Algunos actores (como Tom Hanks, Benicio del Toro o Brad Pitt) consiguen, a lo largo de su carrera, abarcar un amplio registro interpretativo, evitando así caer en el encasillamiento, un pozo del que puede resultar bastante difícil salir. Pueden considerarse afortunados, ya que la tendencia más común en Hollywood es la de perfilar a un actor o actriz en un tipo de personaje y exprimir el filón. Como demuestra la actual moda de remakes y secuelas, la meca del cine se siente cómoda trabajando sobre terreno conocido. Como demostración, os presentamos, de la mano de la web PopCrunch, una lista de actores encasillados, condenados a interpretar una y otra vez el mismo personaje: la pesadilla de todo actor.
10. Jason Statham. Calvo, susurrante, de armas tomar y británico. Es difícil pensar en un personaje de Statham que no sea idéntico a los demás. Honestamente, no sabríamos decir dónde acaba Transporter y empieza Crack. ¿The Bank Job, Death Race, Los mercenarios? Parece claro que a los ejecutivos de Hollywood les gusta ver a Statham conduciendo bólidos espectaculares. Se comenta que no utiliza dobles, fue amigo de la infancia del brutote Vinnie Jones y llegó a hacer carrera deportiva en la disciplina de saltos de trampolín. Finalmente fue descubierto para el cine y se convirtió en el tipo al que acudir para toda película de acción en la que el protagonista sea un amante de la velocidad y de la lucha descamisada.
9. Vin Diesel. El caso de Diesel es curioso y paradigmático de las trampas que rodean el camino al éxito. El tipo empezó su carrera sorteando la sombra del encasillamiento. A pesar de su imponente físico, sus primeros papeles manifiestan un interés por el drama, como por ejemplo su (breve) participación en Salvar al Soldado Ryan. Sin embargo, en cuanto empezó a despuntar en productos de acción prefabricados para el gran público (como las sagas de XXX o Fast & Furious), Diesel no tuvo otra opción que resignarse ante la evidencia: lo suyo son las palizas, las frases lapidarias y las explosiones.
8. Zach Galifianakis. Junto al cine de acción, la comedia es la otra gran zona de peligro para los actores. Galifianakis es un buen ejemplo de cómo un pelotazo (su aparición en la notable Resacón en las Vegas) puede convertir a un intérprete en una caricatura de sí mismo. La cena de los idiotas (el remake americano), It’s Kind of a Funny Story, Salidos de cuentas, Resacón 2… Está claro, en cuanto Hollywood diseña una comedia donde es necesario un tipo excéntrico y algo pasado de peso, Galifianakis es el hombre a elegir. El rey de la incomodidad y la vergüenza ajena triunfa en la gran pantalla. ¿Cuánto durará su reinado?
7. Zooey Deschanel. Aunque la Deschanel no es la única representante de su estirpe (hay otras, como Ellen Paige, Kirsten Dunst o, a veces, Natalie Portman), sí es su mejor exponente: la chica rarita, un poco loca, aparentemente ingenua, siempre a la moda, soñadora, bellísima y seductora casi sin quererlo. Ella es el sueño platónico de su equivalente masculino: el chico rarito, guapito, un poco neurótico y romántico, claro. Ella es la utopía y la perdición: una tela de arena imposible de esquivar, magnética y total. Imposible no caer rendido a sus pies. Eso sí, después de verla interpretar el mismo papel en todas sus películas (Di que sí, (500) días juntos, Your Highness), ya empieza a cansar un poco.
6. Seth Rogen. Otro buen ejemplo de comediante atrapado en un único registro, en este caso, el fumeta simpático y regordete que vive acomodado en la irresponsabilidad y que termina liándose con chicas mucho más atractivas que él (un regalo del bueno de Judd Apatow para todos los feos del mundo). Incluso en The Green Hornet, donde Rogen aparecía con bastantes quilos de menos, el tipo seguía interpretando a un personaje ingenioso y simpático, sólo que menos regordete.
5. Danny Trejo. Con el cuerpo cubierto de tatuajes y cicatrices, el rostro rocoso y los ademanes de una bestia parda, Trejo parece nacido para interpretar al mexicano más duro del planeta. A todo esto, cabe apuntar que, antes de convertirse en actor, Trejo pasó un tiempo en prisión (la ficción tiene su punto de realidad). Una experiencia que debió servirle de ayuda a la hora de interpretar a tipos adeptos al mandoble y la acción más suicida, una tendencia que alcanzó su cima absoluta en esa joya mexploitation llamada Machete.
4. Hugh Grant. Uno de los casos más cansinos y desafortunados de encasillamiento. Cuando Grant irrumpió en escena con su papel de tipo neurótico, inseguro y seductor en Cuatro bodas y un funeral, los americanos lo designaron (incomprensiblemente) como el nuevo Cary Grant (será por el apellido). Desde entonces, le vimos en mil y una comedias románticas en las que se dedicaba a gesticular incansablemente, poner caras de afectación e incomodidad, y a ligarse a chicas americanas que caían rendidas ante su excéntrico encanto británico. Por suerte, la moda duró unos cuantos años y, entonces, como la mayoría de actores que juegan la carta del encasillamiento, Hugo desapareció.
3. Steve Buscemi. Uno de nuestros actores favoritos. Buscemi es el rey cuando se trata de encarnar a tipos trastornados; sea un psicópata homicida (Con Air); un minero dispuesto a ir al espacio exterior para salvar el planeta (Armaggedon); un tipo apocado al que nadie hace caso (El gran Lebowski); un ladrón paranoico y neurótico (Reservoir Dogs); o un asesino de poca monta que se ve superado por un plan criminal (Fargo). En realidad, analizando la lista, los personajes no se parecen tanto entre sí, aunque el físico de Buscemi (huesudo, con apariencia de lunático) hace que todos sus personajes posean un punto deliciosamente excéntrico.
2. Michelle Rodriguez. Un caso flagrante. No hay disimulo possible: Rodriguez interpreta siempre el mismo papel, el de mujer de armas tomar que debe hacerse un lugar en un universo violento dominado por machos. Y claro, ante tan dura competencia, la siempre sudorosa Michelle debe exudar mala leche y chulería a raudales. La chica se halla como pez en el agua entre artillería pesada y ropa de camuflaje. Ese es su destino: la lucha y, casi siempre, la muerte. A ella le encanta y la pantalla la adora (nosotros no tanto).
1. Morgan Freeman. Si lo que se necesita es un hombre de voz penetrante, capaz de encarnar la sabiduría en todo su esplendor (y complejidad), Freeman debería ser el elegido. Sus ya míticos papeles en películas como Cadena perpetua, Seven o Como Dios dan buena cuenta de la habilidad de Freeman para erigirse como la voz de la experiencia. Siempre sobrio, seguro, tranquilo, pero también algo atormentado, Freeman ha sabido encontrar su lugar de privilegio en una industria donde todavía imperan modelos antiguos: el protagonista blanco que necesita la supervisión de un acompañante negro. Él se ha dedicado a dignificar ese rol, entregando interpretaciones realmente memorables. Si todos los actores encasillados fueran así.