estudiante de veterinaria, que conoce y se enamora de Marlena (Reese Witherspoon), una estrella de circo. Ambos se descubren en medio de la belleza del mundo de la carpa y se unen a través de su compasión por un elefante muy especial. Pasiones escondidas, amores en la cuerda floja, odios animales y malabarismos sentimentales... ingredientes básicos de unas películas que han deambulado por los más diversos e inesperados géneros cinematográficos. Como ejemplo, os presentamos, de la mano de la web Screen Junkies, algunos de los mejores ejemplos del circo del cine.

Una tarde en el circo (1939). Si ha existido un grupo de actores predestinados a realizar una película sobre el circo, esos fueron los hermanos Marx. Humoristas circenses por excelencia, amantes del humor físico y el absurdo total, los hermanos se embarcaron, en 1939, en una ficción que los situó a la cabeza de una campaña por salvar un viejo circo. En la película, su misión es evitar la bancarrota y, como era de esperar, los locos Marx terminan saliéndose con la suya. Aunque, también como cabía pronosticar, los hermanos ponen patas arriba el espectáculo. ¿La guinda del pastel? Harpo metido en un disfraz gigante de gorila, como no.

Clowns asesinos (1988). El título original de esta película es Killer Klowns From Outer Space (que se traduciría como Los payasos asesinos del espacio exterior). Eso lo dice todo, ¿no? En realidad, la película es una gamberrada delirante de serie Z, más risible que terrorífica, pero innegablemente hilarante. Imaginad: unos alienígenas con pinta de payasos malvados aterrizan en la Tierra dispuestos a utilizar los cuerpos humanos para sembrar sus capullos (que, por cierto, tienen pinta de algodón de azúcar).

La parada de los monstruos (1932). En su momento, la película de Tod Browning fue recibida con gran escándalo, debido a su crudeza y al uso de actores no profesionales, auténticos “monstruos de feria”. Con el tiempo, la película ha quedado como una obra maestra en la que se exploran los prejuicios y la lucha del ser humano por la dignidad personal. Aun así, la película no es ningún cuento de hadas. Puede que los “freaks” de la película sean muy humanos, pero lo son tanto que son capaces de lo peor cuando se trata de ejecutar una venganza.

El mayor espectáculo del mundo (1952). Para entender esta película debemos situarnos a principios de los años 50, cuando un Hollywood a punto de iniciar el declive de su periodo clásico todavía apostaba por las grandes producciones dirigidas por mentes megalómanas como las de Cecil B. DeMille. En este caso, la monumental película persiguió unas cotas de realismo sin igual. El reparto entrenó durante meses para realizar las acrobacias apuntadas en el guión y se contó con la colaboración de un sinfín de técnicos y artistas de circo. El esfuerzo tuvo su premio gracias al Oscar a la Mejor Película; por cierto, uno de los Oscars más controvertidos de la historia (para muchos, esta es una de las peores películas distinguidas con dicho galardón).

El carnaval de las tinieblas (1983). Basada en la historia de Ray Bradbury (Crónicas marcianas, Fahrenheit 451), El carnaval de las tinieblas nos cuenta la historia de Mr. Dark (El señor Oscuro), un propietario de circo con alma de villano que hace realidad los deseos infantiles de la gente a cambio de un inesperado precio a pagar. Un tétrico cuento moral muy del estilo del relato La pata del mono, de W. W. Jacobs, o también de Al diablo con el diablo, con la sensual Elizabeth Hurley como vengativa diablesa.

El hombre elefante (1980). Al parecer, los circos y otros espectáculos de feria del siglo XIX no eran cosa de niños. Como nos demuestra esta espeluznante y magistral película de David Lynch, dichos shows se convertían, en muchas ocasiones, en verdaderas paradas de la crueldad más inhumana. En este caso, se nos cuenta la historia de Joseph Merrick, un hombre cuya deformidad facial lo convierte en un “monstruo de feria ambulante”. Por suerte, el “hombre elefante” es rescatado por un cirujano que sabe ver en él algo más que un monstruo. Aun así, su alma difícilmente se recuperará del dolor provocado por años de humillaciones.

El circo (1928). Del mismo modo que los hermanos Marx, Chaplin parecía predestinado a dejarse enredar por las mieles del circo. Y como era de esperar, Charlot entró en el circo, lo puso todo patas arriba y, finalmente, encontró el amor de una dulce e inocente dama. Aunque claro, el meollo de la cuestión está en ver a Charlot sortear todos los obstáculos del circo (los salones de espejos, los grandes trapecios, las jaulas de los animales) mientras escapa desesperadamente del policía de turno. Esa es la ley del cine de Chaplin.

Dumbo (1941). En una de las películas más populares de la factoría Disney, un pequeño elefante llamado Dumbo recibe el acoso de sus compañeros por culpa de sus largas orejas, que le terminarán convirtiendo en un improbable elefante volador. Para algunos, se trata de la gran obra maestra de Disney: un emotivo retrato de la vulnerabilidad y la fortaleza relacionadas con la infancia. Para otros, es una de las películas más ñoñas y afectadas de ese gran manipulador de las emociones del espectador llamado Walt Disney. La última palabra es la vuestra.

# jueves, 28 de abril de 2011 20:18

El cine también se va de boda

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A no ser que, durante los últimos tiempos, hayáis estado de vacaciones en algún otro planeta, es muy probable que estéis al tanto de la inminente boda real entre el Príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton. Supuestamente, estamos ante la boda de todas la bodas, la cumbre definitiva del glamour y el oropel, un bombazo mediático de cotas insospechadas. Ante un evento de esta magnitud, toda precaución es insuficiente. Los detalles se estudian al detalle y no se deja lugar para los equívocos o errores. Sin embargo, las bodas suelen ser territorios abiertos a la espontaneidad y las anécdotas. Para intentar evitar cualquier percance, de la mano de la revista británica Empire, presentamos unos consejos muy cinéfilos para que la boda real del milenio se celebre sin imprevistos.

1) Encontrar al “organizador de bodas” perfecto. Si la novia o el novio tienen claro que quieren una boda a lo grande, con centenares de invitados y un festín de escándalo (como es el caso, a la fuerza, de Guillermo y Kate), la opción más recomendable es la contratación de un “organizador de bodas”. Una buena opción sería decantarse por un tipo como el Frank Eggelhoffer (Martin Short) de la versión de El padre de la novia que protagonizó, en 1991, Steve Martin. Puede que el hombre sea un poco escandaloso, pero al final ofrece buenos resultados... y eso no tiene precio. Sin embargo, recomendamos descartar a una organizadora como la Mary Fiore a la que dio vida Jennifer Lopez en Planes de boda. Puede que sea eficiente y sexy, pero también puede llevarse al novio.

2) ¡Cuidado con los suegros! Suele decirse que el amor lo puede todo, pero quizás el dicho debería matizarse con un pequeño corolario: “El amor lo puede todo (mientras los suegros de la pareja no se entrometan)”. Si algo nos ha enseñado el cine es que un suegro puede ser tanto una bendición como la peor de las pesadillas. Por ejemplo, si se os ocurre casaros con una miembro de la familia Corleone, de El padrino, podéis contar con que vuestros enemigos os dejarán en paz en cuanto se enteren de la noticia. Sin embargo, si os encontráis con una suegra del estilo de la que interpreta Jane Fonda en La madre del novio, entonces podéis decirle definitivamente adiós al “vivieron felices y comieron perdices”.

3) Asegurarse de que los novios lo tienen claro. Sí, nos referimos, claro está, a lo que los ingleses denominan como “cold feet” (pies fríos), que son las dudas de último momento que asaltan a los novios que no tienen del todo claro lo de unirse para siempre en santo (o civil) matrimonio con el supuesto amor de su vida. La historia del cine está llena de ejemplos. Por ejemplo, uno de los más dramáticos lo encontramos en la memorable El graduado, en la que el bueno de Dustin Hoffman se llevaba literalmente del altar a la bella y frágil Katharine Ross. Más cerca en el tiempo tenemos el caso del Charles al que da vida Hugh Grant en Cuatro bodas y un funeral, angustiado por las dudas y buscando cualquier excusa para escapar del compromiso.

4) Evitar casarse con un psicópata. Puede parecer un exceso de alarmismo, pero nunca está de más echar un segundo vistazo a la pareja con la que decidimos unirnos en matrimonio. Y es que el cine nos ha enseñado que un príncipe o princesa azul no son siempre lo que parecen. Tomemos el caso de Una novia sin igual, en la que Mike Myers pierde la cabeza por la Harriet a la que encarna la encantadora Nancy Travis, que es en realidad una auténtica Viuda Negra. Por su parte, si permutamos los sexos, tenemos un caso todavía más tétrico, como el que sufre Jennifer Lopez en la película Nunca más. Lo dicho, nunca está de más chequear el historial policial y psicológico del novio.

5) Elegir a unos correctos padrino y dama de honor. Cuando se trata de una ceremonia a lo grande, todos los ingredientes deben estar perfectamente compenetrados, ningún protagonista puede desajustar la representación. De entre los secundarios de lujo del evento, todos saben que el padrino y las damas de honor son las estrellas del espectáculo. Así que, si no queréis convertiros vosotros, los novios, en los secundarios del evento mejor olvidaros de aquellos amigos con tendencia a llamar la atención. Como advertencia, tenéis el caso, de nuevo, de Cuatro bodas y un funeral. ¿Quién podría querer a un padrino como Charles, aficionado a llegar tarde a cualquier encuentro y proclive a soltar tacos en los momentos más inoportunos?

6) Cuidados con los gorrones y colones. En nuestro país, la figura de los aficionados a colarse en bodas no está muy generalizada, sin embargo, en Estados Unidos ya son conocidos como los “crashers”. De hecho, la película De boda en boda (cuyo título original es Wedding Crashers), seguía a un par de estos “asalta-bodas”, interpretados por los carismáticos Vince Vaughn y Owen Wilson. ¿Quién quiere en su boda a un par de descerebrados con las hormonas más agitadas que dos adolescentes malcriados? Aunque, claro, siempre es mejor eso que sufrir una interrupción criminal, como la perpetrada por el Escuadrón de Asesinos de la Víbora Mortal en Kill Bill.

7) No equivocarse en el discurso. Tomemos por ejemplo a la Kim (Anne Hathaway) de La boda de Rachel. Aunque se trata de la hermana de la novia, cualquier “organizador de bodas” en su sano juicio hubiese recomendado mantenerla a distancia a la hora de los discursos. Y bueno, ¿recordáis el consejo anterior acerca de los padrinos? Pues si no lo seguís podéis acabar con un discurso como el de Dave Veltri (Steve Buscemi) en El chico ideal, que utiliza el estrado de la boda para ejecutar su venganza fraternal: “Te acuerdas aquella ven Puerto Rico cuando nos llevamos a aquellas dos... bueno, diría que eran prostitutas, pero no recuerdo haber pagado...” ¡Auch! Eso duele.

8) Encuentra una buena fuente de entretenimiento. Todos los invitados a una boda esperan con ansia el momento del desfase: el baile y la barra libre. La ceremonia se convierte en un trámite que superar para llegar al momento cumbre, para el cual hay que tener preparado un buen arsenal de entretenimiento. Si no se cuenta con un gran presupuesto, no hay otra salida que tirar de creatividad, en cuyo caso se puede acudir, por ejemplo, a la abuela rapera de El chico ideal, o también a George (Rupert Everett) el amigo de Julia Roberts en La boda de mi mejor amigo. Aunque para cantantes inspirados, nadie mejor que Will Ferrell. Su interpretación de “Por ti volare” todavía resuena en el corazón y las tripas (destripadas por las carcajadas) de los espectadores de Hermanos por pelotas.

# miércoles, 27 de abril de 2011 14:27

El cine visto a través de Lego

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Últimamente existe una corriente que utiliza a los archiconocidos muñecos para recrear escenas de famosas películas. Ya lo vimos en la recreación de carteles promocionales de las películas candidatas a los Oscar. Y ahora, de la mano de la web Unreality Magazine, nos encontramos con los famosos juguetes protagonizando escenas no ya de películas contemporáneas, sino de cintas de cualquier época. Como se preguntan en la propia web ¿realmente es necesario este 'movimiento'? Necesario no lo sabemos, pero lo cierto es que es gracioso.

Quizá es difícil de entender que haya gente que pasa horas y horas creando escenarios y personajes de este tipo, mientras podrían estar haciendo cosas más provechosas, pero bueno, cada uno pasa el tiempo como le parece conveniente. Al fin y al cabo, no deja de ser más que un hobby. Sabemos que hay una legión de seguidores de esto, así que no les vamos a decepcionar.

Estas son las mejores recreaciones con muñequitos de Lego que hemos encontrado por la red.

Cisne Negro

American Beauty

El Bueno, el Feo y el Malo

Crepúsculo

Harry Potter

Indiana Jones

La Naranja Mecánica

Origen

Regreso al Futuro

El Exorcista

 

¿Qué te parecen? ¿Crees que es una pérdida de tiempo o una gran idea, y divertida?

# miércoles, 27 de abril de 2011 12:09

Las hijas más hot de las estrellas de Hollywood

La mayor pesadilla de muchos padres consiste en descubrir que sus hijas se han convertido en el objeto de deseo de los hombres. Un escenario particularmente infernal para los actores de Hollywood cuyas hijas deciden seguir los pasos de papá. En este caso, la exuberancia de las hijas trasciende el territorio de lo íntimo para convertirse en algo público, vociferado desde el sensual esplendor de la gran pantalla. En fin, más allá de esta paranoia paterno-filial, cabe reconocer que, en cierto sentido, Hollywood es como una gran familia. No es extraño que los hijos de las estrellas aspiren a emular a sus progenitores y algunos de ellos consiguen incluso hacer sombra a la leyenda paterna. Además, para nuestro goce personal, algunas de estas hijas están de muy buen ver. Como muestra, os presentamos, de la mano de la web Joblo.com, un ranking con diez de las hijísimas más hot de Hollywood.

10. Dakota Johnson. Aquí tenemos a la hija de Melanie Griffith y Don Johnson, nieta de la mítica Tippy Hedren. Después de iniciarse como modelo (posando para marcas como MANGO), la chica ya ha hecho sus pinitos como actriz. La vimos el año pasado en La red social, en la que compartió una escena con Justin Timberlake y en Beastly ha compartido cartel con Vanessa Hudgens y Mary-Kate Olsen. Aunque su estreno fílmico lo vivió en Locos en Alabama, dirigida por su padrastro Antonio Banderas y en la que daba vida a la hija de su verdadera madre, Griffith. En el apartado de desgracias, cabe mencionar su paso por una clínica de rehabilitación en 2007 por problemas con las drogas y el alcohol.

9. Zoe Kravitz. La hijísima de Lenny Kravitz y Liza Bonet también ha compatibilizado su vida en las pasarelas, trabajando como modelo para Vera Wang, y en la gran pantalla. Su primera aparición fílmica ocurrió en el film Sin reservas, en 2007, donde compartió cartel con Catherine Zeta-Jones. Luego se la pudo ver en La extraña que hay en ti, junto a Jodie Foster. Hace poco, se la pudo ver en la picante cuarta temporada de la serie Californication y se espera que su carrera experimente un notable empujón gracias a su próxima aparición en X-Men: First Class. Además, la chica es la vocalista del grupo indie Elevator Fight.  

8. Bryce Dallas Howard. Muchas de las protagonistas de esta lista deben gran parte de su carrera a su apellido. Sin embargo, el caso de Bryce Dallas, hija del director y actor Ron Howard, debe observarse bajo otra luz, sobre todo si tenemos en cuenta el gran talento interpretativo que ha demostrado la joven actriz. Puede que no haya tenido la mejor de las suertes en la elección de sus papeles, en algunas películas olvidables como La joven del agua o Spider-man 3. Otras veces, la película sí ha acompañado, como en El bosque, donde interpretaba a una chica ciega, o en Más allá de la vida, a las órdenes de Clint Eastwood. En cualquier caso, Bryce consigue, casi siempre, brillar por encima del conjunto del filme. Su mirada, luminosa y expresiva como pocas, es uno de los mayores regalos del cine actual.

7. Lorraine Nicholson. La hija menor del gran Jack Nicholson parece decidida a hacerse un lugar en Hollywood, aunque para ello tenga que exhibir su cuerpazo en bikini durante la mayor parte de las películas que protagoniza, algo patente en su filme Soul Surfer. La chica sólo tiene veintiún años, pero los contactos de papá le han permitido aparecer en varias producciones de peso. Primero la vimos en Cuando menos te lo esperas, junto a Dianne Keaton y papá Jack; y más tarde en Princesa por sorpresa 2 y en la notable Click, al lado de Adam Sandler. La joven Lorraine ha afirmado que sus modelos a seguir son Brigitte Bardot y Kate Moss, un cóctel explosivo.

6. Kate Hudson. El talento de la hija de Goldie Hawn ha hecho correr ríos de tinta entre los cinéfilos de todo el mundo. Para algunos, la Hudson es una de las jóvenes estrellas con más talento de Hollywood. Los defensores se aferran al recuerdo de su fulgurante aparición en la memorable Casi famosos. Sin embargo, Kate también cuenta con un numeroso grupo de detractores, que piensan que la chica encarna la decadencia del sistema de estudios de la meca del cine. De hecho, se hace difícil defender bodrios tan sonados como Guerra de novias, Cómo perder a un chico en 10 días o Como locos, a por el oro. ¿Cómo os posicionáis vosotros: a favor o en contra de Kate Hudson?

5. Gwyneth Paltrow. Hija del productor y director Bruce Paltrow y de la actriz Blythe Danner, Gwyneth lleva ya tanto tiempo entre nosotros que, en realidad, no se merecería el calificativo de “hija de”. Desde que saltó al estrellato gracias a Seven y su noviazgo con Brad Pitt, la chica no ha dejado de trabajar y ganarse a pulso su estatus de estrella, aunque a muchos les parece que su presencia en pantalla se asemeja a la de un peso pluma. Después de una etapa refugiada en papeles secundarios, como por ejemplo en la saga de Iron Man, Gwyneth ha vuelto con fuerza de la mano de la música country en la película Country Strong.

4. Emma Roberts. En este caso, además de hijísima de Eric Roberts, Emma debe cargar con el calificativo de sobrinísima de Julia Roberts. Y la cosa no tiene visos de cambiar mientras la chica se empeñe en aparecer en películas como Valentine’s Day, justamente al lado de su tía Julia. En todo caso, aunque sus películas no han logrado una gran difusión en nuestro país, en USA, Emma está considerada una de las grandes promesas del joven Hollywood, sobre todo a partir del momento en que Wes Craven la eligió como protagonista de la nueva entrega de la saga de Scream. Además de su carrera como actriz, Emma ha hecho sus pinitos en el mundo de la moda (algo que parece obligado entre las hijísimas de la meca del cine) y en el mundo de la música, como cantante solista.

3. Dominik Garcia-Lorido. Está es realmente una apuesta de futuro, ya que a Dominik Garcia, la hija de Andy Garcia, no la hemos visto en prácticamente ninguna película. Sin embargo, su figura escultural, su mirada penetrante y sus labios carnosos nos permiten intuir la promesa de una gran carrera. Más todavía si la chica no le hace ascos a papeles arriesgados, como en el caso de la stripper de la notable City Island. Le seguiremos la pista.

2. Angelina Jolie. ¿Qué más se puede decir de Angelina? La hija de Jon Voight apareció en nuestras vidas como un torbellino de sensualidad, enfundada en el ajustado traje de Lara Croft. Muchos pronosticaron entonces que su reinado sería flor de un día, pero más de una década después, Angie sigue en lo más alto del panteón de Hollywood. Y no hay perspectivas de que puede abandonarlo.

1. Eva Amurri. En justicia, el número uno del ranking debería ser para Angelina, pero como nos gusta la provocación nos la jugamos por la hija de Susan Sarandon, cuya espectacular y super-erótica aparición en la última temporada de Californication, como la stripper más neumática y sexy del universo, nos dejó a todos con la boca abierta. Con un cuerpazo de diosa por bandera, Amurri nos tiene más que expectantes ante las cuatro películas que tiene pendiente de estreno para 2011. ¡Todos con Eva!

# sábado, 23 de abril de 2011 9:16

Las mansiones más flipantes del cine

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Para Charlie Chaplin, así como para la mayoría de artistas del cine mudo, la arquitectura era una pieza esencial de su método creativo. Con una simple casucha, equipada con una puerta y una ventana, Charlot podía crear el caos: se colaba por la puerta escapando de un policía, luego se escondía hasta que este aparecía y, finalmente, aparecía por la ventana con un sartén en la mano listo para propinarle un guantazo al despistado policía. Con el tiempo, el cine se ha ido sofisticando y, junto a tantas otras cosas, su perfil arquitectónico ha ido desarrollando gustos más refinados. Así, la gran pantalla se ha convertido en un lujoso escaparate para las mansiones más espectaculares del planeta. Aquí, de la mano de la web Unreality, queremos repasar algunas de las chozas más flipantes del séptimo arte: las más lujosas, las más míticas y también las más curiosas.

Orgullo y prejuicio. La serie de televisión Downtown Abbey, recientemente emitida por Antena 3, ha vuelto a poner de moda el cine británico más tradicional, aquel centrado en los tejemanejes de la burguesía y la aristocracia. Un cine de qualité, cargado de oropel y distinción, en el que los decorados pesan tanto o más que los actores. Para la adaptación fílmica de Orgullo y prejuicio, la romántica novela de Jean Austen, su director, Joe Wright, se encargó de encontrar una mansión que nos trasladara a la Inglaterra de finales del siglo XVIII, principios del XIX. Como podéis ver en la imagen, a la casa no le falta de nada. Aunque también es verdad que crecer en una choza de estas dimensiones puede ser un tanto aterrador.

Psicosis. Aunque si de lo que hablamos es de terror, nada mejor que meternos en la casa de Norman Bates, el psicópata más legendario del séptimo arte. Localizada en lo alto de un pequeño montículo, al lado del motel que regenta nuestro chiflado favorito, la casa esconde misterios escabrosos. El más memorable de todos ellos es la identidad y naturaleza de la madre de Norman, a la que los inquilinos del motel escuchan berrear continuamente, sometiendo a su (aparentemente) dócil y sumiso retoño. En el cine de terror, una casa realmente terrorífica es la mejor puerta de entrada para los miedos del espectador. Alfred Hitchcock lo sabía y lo aplicó a la perfección en la magistral Psicosis.

X-Men. Y ahora una buena dosis de cine de superhéroes, seguramente el filón más preciado del cine actual. Personajes como Iron Man o Batman nos han demostrado el valor de una buena mansión, que suele ser el escondite perfecto para los más avanzados laboratorios científicos; verdaderas cuevas en las que el hombre detrás del traje puede poner a punto su arsenal justiciero. En el caso de X-Men, la cosa es un pelín diferente. Aquí no hablamos de un cuartel, sino más bien de un refugio: la escuela del profesor Xavier. Un lugar en el que los jóvenes mutantes pueden vivir con tranquilidad y perfeccionar sus habilidades. Un lugar de paz que, sin embargo, en tiempos de crisis, puede reconvertirse en fortín contra las malas argucias de los humanos y del malvado Magneto.

El dormilón. Echemos la vista atrás e intentemos recordar aquellos tiempos en los que el cine no estaba dominado por la tecnología digital. En aquellos tiempos, ¿qué hacían los creadores cinematográficos para recrear un escenario futurista? Hoy en día, como bien nos enseñó George Lucas, hace falta poco más que una pantalla azul y una legión de técnicos de efectos. Sin embargo, en los viejos tiempos, había que tirar de ingenio y, en muchos casos, de arquitectura. Dispuesto a realizar su particular sátira futurista, titulada El dormilón, Woody Allen se propuso recrear un futuro aséptico y ultra-tecnificado. Y para ello encontró la mansión que tenéis en la imagen: un extraño observatorio de mármol y cristal que, a día de hoy (la película es de 1973), todavía parece transportado desde un futuro lejano.

Eduardo Manostijeras. Siempre en el límite entre la ciencia y el arte, la arquitectura ha servido a muchos creadores como escaparate de su particular visión del mundo. En el caso de Tim Burton, el diseño artístico de sus películas ha sido siempre una de sus principales bazas expresivas. A partir de bocetos dibujados por el propio Burton, sus películas se han encargado de mostrar al mundo su universo gótico, excéntrico, surgido de una mente infantil y cinéfila, fanática de las viejas películas de terror. En la imagen podéis apreciar el recargado diseño de la casa de Eduardo Manostijeras: su ornamentación en piedra, la sobreabundancia de pequeños torreones y, aunque en la imagen no se termina de apreciar, ahí dentro hay un jardín mágico, lleno de figuras imposibles, recortadas por las manos de Eduardo.

Los ángeles de Charlie: Al límite. Esta mansión bien podría ser la residencia de alguno de los superhéroes a los que hacíamos referencia anteriormente (Batman, Iron Man). Y es que todo héroe, sea sobrehumano o no, merece tener una choza en la que poder descansar plácidamente después de librar las más épicas batallas. En este caso, la mayor curiosidad recae en el hecho de que la mansión en cuestión está compartida por tres chicas bastante creciditas. Su os fijáis en la imagen, seguramente llegaréis a la conclusión de que esta es la mansión más flipante de la lista. Al deslumbrante diseño modernista, con forma de pirámide de piedra y cristal, debemos sumarle una fantástica piscina. ¿Os imagináis retozando en sus aguas acompañados de los encantadores Ángeles de Charlie?

Scarface: El precio del poder. Ahora toca dar una vuelta por el cine negro, otro territorio abonado a las mansiones lujosas. ¿Qué otra cosa puede hacerse cuando uno está montado en el dólar gracias a los negocios sucios? Construirse una gran mansión parece obligado. Es el lugar perfecto para organizar las fiestas más desfasadas, pero también un refugio para los momentos de paz y serenidad. Aunque hay que reconocer que la paz y la serenidad no existen en el diccionario de Tony Montana, el gángster más temperamental, por no decir desfasado, de la historia del séptimo arte. Siempre al borde del ataque de nervios, bañado en un océano de sustancias estupefacientes, Tony en una bomba de relojería a la espera del estallido final.

La familia Addams. Tercera y última incursión en el terror de raíz gótica. Primero fue la casa de Psicosis, luego la imaginación desbordante de Burton y para terminar la arquitectura casi paródica de la mansión de la familia Addams. De hecho, para capturar la auténtica excentricidad de esta casa sería idóneo lograr una imagen general del barrio en el que está situada. Vista de forma aislada, parece una casa gótica más en el contexto del cine de terror. Sin embargo, la cosa se desmadra cuando comprobamos que está rodeada por casas absolutamente convencionales. Y es que los Addams son justamente el azote de la América suburbial y residencial. Una anomalía encantadora y subversiva.

¿Conoces a Joe Black? Cuando pensamos en la ciudad de Nueva York, solemos imaginar pisos encantadores, pero de tamaño más bien reducido. De hecho, todo aquel que ha visitado Nueva York, sabe que la ciudad no va sobrada de espacio. Se aprovecha todo. Abundan los estudios, las cocinas americanas, los pisos diminutos a 3000 dólares el mes. Sin embargo, la gran ciudad también esconde espacios para el lujo. Situados en el interior de los grandes edificios del Upper East Side, bordeando Central Park, podemos encontrar auténticas maravillas arquitectónicas, como podemos comprobar en esta imagen de la sensiblona ¿Conoces a Joe Black? Un pequeño palacete con una encantadora piscina, seguramente escondida en lo más alto de algún edificio de corte modernista. No queráis saber lo que puede costar un “pisito” de esta categoría.

Este muerto está muy vivo. Y para terminar, una verdadera joya procedente del inolvidable cine de los 80. ¿Os acordáis de las míticas comedias juveniles y playeras de nuestra infancia? Muchas de ellas estaban protagonizadas por el bueno de John Cussack. Sus ingredientes básicos no permitían confusión alguna: fiestas, chicas en bikini, camisas hawaianas y mucho desenfreno adolescente. Una de las cumbres del género es la memorable Este muerto está muy vivo, en la que dos jóvenes agentes de seguros debían ocultar el fallecimiento del su jefe. Un delirio mayúsculo con escenario playero de fondo.

# miércoles, 20 de abril de 2011 10:56

Parece mentira, pero estos efectos no son digitales

No es que tengamos nada en contra de los efectos digitales, pero sí hemos llegado a un cierto punto de saturación. Cuando te sientas en una butaca de cine y tienes la impresión de que la película que estás viendo ha sido dirigida por un ordenador es que las cosas no van del todo bien. Y lo cierto es que esa impresión es cada día más habitual, sobre todo desde que George Lucas perpetró su nueva trilogía galáctica y convirtió a los efectos en los protagonistas de la función. Ante este panorama, queremos reivindicar los viejos efectos especiales, aquellos que obligaban a los técnicos a rebanarse los sesos para construir una fantasía visual. Se trataba de un trabajo artesanal, complejo, físico, exigente. Para ello, de la mano de la web Cracked, os presentamos ocho ejemplos de grandes efectos especiales que parecen hechos por ordenador pero que en realidad están fabricados a la vieja usanza, utilizando dobles, maquetas y un gran sentido del riesgo. ¡Allá vamos!

8. La gran persecución de EL CABALLERO OSCURO. Sí, hablamos de la persecución en la que perece el batmóvil, el mega-camión del Joker, un camión de basura, una furgoneta y varios coches de policía. En dicha persecución, que ocurre hacia la mitad de la película, hay dos momentos que sobresalen por su espectacularidad. El primero de ellos es el momento en el que el batmóvil se encasta literalmente contra un camión de basura que forma parte del convoy del Joker. Se trata de un descomunal choque frontal, que suponemos que no hubiese sido difícil reproducir digitalmente. Sin embargo, Christopher Nolan es un amante de la vieja escuela de los efectos y para esta ocasión decidió construir unas réplicas de los bólidos a escala 1:3, para conseguir así un mayor realismo en la colisión.

Más tarde, en la misma secuencia, tenemos otro momento apoteósico protagonizado por un camión de 18 ruedas que conduce el mismísimo Joker. En una lucha motorizada, el hombre murciélago acaba con el camión del Joker gracias a un gancho de propiedades titánicas, que hace volcar el camión de forma espectacular. Y la pregunta es: ¿Cómo se consigue hace volcar un camión de atrás hacia delante? Pues bien, el secreto está en un poderoso pistón de vapor, situado en el interior del camión, capaz de levantar del suelo a la grandiosa máquina. De acuerdo, pero una vez se cuenta con la tecnología necesaria para realizar la proeza, todavía queda por decidir dónde realizarla. Una opción sería rodarla a campo abierto y luego insertarla digitalmente en un Gotham digital. Sin embargo, en un nuevo gesto de valentía, Nolan decidió rodarla en pleno centro de Chicago. ¡Tres hurras por él!

7. La pared de fuego de INDEPENDENCE DAY. Con el tiempo, la patriótica película de Roland Emerich se ha convertido en objeto de múltiples burlas debido a lo risible de su argumento. Sin embargo, en el momento de su estreno, el público acudió en masa a la sala de cine para ver, sobre todo, la escena de la destrucción de Nueva York a manos de una descomunal bola de fuego, una imagen que había sido difundida ampliamente en el trailer del filme. Nadie duda de que hoy en día la bola de fuego hubiese sido fabricada digitalmente. De hecho, el propio Emerich cayó victima de la digitalitis en la posterior 2012, en la que la destrucción de Los Angeles parecía la intro de un videojuego. 

Pues bien, para la escena de Independence Day, las cosas fueron muy diferentes. Para crear el efecto de que el fuego absorbía la ciudad, primero se construyó una escala en miniatura del centro de Manhattan. Luego, la maqueta se volcó 90 grados de tal manera que quedó en posición vertical. De esta manera, el fuego, lanzado desde abajo, podía seguir su trayectoria natural (en vertical y hacia arriba) y devorar la ciudad, con la cámara situada en lo alto del montaje. Así eran los efectos especiales de antaño. Teníamos a un artesano de las maquetas construyendo el escenario durante semanas. Y luego la filmación de la escena resultaba un momento crucial, un realista momento de la verdad. 

6. Los mini-hobbits de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. Cuando Peter Jackson se planteó llevar a la gran pantalla la mítica saga literaria de J. R. R. Tolkien, probablemente no imaginó la cantidad de dolores de cabeza que le provocarían los hobbits. El objetivo estaba claro: hacer interactuar a personajes de “tamaño humano” con una raza de medianos. Y encima, hacerlo con actores de estatura “normal” (si entendemos por normal la estatura del menudo Elijah Wood). Pues bien, para hacer realidad esta fantasía, Jackson empleó un sinfín de técnicas. Por ejemplo, para algunas escenas utilizó a niños con películas para hacer de dobles de los hobbits y en contadas ocasiones debió acudir a los efectos digitales.

Sin embargo, la técnica más utilizada para juntar a humanos, elfos, enanos y hobbits en un mismo plano fue la de la “perspectiva forzada”. Dicha técnica consiste en situar a los actores/personajes a diferentes distancias respecto a la cámara, con lo cual, a través de la perspectiva, se consiguen distintos tamaños. Un buen ejemplo lo encontramos en la escena en la que Gandalf y Frodo comparten un delicioso paseo en el carromato del gran mago. En la realidad, el carro debió partirse en dos para situar a Frodo (Wood) a mayor distancia de la cámara. Un trabajo casi arquitectónico que obligó a los diseñadores artísticos y al equipo de efectos a trabajar codo con codo. Un trabajo arduo escondido tras la magia de una trilogía inolvidable. 

5. El cerebro del Terminator en TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL. Cuando rememoramos la segunda parte de la saga de Terminator, la mayoría de cinéfilos recordamos los revolucionarios efectos digitales que permitieron a James Cameron convertir al T-1000 en una masa informe de metal, capaz de adoptar cualquier forma humana. Sin embargo, la realidad es que, si nos olvidamos del T-1000, Terminator 2 era una película en la que abundaban los efectos especiales tradicionales, comandados por Stan Winston, uno de los grandes maestros de la vieja escuela de la prestidigitación fílmica.

Una buena demostración de este talante artesanal lo encontramos en una escena que fue descartada del montaje final del filme. La escena en cuestión nos mostraba cómo Sarah (Linda Hamilton) y John Connor (Edward Furlong) abrían el cerebro del Terminator al que daba vida Arnold Schwarzenegger para resetear su CPU y permitirle aprender con mayor facilidad. La escena estaba rodada con un único plano que iba de la imagen de los tres personajes situados delante de un espejo hasta la cabeza abierta del Terminator. ¿Pero cómo es esto posible? ¿Había de por medio algún corte de montaje oculto que permitía cambiar a Arnie por un muñeco con la cabeza abierta de par en par? Pues no, el secreto está en el espejo, que es en realidad una ventana. Pero entonces, ¿cómo puede haber dos Sarah Connors? El secreto está en la familia de Linda Hamilton, que tiene una hermana gemela llamada Leslie que tuvo varias apariciones en la película. 

4. Casi todos los efectos de DRÁCULA DE BRAN STOKER. Situémonos en el año 1992. Se acababa de estrenar Jurassic Park y Terminator 2 había abierto la veda de la marea digital. Por su parte, Francis Ford Coppola había decidido filmar la versión más gótica y surrealista del mito de Drácula. Para ello, el estudio puso a su disposición el más talentoso y avanzado equipo de técnicos especializados en efectos digitales. Pero en lugar de utilizar todo ese potencial, Coppola los despidió a todos y encargó a su hijo Roman, la dirección artística del filme. La premisa era clara: nada de efectos, todo debía ser artesanal. Obsesionado con insuflar realismo a la fantasía, Coppola llegó a extremos increíbles. En la escena en la que el personaje interpretado por Keanu Reeves toma el tren, lo que vemos por la ventana es la proyección de una proyección. Es decir, que primero si filmaron los ojos de la bestia. Luego, estos se proyectaron sobre la maqueta del paisaje. Esto se filmó y finalmente se proyectó sobre el fondo que vemos en la escena. ¡Vaya lío!

3. Las ensoñaciones de OLVÍDATE DE MI. En una lista dedicada a los efectos artesanales en el cine moderno no podía faltar la figura de Michel Gondry, probablemente el más original, atrevido y excéntrico de los creadores audiovisuales del último par de décadas. Con talento forjado en el teatro y el videoclip, Gondry construyó su obra maestra a partir de un guión de Charlie Kaufman en la magnífica Olvídate de mi, protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet. La película es un verdadero carrusel de efecto de la vieja escuela: juegos de perspectivas, de luz, de atrezzo. Unos efectos con los que tuvieron que lidiar, diríase sufrir, los actores. En una de las escenas, Carrey y Winslet debían aparecer de forma casi consecutiva en dos lugares diferentes con vestuarios diferentes. Cualquier otro director hubiese optado por introducir un corte de montaje, pero no Gondry, que pidió a los actores que utilizasen la vieja táctica de “correr y cambiarse de ropa a toda velocidad”.

2. La gravedad-cero de APOLLO 13. Hacer volar a un actor, o simplemente flotar, o lanzar patadas al estilo Matrix son unos de los trucos más viejos del manual del creador de efectos especiales. La herramienta más utilizada en este caso son los cables que deben sostener al actor y que hoy en día son eliminados utilizando tecnología digital. Así que cuando los creadores de Apollo 13 se plantearon filmar escenas sin gravedad, la solución parecía sencilla. Pero entonces apareció la NASA y lo complicó todo. Se ve que la agencia espacial norteamericana tenía ganas de promocionar el avión conocido como “The Vomit Comet” (algo así como El cometa vómito), famoso por crear el efecto de la gravedad-cero mediante unos movimientos parabólicos. 

Al final, la NASA convenció a los productores para que utilizasen la aeronave. El problema es que el periodo de tiempo que dura la ingravidez en dicho avión es de sólo 25 segundos, con lo cual fueron necesarias 600 subidas y bajadas para poder completar el rodaje de las escenas. Aunque a la postre hay que reconocer que el esfuerzo valió la pena. La sensación de ingravidez es increíblemente real, algo que se detecta de forma palpable en los rostros de los actores. Si tenéis la oportunidad de volver a ver la película, fijaos en las reacciones de Tom Hanks, Kevin Bacon y, sobre todo, Bill Paxton cuando están flotando en la nave. El flipe que llevan encima es incuestionablemente real. 

1. El Nueva York en 3D de 1997: RESCATE EN NUEVA YORK. ¿Cómo puede ser que una imagen filmada en 1981 pueda confundirse con un efecto realizado por ordenador? Pues lo cierto es que en aquella época ya existían la imágenes generadas por ordenador, pero tenían una pinta bastante rústica, como la imagen que veis a la izquierda, que es justamente la imagen que terminó consiguiendo John Carpenter, el director, para su película. El problema es que el presupuesto de la película no daba como para contratar a un equipo de efectos tan adelantado. Aun así, Carpenter necesitada dicha imagen (en movimiento) para dar veracidad al tono futurista del filme. Finalmente, alguien del equipo de efectos dio con la solución: durante unos días en los que la maqueta en miniatura de Manhattan no era necesaria para el rodaje, varios técnicos se dedicaron a empapelar el decorado con cintas de color verde fosforito, sobre la que se proyectó una luz que simulaba la oscuridad. ¡El resultado luce como un gráfico digital, pero la imagen es 100% real!

Ahora que John McClane, Rocky Balboa, John Rambo e incluso Indiana Jones han tenido su espectacular retorno a la gran pantalla, la pregunta parece obvia: ¿Cuál será el próximo héroe de acción de los ochenta que abandonará su retiro y volverá a repartir leña en una nueva película? Si la elección estuviera en vuestra mano, ¿a quién decidiríais resucitar? De la mano de la web Cinematical, os presentamos una lista de posibles candidatos que, por supuesto, podéis completar con vuestras bienvenidas sugerencias.  

Marion "Cobra" Cobretti (Cobra, 1986). La década de los 80 fue una verdadera montaña rusa para el bueno de Stallone. Después de inaugurar la saga de Rambo con Acorralado (1982), Sly se atrevió con la dirección y “parió” la infumable Staying Alive: La fiebre continúa (1983). La debacle continuó con Rhinestone (1984), donde fue el partenaire de Dolly Parton. La situación requería medidas desesperadas, y la respuesta fue más que contundente: Acorralado, II parte (1985), Rocky IV (1985) y para rematar el asunto llegaría Cobra, el policía más descerebradamente violento que se ha visto en una pantalla de cine. La película consiguió 50 millones de dólares en taquilla, una cifra nada despreciable para la época, y sirvió de plataforma para otra de las piezas clave en la filmografía del gran Sly: Yo, el halcón (1987).  

Harry Callahan (Harry, el sucio, 1971; Harry, el fuerte, 1973; Harry, el ejecutor, 1976; Impacto súbito, 1983; La lista negra, 1986). Aunque sabemos que se trata de un deseo irrealizable (el propio Eastwood así lo ha dejado claro) no podemos dejar de soñar con ver a Harry, el sucio, desenvainar su revolver una vez más. En el terreno de los sueños posibles, nos queda la esperanza de que Eastwood retome alguno de sus míticos personajes de western: el Predicador de El jinete pálido (1985) o el William 'Bill' Munny de Sin Perdón (1992). 

Snake Plissken (1997: Rescate en Nueva York, 1981; 2013: Rescate en L.A., 1996). He aquí uno de los tipos más duros entre los duros de los 80. Kurt Russell llevó hasta el paroxismo, al límite de la caricatura, la figura del héroe bad-ass. La secuela de los 90 dejó con un cierto mal sabor de boca a muchos fans, a los que no les importaría volver a ver a Plissken en acción. Russell, como bien demostró en la magnífica Deathproof, se mantiene en muy buen estado de forma.

Axel Foley (Superdetective en Hollywood, 1984; Superdetective en Hollywood 2, 1987; Superdetective en Hollywood 3, 1994). Hace años que por los medios y despachos de Hollywood circula el rumor sobre un nuevo episodio de la saga del Superdetective más risueño de la meca del cine. Sin embargo, las habladurías nunca se han visto recompensadas por la realidad. Y la verdad es que lo lamentamos. Nada le vendría mejor a la carrera de Murphy que dejar a un lado sus olvidables comedias y volver al cine de acción.

Martin Riggs (Arma letal, 1987; Arma letal 2, 1989; Arma letal 3, 1992; Arma letal 4, 1998). Aunque, de alguna manera, la reciente Al límite ha supuesto una suerte de revisión de la figura de Martin Riggs, lo que de verdad nos gustaría sería ver al bueno de Mel enfundarse la placa de policía loco y repartir estopa entre los villanos de turno, a poder ser acompañado por su inseparable Roger Murtaugh (Danny Glover). ¡Más madera!

"Mad" Max Rockatansky (Mad Max: Salvajes de la autopista, 1979; Mad Max 2, el guerrero de la carretera, 1981; Mad Max, más allá de la cúpula del trueno, 1985). Y todavía más Mel Gibson. Ahora que las películas situadas en un escenario post-apocalíptico se han puesto de moda (La carretera, El libro de Eli), quizás sería un buen momento para rescatar a uno de los tipos duros más desquiciados y nihilistas de la historia del cine, como no: Max Rockatansky.

John Matrix (Commando, 1985). Arnold Schwarzenegger no podía faltar en nuestra lista de candidatos a la resurrección. En nuestra particular elección, hemos decidido apostar por el John Matrix de Commando, quizás por la posibilidad de ver a Alyssa Milano retomando el papel de su desvalida hija. Aunque lo cierto es que también nos podríamos haber decantado por otras interesantes opciones: El Mark Kaminsky de Ejecutor (1986), el Ivan Darko de Danko: Calro rojo (1988), o incluso el Ben Richards de Perseguido (1987). Lamentablemente el sueño de ver a Arnie retomar su personaje de Depredador parece haberse difuminado con la nueva entrega que prepara Robert Rodriguez y que protagoniza Adrien Brody.

# lunes, 18 de abril de 2011 13:08

Cuando la fe tiembla

Como buen espejo de la naturaleza humana, el cine ha dedicado un buen número de películas a explorar los entresijos de la fe religiosa: la idea del milagro, la pasión de Cristo, los mandamientos, el papel de la iglesia… todos estos han sido temas recurrentes del séptimo arte. Sin embargo, al mismo tiempo que “la fe mueve montañas” no es menos cierto que la fe puede generar dudas. Sus enigmas son numerosos y su fuerza surge de un lugar tan frágil como la voluntad humana. Por ello, queremos dedicar nuestro post del día a revisar algunas películas que han profundizado, con más o menos solemnidad y seriedad, en las sombras de la duda religiosa. Siguiendo la magnífica pista del website Cinematical, os presentamos siete tentaciones para dudar de la religión:

 

1. La última tentación de Cristo (1988). Estamos aquí ante una de las películas que más controversia generó entre los religiosos fundamentalistas en la década de los 80, una sombra de escándalo que todavía planea sobre este magnífico filme de Martin Scorsese. Basada en la novela de Nikos Kazantzakis, la película muestra a un Jesús que duda acerca de su destino. Roger Ebert, uno de los críticos norteamericanos más reputados lo explicó con claridad: “Se muestra un Jesús de carne y hueso, que lucha, duda, se pregunta a si mismo y a su padre cuál es el camino a seguir. Y finalmente, en lo alto de la cruz, se gana el derecho a decir, ‘lo he conseguido’”.

 

2. Historia de una monja (1959). Podría considerarse esta película como una suerte de anti-Sonrisas y lágrimas. Aquí encontraréis una terrible y poderosa historia acerca de las convicciones religiosas de la hermana Luke (Audrey Hepburn), cuyo desencanto hacia el estamento religioso alcanza su cénit tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

 

3. Agnes de Dios (1985). ¿Una inmaculada concepción o alguien aprovechándose de una joven monja? ¿Están sus acciones prendadas de locura o de un poder divino? Lo cierto es que la película no responde de forma definitiva a tales cuestiones, pero en la duda, y en deleitarse con una beata Jane Fonda.

 

3. Sonrisas y lágrimas (1965). Es difícil sacar extraer algo de chicha teológica de este empalagoso filme, sin embargo, algo hay: ¿Admite María (Julie Andrews) que estaba equivocada y que la vida religiosa no es para ella? ¿Es amar al Capitán Von Trapp (Christopher Plummer) una traición a Dios? Entre canciones dulzonas y cursilería para aburrir, queda algo de sitio para la lucha de María entre el romance y la devoción religiosa.

 

5. El exorcista (1973). Pobre Padre Damien. No tiene suficiente con lidiar con sus propias dudas religiosas, sino que además una posesión infernal aterriza en su puerta. La lucha entre lo divino y lo demoníaco nunca se había planteado de un modo tan explícito y escatológico.

 

6. Quills (2000). Aunque el personaje central del filme es el Marqués de Sade (Geoffrey Rush), quién termina vehiculando el drama del filme es Abbé de Coulmier (Joaquin Phoenix), un hombre religioso que es tentado y atormentado por el Marqués y, sobre todo, por su amor hacia la bella Madeleine (Kate Winslet).

 

7. Dogma (1999). Entre tanta película solemne, se agradece la presencia de una comedia que enfrenta la religión desde una perspectiva satírica. Una escéptica Linda Fiorentino, un Dios al que le gusta el skeeball, unos ángeles rebeldes, Jay y Bob el silencioso, los trece apóstoles… en fin, ingredientes que, por sí solos, ya configuran una delirante búsqueda sagrada. Finalmente, la escéptica sobrellevará sus dudas (¿y quién no lo haría ante Allan Rickman?) y salvará la creación.

 

8. La duda (2008). Convertida en un delirante cruce entre la Señorita Rottenmeier y Cruella de Vil, Meryl Streep encarnó en esta película la versión fanática e intransigente de las dudas religiosas. Phillip Seymour Hoffman, por su parte, nos mostró la cara más culta y sensible de la crisis de la fe. Y para cerrar el triángulo, Amy Adams fue la encargada de mostrar el rostro más frágil de las sombras del cristianismo. Haya para todos los gustos, vosotros elegís.

# domingo, 17 de abril de 2011 23:30

Las mejores muertes de la saga de Scream

Con la cuarta entrega de la saga de Scream a punto de llegar a nuestras pantallas, no está de más echar la vista atrás y rememorar la avalancha de ingenio, inteligencia y horror que el maestro Wes Craven (responsable de la saga de Pesadilla en Elm Street) desplegó en las tres primeras partes de la franquicia. Para los más novatos, cabe recordar que, en el año 1996, una película llamada Scream revivió el malogrado género del slasher, esa variante del terror consistente en la aniquilación sistemática, cachonda y espectacular de un grupo de inadvertidos adolescentes. La película triunfó gracias a su desenfado, sus juegos cinéfilos y sus carismáticos personajes. Ahora, Craven, acompañado de Kevin Williamson, guionista de la primera y segunda parte, vuelve al ruedo en busca de más sangre. Como preparación para este gran acontecimiento, os presentamos, de la mano de la web Arrow in the Head, las mejores muertes de la saga de Scream. Ojo, a continuación se revelan detalles importantes de las tramas de las películas comentadas.

10. Parker Posey - SCREAM 3 (2000). Para muchos, la tercera parte de la saga implicó un importante bajón de calidad respecto a los anteriores filmes. Aun así, la película tiene sus momentos, como lo es la muerte de Parker Posey, probablemente el personaje más enervante de la serie. Encargada de dar vida a la actriz que interpreta a Gale Weathers (Courtney Cox) en la tercera parte de Stab (una ficción dentro de la ficción), Posey es aniquilada por el omnipresente y ubicuo Ghostface (el asesino de la máscara fantasmal) con la ayuda involuntaria del bueno de Dewey (David Arquette). Primero es el villano el que acuchilla a la pobre Posey en el estómago, mientras Dewey la remata al dispararle desde detrás de un falso espejo de sala de interrogatorio.


9. Jenny McCarthy - SCREAM 3 (2000). Aquí tenemos como protagonista a una de las actrices más sexys de la saga: Jenny McCarthy, que da vida a una de las secundarias de Stab 3. La gracia del asunto es que la McCarthy es asesinada dentro del set de rodaje de la película, más concretamente en la sala de vestuario. Allí es donde decide esconderse, justo entre un sinfín de disfraces de Ghostface. Como es de esperar, el asesino surge de entre el guardarropa e inicia una de las clásicas peleas made in Scream. McCarthy intenta cortar el brazo de Ghostface con un machete que resulta ser de plásico, para luego ser atravesada por la espalda con el inclemente puñal de nuestro villano favorito.


8. W. Earl Brown - SCREAM (1996). Tratándose de un slasher, ¿existe algo mejor que un certero y mortal cuchillazo en la garganta? Nos encontramos en el arranque del tercer acto de la primera película de la saga. Sidney (Neve Campbell) y Kenny (Earl Brown) filman los movimientos de Ghostface en el interior de la casa de Stu, donde hay montada una buena fiesta. El problema es que las imágenes que observan Sidney y Kenny están desfasadas medio minuto respecto a la realidad. Así, cuando Kenny sale de la caravana en la que están escondidos para echar un vistazo, le espera una cita con el arma preferida de Ghostface.

7. Liev Schreiber - SCREAM 3 (2000). A lo largo de la saga, Ghostface nos tiene acostumbrado a las cuchilladas certeras. Eso sí, después de persecuciones y peleas que parecen un himno a la torpeza. El ensañamiento no suele formar parte de su ritual, aunque aquí tenemos una de las excepciones que confirman la regla. El pobre Cotton Weary (Liev Schreiber), uno de los personajes clásicos de la saga, recibe una tunda terrible antes de morir atravesado por el puñal de Ghostface. La paliza incluye un mandoble con un palo de golf, un cuchillazo en el brazo y el derribo con una estantería de escritorio. Lo dicho, un verdadero ensañamiento.


6. Sarah Michelle Gellar - SCREAM 2 (1997). El mismo año en el que iniciaba su carrera al estrellato televisivo como la inolvidable Buffy, la cazavampiros, Sarah Michelle Gellar se entregaba como la enésima mártir de la saga Scream. Perseguida por Ghostface por el interior de su hermandad universitaria, Cici (Michelle Gellar) acomete el clásico error de los adolescentes del slasher: al encontrarse cara a cara con el asesino enmascarado, ¡escapan escaleras arriba! Sin salida, Cici es lanzada contra una puerta de cristal, luego apuñalada dos veces por la espalda y, finalmente, lanzada al vacío al encuentro de la muerte.


5. Omar Epps - SCREAM 2 (1997). Imposible seguir adelante con la lista sin hacer referencia a alguno de los arranques de estos filmes, en muchos sentidos, las joyas de la corona de la saga. En el arranque de la segunda parte, Omar Epps acude, al cine acompañado de Jada Pinkett Smith, para pasar una noche de terror con Stab, una película basada en los acontecimientos vistos en la primera Scream. En un momento dado, el bueno de Epps decide ir al baño. Al entrar en uno de los privados, escucha unos misteriosos ruidos. Empujado por la curiosidad, pega su oreja a la pared y entonces recibe un cuchillazo en plena oreja. Con el cráneo resquebrajado, Epps no puede hacer otra cosa que entregarse a una horrible y sangrienta agonía.

4. Mathew Lillard - SCREAM (1996). Esta muerte resulta una doble-excepción en la lista. En primer lugar, es una de las pocas que no es inflingida por un puñal. Luego, es la única no cometida por Ghostface. Se trata, en todo caso de un homicidio en defensa propia y es ejecutado por la mismísima Sidney, nuestra heroína. Qué otra cosa puede hacer cuando Stu se avalancha sobre ella con la intención de matarla y silenciar la verdad que se esconde tras Ghostface. Aunque, claro, lo de cargarse a Stu lanzándole un televisor sobre la cabeza puede parecer un poco excesivo. Eso sí, el espectáculo resulta muy vistoso: un festival de chispas eléctricas y espasmos agonizantes.

3. Jada Pinkett Smith - SCREAM 2 (1997). Regresamos al arranque de la segunda parte de la saga, justo después del empalamiento craneal de Omar Epps. Volvemos a su chica, que se encuentra en su butaca acompañada de un tipo disfrazado de Ghostface. Ella piensa que es Epps, pero claro... Lo más espeluznante de este asesinato es que se comete en público, ante más de un centenar de personas ensimismadas en una pantalla de cine. Pinkett Smith se arrastra por el cine pidiendo ayuda, pero nadie acude en su rescate. La película está en marcha y eso es lo único que importa. The show must go on. 


2. Rose McGowan - SCREAM (1996). Estamos, seguramente, ante el crimen con mayor inventiva del bueno de Ghostface. La víctima en cuestión es la exuberante Rose McGowan, hoy convertida en la musa de Robert Rodríguez. Todo empieza con una clásica persecución/combate entre la chica y el villano. En un primer momento, parece que la víctima lleva las de ganar. Noquea en un par de ocasiones el malo y luego escapa por el garaje. Pero entonces encuentra la puerta mecánica cerrada e intenta escapar por la puertecilla para el perro. Como es de esperar, la chica queda atascada en la mini-salida y entonces Ghostface sólo tiene que darle al interruptor y activar la puerta y dejar que la cabeza de la chica quede aplastada por la juntura que forma puerta y pared. Pura poesía macabra.

1. Drew Barrymore - SCREAM (1996). Pasarán los años, las décadas, y el arranque de la primera Scream seguirá aferrado en el panteón de los grandes momentos del cine de terror. Para los que acudimos al cine a ver esta película, el recuerdo es simplemente imborrable. Ghostface era un personaje novedoso. Su figura todavía no se había convertido en un anti-héroe pop, objeto de adoración y burla a partes iguales. Ghostface era simplemente un villano retorcido y despiadado, capaz de atormentar a una jovencita ingenua e inocente encarnada por Drew Barrymore. Primero mediante una perturbadora llamada telefónica, luego convirtiéndola en testigo del asesinato de su novio y finalmente acuchillada a pocos metros de sus padres. El horror.


# jueves, 14 de abril de 2011 9:51

¿Qué es lo que más molesta al público de las películas?

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El cine es cine, pero a veces las cosas más cotidianas parecen imposibles en el cine. Y eso el público lo nota. Hace unas semanas los lectores de Reddit.com iniciaron un foro en el que comentaban cuáles son las cosas que más les molesta ver en el cine. Entre las más comentadas destaca el hecho de que siempre parece que todo el mundo está leyendo el mismo periódico o que hay objetos que cambian misteriosamente de lugar.

Pero la que realmente más molesta a los espectadores no es otra que la que seguro que todos hemos comentado alguna vez: que nadie se despide cuando termina una conversación telefónica. Sabemos que decir adiós es siempre la parte más difícil, pero no resulta creíble. Y para probarlo, en Salon.com han hecho un vídeo recopilatorio que demuestra este hecho.

¿Qué os parece? Otro día hablaremos de otra costumbre muy peliculera: gritar 'Get out of there!' (¡Sal de ahí!) justo antes de una gran explosión.

Cada vez que muere una actriz como Liz Taylor se oyen voces ditirámbicas afirmando que era "la última" estrella de la época dorada de Hollywood. Exageraciones quizás, pero la verdad es que son pocos -Kirk Douglas, Olivia de Havilland, Lauren Bacall...- los miembros del "star system" clásico aún vivos.

El cine tuvo rutilantes mitos -Gloria Sawnson, Charlot, Valentino-, pero logró su plenitud industrial entre finales de los años 30 y mediados de los 50 con el sistema de los estudios a pleno ritmo, antes de que la ley antimonopolio acabase con aquella fábrica de sueños y la televisión se convirtiera en el juguete favorito.

"Decir que con la muerte de Taylor se cierra una época no es exagerado porque fue un tipo de estrella siempre expuesta, desde niña, por sus amoríos, sus adicciones...", asegura el catedrático emérito de la UAB y experto en mitos e iconos Román Gubern.

El catedrático no resta, sin embargo, valor a otras ilustres "supervivientes" como Olivia de Havilland (1916), la "Melania" de "Lo que el viento se llevó", y su hermana Joan Fontaine (1917), protagonista de "Rebeca".

Con sus poco más de cien años, el cine es un arte joven y ahora ve desaparecer a los miembros más jóvenes de aquel parnaso clásico.

Los primeros en "irse" fueron los veteranos: Humphrey Bogart (1899-1957), Clark Gable (1901-60), Gary Cooper (1901-61), Joan Crawford (1905-77), John Wayne (1907-79), Greta Garbo (1905-90), James Stewart (1908-97), Cary Grant (1904-86), Bette Davis (1908-89) o Katherine Hepburn (1907-03).

De la generación posterior -con el inevitable riesgo de estas listas nunca del todo exhaustivas-, quedan las citadas Havilland y Fontaine o Kirk Douglas (1916), que en los últimos Oscar demostró que le queda algo de la energía de "Espartaco".

Hace años que crían malvas mitos nacidos entonces: Rita Hayworth (1918-87), Ingrid Bergman (1915-82), Orson Welles (1915-84), Burt Lancaster (1913-94) o Robert Mitchum (1917-97), y más recientemente la indómita pareja de "Duelo al sol" Gregory Peck (1916-2003) y Jennifer Jones (1919-2009).

El goteo de "fundidos en negro" fue inflexible con un grupo que por edad podría formar una entrañable cuadrilla de viejecitos. ¿Cómo sería Marilyn Monroe (1926-1962) con 85 años? Mejor no pensar, dice Pere Vall, redactor jefe de Fotogramas, revista decana del sector.

"Nunca lo sabremos. Marilyn o James Dean nos dejaron su brillo, no su decadencia, aunque podamos especular con que sus estrellas se habrían apagado, como la de todos", asegura Vall, que entiende que se están yendo los últimos de la nómina de un sistema de estudios "donde más que a ser actor se les ensañaba a ser una estrella".

Lauren Bacall (1924), debutante con 20 años en "Tener y no tener", es una de esas estrellas de los veinte -junto a la risueña Doris Day (1924) o el eterno niño Mickey Rooney (1920)-, a la que todavía se le pueden hacer homenajes en vida.

Algunos casi ni cobraron la pensión: Monty Clift (1920-66), Judy Garland (1922-69), Grace Kelly (1929-82), Rock Hudson (1925-85), Ava Gardner (1922-90); otros fueron un poco más longevos: Jack Lemmon (1925-2001), Marlon Brando (1924-04), Tony Curtis (1925-2005), Deborah Kerr (1921-2007) o Paul Newman (1925-2008).

Gubern apunta que, en general, aquellos actores llevaron una vida pública agitada, lo que explicaría que no alcanzasen una edad más provecta, sólo lograda por quienes se apartaron a tiempo de las pantallas o alcanzaron cierta tranquilidad doméstica.

Los que vieron la luz en los treinta no tuvieron tanto peso en la época dorada de Hollywood. Además de Taylor, otros que vivieron los estertores del sistema de estudios fueron Kim Novak (1933) o Shirley McLaine (1934), o un James Dean que se esforzó en dejar un bonito cadáver (1931-1955).

Europa aporta nombres a esta lista de estrellas que aún brillan: Sofía Loren (1934) y Gina Lollobrigida (1927).

"El cine es una profesión dura, la cámara te come y hay pocos que hayan hecho cine hasta el final", remarca Pere Vall, que no se olvida de veteranísimos secundarios como los "malos" Ernest Borgnine (1917) o Eli Wallach (1915) aún en activo, "al pie del cañón, como en los cincuenta".

Gubern afirma que, evidentemente, hoy hay "famosos de cine", de hecho más populares para la mayoría del público, pero que difícilmente tendrán el brillo intangible que desprendían los astros de aquella época que tuvo su paradigma en la MGM, el gigantesco estudio que tuvo como eslogan: "Más estrellas que en el cielo".

Terra Cine - EFE - Sergio Andreu

# lunes, 11 de abril de 2011 10:23

Los billonarios más excéntricos del cine

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Una teoría: el dinero vuelve loco al personal. Sin ir más lejos, sólo hace falta echar un vistazo a los multimillonarios del cine para comprobar que la abundancia puede trastocar la psique humana. Uno de esos billonarios es Arthur, a quien diera vida, en 1981, Dudley Moore, en la memorable Arthur, el soltero de oro. Ahora, el británico Russell Brand (Paso de ti, Todo sobre mi desmadre) es el encargado de hacer revivir en la gran pantalla a este billonario aficionado a los baños de espuma y los romances turbulentos. Según la campaña de promoción del filme, Arthur es “el único billonario encantador del planeta”. En realidad, más que encantador, a nosotros Arthur nos parece simplemente excéntrico, uno más de los extravagantes multimillonarios del cine. Una fauna salvaje a la que homenajeamos con esta lista de diez bichos raros sin problemas para llegar a fin de mes. ¿Cuál es vuestro favorito?

Akeem Joffer (Eddie Murphy) en El príncipe de Zamunda (1988). Akeem es el heredero de la adinerada familia real de Zamunda, un país inventado; con lo cual, el tipo tiene todo aquello que pueda desearse: sirvientes, lujos, mujeres... Sin embargo, Akeem está cansado de las mujeres de su país y decide que Estados Unidos puede ser un buen país para encontrar a la chica de sus sueños. El problema es que el bueno de Akeem decide buscar esposa en Queens (“reinas”, en inglés), uno de los barrios más marginales de Nueva York, pensándose que es el lugar en el que residen las reinas de la ciudad. Está claro que para ser billonario no se necesitar ser un lumbreras.

Willy Wonka (Johnny Depp) en Charlie y la fábrica de chocolate (2005). Willy Wonka podría capitanear la lista de los personajes más excéntricos de la historia del cine. El tipo se hizo millonario gracias a sus innovadoras, atractivas y suculentas tabletas de chocolate; vamos, que es el Steve Jobs de la diabetes. Willy viste chaquetas de color púrpura y su tez pálida parece la de un cadáver. Su incapacidad para la comunicación bordea el autismo y sus gestos lo sitúan en el límite de la monstruosidad. Además, Willy posee un templo, su fábrica, que parece todo un himno a la excentricidad, con sus ríos de chocolate, sus dulces valles, sus futuristas salas de investigación y un ascensor transparente capaz de romper el techo del edificio y echar a volar. Una locura.

Longfellow Deeds (Adam Sandler) en Mr. Deeds (2002). Longfellow Deeds, el pizzero más campechano y bonachón de Estados Unidos, hereda la enorme fortuna de su tío, un magnate de la comunicación, cuando este cae muerto en la cina del Everest. Con 40 billones de dólares bajo el brazo, Deeds se abona al estilo de vida Sandler, el niño grande: holgazanear a cascoporro, usar pijama todo el día y comer cereales de chocolate a todas horas. En un momento de lucidez, Deeds decide regalar un espectacular Corvette a todos los habitantes de su pueblo natal, en la América profunda. Lamentablemente, la mayoría muere en espectaculares accidentes de tráfico. Pero la intención es lo que cuenta, ¿no?

Dr. Maligno (Mike Myers) la saga de Austin Powers. Después de seis años en la escuela para villanos, el Dr. Maligno ya está listo para la dominación mundial, cuestión que, al parecer, resulta bastante lucrativa. Entre sus planes, Maligno contempla la construcción de una nave espacial con forma de falo y el adiestramiento de unos tiburones equipados con armas láser. Aunque la joya de la corona de sus proyectos es la auto-clonación. Es gracias a esta empresa genética que surge el personaje de Mini-Yo, uno de los más carismáticos (mudos y menudos) de la comedia americana de los 90.

Richie Rich (Macaulay Culkin) en Niño rico (1994). He aquí un chavalín multimillonario de sólo 12 años con la cara de Macaulay Culkin y que se viste cada día como si fuera Cary Grant. ¿Hace falta añadir más para dejar claro que estamos ante un bicho raro? Bueno, entre otras cosas, el chaval tiene instalado un McDonald’s en su mansión. Un detalle menor.  

Bruce Wayne en la saga de Batman. Posiblemente, el hombre de negocios más atormentado, excéntrico y temible del universo fílmico. Sus padres murieron cuando él era sólo un chaval, dejándole como herencia una gran fortuna y un interminable mar de lágrimas. Arrastrado por sus traumas, el hombre tiene la manía de disfrazarse de murciélago y recorrer las calles de Gotham acabando con villanos que le hacen la competencia por ser el tipo más rarito de la ciudad. Entre sus excéntricas adquisiciones, podemos encontrar su emblemático batmóvil, o también un traje de murciélago con pezones, que utilizó breve y catastróficamente en una de sus aventuras de los años 90.

Howard Hughes (Leonardo DiCaprio) en El aviador (2004). Hughes fue uno de los grandes magnates de la industria del cine clásico. En una época en la que la televisión era sólo un proyecto de caja tonta, Hughes supo capturar la atención del gran público y así hacerse billonario. El gran problema del legendario productor fueron sus tendencias maníacas. Unos desórdenes mentales que lo terminaron convirtiendo en un ermitaño paranoico y psicótico, obsesionado con la higiene personal. A este explosivo cóctel psicológico, debemos sumarle su obsesión con la aviación, que lo llevó a embarcarse en una carrera absurda por construir la maquina de guerra voladora más mastodóntica de todos los tiempos.

Daddy Warbucks (Albert Finney) en Annie (1982). Daddy Warbucks se suma a la lista de personajes de los que desconocemos el origen de su riqueza. En este caso, debemos suponer que Warbucks es un industrial, ¿pero de qué? En fin, que el tipo no va corto de excentricidades. Además de un séquito formado por tipos con nombres de serpiente o de regiones de la India, Daddy adopta como amiga a una huérfana de 11 años que parece equipada con una peluca de Ronald McDonald. En fin, todos tenemos nuestras debilidades.

Gomez Addams (Raul Julia) en La familia Addams (1991). Sin duda, nuestro personaje favorito de la lista. Más que un hombre rico, elegante, refinado y algo truculento, Gomez es, ante todo, un hombre enamorado de su adorada Morticia (Anjelica Houston). También un hombre de familia, el patriarca de una tropa de descerebrados obsesionados con la muerte. Entre sus posesiones, además de una siniestra casa del terror, encontramos a “Cosa”, una mano sin cuerpo que sirve como mascota de la familia. ¿Se puede pedir más?

Charles Foster Kane (Orson Welles) en Ciudadano Kane (1941). De niño, Charles fue adoptado por una familia rica, lo cual es una ayuda a tener en cuenta. Sin embargo, el chico supo aprovechar sus oportunidades y terminó convertido en un gran magnate de la prensa amarilla. Entre sus caprichos, hallamos su obsesión por convertir a su esposa en una afamada cantante de ópera. Aunque sus delirios de grandeza alcanzan su límite máximo en la construcción de Xanadú, su isla/estado/mansión, un templo en el que encerrarse a mirar el mundo desde la distancia.

Tras la dimisión de Álex de la Iglesia, la institución que gobierna nuestra industria cinematográfica ha elegido a su sustituto. Se trata de Enrique González Macho, un hombre más desconocido para el gran público que su contrincante en estas elecciones, el director catalán Bigas Lunas, y por supuesto que su antecesor en el cargo.

Para intentar arrojar un poco de luz sobre su persona, os diremos que González Macho es un productor, distribuidor y exhibidor santanderino de 64 años, propietario de la productora Altafilms y de la cadena de cines Renoir. Ha sido jefe de producción de numerosas películas como El corazón del bosque y Las truchas, entre otras. Macho debutó en la distribución con la compra de la empresa Altafilms, con la que comienza a exhibir cine en versión original. Con el deseo de lanzar nuevos directores regresa a la producción y respalda Éxtasis, Flores de otro mundo o Rencor, entre otros títulos. Además, Macho ha sido Premio Nacional de Cinematografía en 1998, y es Caballero de las Artes y las Letras de Francia en reconocimiento a su apoyo a la cinematografía europea.

Su elección ha alegrado a grupos de actores y productores. Así, la Unión de Actores ha calificado al recién electo presidente de "trabajador y dialogante" y varios productores destacan su capacidad de conducir a la cinematografía española hacia el cambio al nuevo modelo de negocio.

Tras concretar que su primera misión al frente de la Academia será "conocer en profundidad" los entresijos de la institución, González Macho insiste en que, si bien Internet dará lugar "sin duda" a un amplio debate, "desde luego no será 'el' debate", ya que en su opinión es un asunto que aún forma parte del futuro. No obstante, recuerda que él es el propietario de Filmin, una de las primeras páginas de pago estatales donde se pueden descargar películas: "Mira si creemos en Internet -dice-, que somos los únicos locos que lo hacemos, y con unos resultados más que negativos. Sé de lo que hablo", precisa.

Respecto a la Ley Sinde, una de las causas por las que el anterior presidente De la Iglesia dimitió de su cargo, reconoce que no tiene elementos para enjuiciarla, que aún "son cuatro artículos sin desarrollar", aunque apoya la normalización del acceso del internauta a los productos de la red y del creador a cobrar por lo suyo.

Aunque nunca llueve a gusto de todos, el presidente de la FAPAE (la asociación de los productores) Pedro Pérez, le ha definido como "un hombre avanzado, de los que han lanzado el primer portal legal por internet, y que está en la línea de la transformación que tenemos que emprender en 2011". Para el productor Gerardo Herrero, "es un alivio que no le guste el twitter. Hace que la gente suelte lo primero que se le pasa por la cabeza sin ningún tipo de reflexión". La actriz Pilar Bardem expresó su "contento, con todo el cariño" a Bigas Luna. "Tiene las ideas muy claras sobre lo que necesita nuestro cine".

González Macho será el decimotercer presidente de este organismo, después de José María Fernández Sinde, Fernando Trueba, Antonio Giménez Rico, Fernando Rey, Gerardo Herrero, José Luis Borau, Aitana Sánchez-Gijón, Marisa Paredes, Mercedes Sampietro, Ángeles González-Sinde, Eduardo Campoy y Álex de la Iglesia.

Terra Cine - Europa Press

# viernes, 08 de abril de 2011 10:00

Los accidentes de coche más mortales del cine

A lo largo de toda su historia, el cine ha mantenido un idilio apasionado y perturbador con la muerte. Crímenes escabrosos, asesinos carismáticos, cine de catástrofes... el séptimo arte tiene en la muerte uno de sus mayores filones narrativos. De entre las entrañas de este amplio universo, hoy queremos analizar una forma particular de muerte cinematográfica, aquella que acontece en el seno de un accidente automovilístico. Y aquí encontramos otro de los pilares del cine: la velocidad. Cuatro ruedas y un destino fatal, eso es todo lo que necesita un director para construir una espectácular escena de acción que culmina con el choque mortal. Siguiendo la pista de este tipo de escenas en el cine moderno y el actual, os presentamos, de la mano de la web Unreality, una lista con los mejores accidentes mortales de la gran pantalla. ¿Cuál es vuestro favorito?

Death Proof (2007). En su homenaje al cine de serie B de los años 70, Quentin Tarantino decidió que su película más arriesgada debía contener el padre de todos los asesinatos automovilísticos. Kurt Russell es Stuntman Mike, un especialista de cine experto en escenificar escenas de acción al volante. Aunque claro, Mike es también un psicópata al que le pone arrollar a jovencitas con su bólido asesino. El accidente en cuestión es de una brutalidad descomunal, repetido además cuatro veces para la comprobación en detalle de la muerte (y desmembramiento) de las cuatro ocupantes del coche. Una sinfonía gore de velocidad y muerte.


Mad Max: Salvajes de la autopista (1979). He aquí otro choque frontal inolvidable. Mad Max Rockatansky (Mel Gibson) transita las carreteras australianas como el cowboy de un western apocalíptico. De entre los villanos de la película, aquel conocido como Toecutter es el que le pone las cosas más difíciles, así que cuando llega el momento de la venganza no parece haber otra salida que el choque, la muerte. Abalanzándose sobre su presa como si fuera un tiburón, el coche de Max parece que vaya a deborar a la moto de Toecutter. Sin embargo, será finalmente un camión gigantesco el encargado de ejecutar la venganza del protagonista.


Un trabajo en Italia (1969). La versión original de The Italian Job es recordada por los amantes de las cuatro ruedas por sus espectaculares persecuciones protagonizadas por los Minis más cool de la historia. Sin embargo, aquí queremos quedarnos con otro momento inolvidable del filme. Ese final en el que el destino de los protagonistas queda, literalmente, colgando sobre un precipicio. Cabe decir que no llegamos a ver si se produce o no el accidente en cuestión, pero la situación, con Michael Caine intentando recuperar el preciado y dorado botín mientras el camión se tambalea hacia el abismo, bien vale un puesto en la lista.

¿Conoces a Joe Black? (1998). Seguramente, esta es la escena más trágica, pero también la más ridícula, de toda la lista. Brad Pitt intenrpreta a un hombre en una cafetería que parece conectar con el personaje de la delicada Claire Forlani. Sin embargo, la posibilidad de un encuentro futuro queda dilapidada cuando Pitt es arrollado primero por un coche que aparece por la derecha de la imagen. Su cuerpo dibuja entonces una parábola mortal de la que sería muy difícil sobrevivir. Pero ahí no termina la cosa. Mientras el cuerpo está en el aire, un taxi amarillo aparece por la derecha y embiste a Pitt como si se tratara un bate de baseball conectando con una pelota perfectamente lanzada. Absolutamente delirante. Luego, Pitt reaparece encarnando a la muerte en persona. Nadie más podría haber planeado un accidente así.


Thelma y Louise (1991). Uno de los accidente más míticos y liberadores de la historia del séptimo arte. Thelma (Geena Davies) y Louise (Susan Sarandon) son dos mujeres que, cansadas de ser unos títeres en manos de sus maridos, deciden lanzarse a la carretera en busca de libertad. Sin embargo, los acontecimientos las convierten en dos fugitivas perseguidas por la ley. Cuando, al final del filme, el dúo debe decidir entre enfrentarse a la justicia (y al conjunto del sistema) o realizar su última proeza, un imposible un salto al vacío, las chicas se la juegan por la opción más trágica, pero también la más consecuente.

Destino final 2 (2003). Entre los fanáticos del cine sobre ruedas, esta escena se ha convertido en un referente moderno esencial de los accidentes de coche cinematográficos. La escena, organizada como una cadena imposible de infortunios, arranca con un camión cargado con troncos de árbol que empieza a soltar su peligrosa mercancía en medio de la autopista. Uno de los troncos entre frontalmente por la ventana de un agente de policía, cuyo cuerpo queda volatilizado por la embestida. Pero como decíamos, el polí es sólo la primera víctima de una cadena impresionante de choques y explosiones. Una sinfonía mortal perfectamente coreografiada.

Vanilla Sky (2001). En ocasiones, la sencillez puede ser más efectiva que el más ruidoso y rimbombante de los accidentes. En el remake americano de Abre los ojos, de Alejandro Amenábar, el personaje de Tom Cruise corre la misma suerte que su alter ego español, Eduardo Noriega. Cuando todo parece irle de perlas al personaje, que ha empezado a sentir algo por una bella y miesteriosa mujer (interpretada, en ambos filmes, por Penélope Cruz), otra fémina del pasado (Najwa Nimri en España, Cameron Diaz en USA) se encarga de poner las cosas en su sitio, lanzando el coche del protagonista por un puente. La sequedad, austeridad y realismo del accidente ponen la piel de gallina.


# miércoles, 06 de abril de 2011 0:59

Los traficantes más carismáticos del cine

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Como los ladrones, criminales, mafiosos y otros personajes clásicos del séptimo arte, los traficantes viven de forma permanente al margen de la ley, poniendo en jaque el sistema que nos protege como ciudadanos. Sin embargo, a pesar de ser tipos peligrosos, estos maestros del trapicheo suelen tener algo magnético, fascinante. Además, los traficantes de la gran pantalla toman las formas más diversas e inesperadas. Algunos son ultraviolentos, otros son expertos en estafar a sus clientes, muchos viven existencias dramáticas, aunque también los encontramos en las comedias más descerebradas, poniendo su granito de arena en el desaguisado general. Sea como sea, estamos ante una estirpe única, personajes que, en su mejor versión, son capaces de destilar un carisma sin parangón. Para homenajearles, os presentamos, de la mano de la web TheShiznit, un ranking con algunos de los traficantes más inolvidables de la gran pantalla. 

8. Reese Feldman (Vince Vaughn) en Starsky y Hutch. Cuando Ben Stiller y Owen Wilson tuvieron que elegir a un actor para encarnar al chistoso traficante de su adaptación fílmica de la mítica serie policíaca de los setenta, eligieron a uno de los tipos más delirantes de Hollywood: Vince Vaughn. Mostrando su cara más excéntrica y excesiva, Vaughn puso toda la carne en el asador en su interpretación de Reese Feldman, un traficante que se toma muy en serio la estética de los 70. El tipo está eufórico y no es para menos: acaba de inventar una droga imposible de rastrear por la policía. Lo único que no tiene en cuenta es el ingenio de Starsky y Hutch, que por el camino ponen patas arriba el Bar Mitzvah de su hija.  


7. Rupert (Clifton Collins Jr.)
en Las reglas del juego. Uno de los grandes riesgos de querer ser un traficante es terminar aniquilado por las propias sustancias con las que uno hace negocio. Ese es el problema al que se enfrenta el bueno de Rupert, un traficante experto en lidiar con los deseos e instintos básicos de los niños pijos de las fraternidades universitarias americanas. Uno de esos jovencitos está interpretado por James Van Der Beek (recordado por muchos como el Dawson de Dawson crece). Pues bien, en uno de los momentos límite de Las reglas del juego, Rupert, sumergido en un caótico cuelgue lisérgico, encañona con un revolver al pobre Van Der Beek, que ha tenido la brillante idea de intentar ponerse a vender marihuana en el campus.

6. Todd Gaines (Timothy Olyfant) en Viviendo sin límites. En este relato de historias entrecruzadas, un poco a la manera de Pulp Fiction, no podía faltar el traficante de categoría. En este caso, el personaje en cuestión responde al nombre de Todd y no pierde oportunidad de sacarse la camiseta y montar el numerito, si puede ser enfundado en un sombrero de Santa Claus, pues mejor que mejor. En realidad, Todd es un pordiosero con mucha ambición, pocos escrúpulos y un deseo sexual insaciable, un cóctel explosivo que a veces le da buenos resultado, como en el caso de Claire (interpretada por Katie Holmes, la señora de Tom Cruise) que termina sucumbiendo a los encantos de Todd en las escaleras de su casa.

5. Henry Hill (Ray Liotta) en Uno de los nuestros. Sin lugar a dudas, uno de nuestros personajes preferidos de esta lista. ¿Quién no ha soñado con comerse el mundo formando parte de la familia más poderosa de la mafia americana? Henry empieza desde abajo y poco a poco va escalando en la jerarquía familiar. Sin embargo, en algún punto de su ascenso, se cruzan las drogas, una mala compañía cuando uno ambiciona ser capaz de gestionar un cierto poder. No cabe decir que Henry termina perdiendo la cabeza, perdido entre sus obligaciones familiares y sus tareas como traficante y yanqui. Los federales no lo tendrán difícil para pillarle con las manos en la masa.

4. Jay (Jason Mewes) en Jay y Bob el Silencioso contratacan. Junto a Bob el Silencioso, Jay es el rey de las calles de Nueva Jersey, aunque en realidad su imperio se extiende a unas pocas manzanas. Aunque este relativo encierro geográfico no quita que Jay sea uno de los tipos más carismáticos y expansivos del cine de la última década. Ser un cliente suyo tiene sus inconvenientes y ventajas. Entre los “contras” está el tener que soportar su falta de profesionalidad y su tendencia a estar fumado hasta las cejas. Entre los “pros” está la posibilidad de que uno de sus tratos incluya una serenata en clave rap. Y es que el bueno de Jay tiene una vena artística oculta.  

3. Clarence (Christian Slater) en Amor a quemarropa. Como otros personajes de esta lista, el bueno de Clarence no termina convertido en traficante por decisión propia. No es el sueño de su vida, vamos. De hecho, su inmersión en el tráfico de drogas tiene que ver con su historia de amor con la dulce prostituta Alabama (a la que da vida una deliciosa Patricia Arquette). Dispuesta a liberarla de las garras de su chulo, Clarence termina con un muerto sobre sus espaldas y un maletín lleno de cocaína en su mano. Cabe advertir que el guión de esta película dirigida por Tony Scott fue escrito por Quentin Tarantino, dicho lo cual no debería sorprender a nadie que la película termine en un baño de sangre colosal: un inolvidable tiroteo múltiple.

2. George Jung (Johnny Depp) en Blow. George es la viva imagen del aspirante a traficante: un tipo cuya ambición parece no tener límite. Su trayecto a la cima del mundo se inicia en las calles del sur de California. Allí, consigue hacer sus primeros miles de dólares de la mano de un pez gordo del tráfico local. Denunciado por ¡su madre!, George da con los pies en el talego, pero allí conoce a un contacto colombiano que lo pone en contacto con las redes internacionales de distribución de droga. Poco tiempo después, George se ha convertido en el rey del mambo y el 85% de la cocaína que circula por USA pasa por su negocio. Además, para redondear el sueño, George se lleva a la cama a una deslumbrante Penélope Cruz.

1. Tony Montana (Al Pacino) en Scarface, el precio del poder. El número uno del ranking estaba reservado para el gallo más agresivo del corral. ¿Quién puede superar a Tony Montana? Al tipo le va el exceso, le gusta insultar y disparar. Además, su ambición no tiene parangón. Después de conocer la pobreza en los barrios marginales de Cuba, Montana escala hasta convertirse en el mandamás del tráfico en Florida. Allí, Tony se dedica a dar fiestas, bailar con Michelle Pfeiffer y blandir al viento sus revólveres y metralletas. Un hombre predestinado al triunfo y la muerte.

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