¡Ah, la estrellas de Hollywood! Les adoramos por su personalidad, su seguridad y su carácter. Les ensalzamos por su temperamento y carisma, pero no somos conscientes de lo que eso supone para su ego. Cuando uno llega a creerse una gran estrella, el grado de arrogancia o intolerancia puede dispararse a cotas inaceptables. Cuando a uno lo tratan como a un semidiós, ¿cómo no llegar a sentirse por encima del resto de los mortales? Eso es lo que les sucede a algunos de nuestros actores favoritos, protagonistas de rabietas (públicas o privadas) que han terminado llenando las portadas de los tabloides y revistas del corazón. La última ha sido protagonizada por el bueno de Alec Baldwin, nuestro adorado protagonista de la serie 30 Rock/Rockefeller Plaza. ¿Qué ocurrió con Baldwin? Pues que fue expulsado de un avión después de protagonizar una tempestuosa rabieta. Según el actor, todo empezó cuando una azafata le pidió que apagara su iPad cuando todavía estaban en tierra, y mientras el actor jugaba a Words with Friend (una especie de Scrabble en línea). ¿Pero a quién se le ocurre pedirle a un pasajero como Baldwin que apague su iPad? En fin, egos por las nubes. Y para probar que este no es un caso aislado, os presentamos otras rabietas memorables protagonizadas por actoires.
Russell Crowe. Empezamos con uno de los reyes de las rabietas. Crowe cuenta con un larguísimo historial de brotes de agresividad y violencia. Como por ejemplo cuando supuestamente llamó a uno de los productores de Gladiator en mitad de la noche para decirle que iba “a matarlo con sus propias manos”. O cuando abandonó despotricando un estudio de la radio británica BBC simplemente porque le preguntaron por su acento. O, en la cumbre de su ira, cuando se enfrentó físicamente a un conserje de un hotel de Nueva York. El detalle más escabroso y delirante de esta última anécdota es que, al parecer, Crowe golpeó a dicho conserje con su teléfono móvil. Una reacción digna del Joe Pesci de Uno de los nuestros.
Christian Bale. El último Batman es seguramente el protagonista de la rabieta más sonada de los últimos años. En mitad del rodaje de Terminador Salvation, Bale protagonizó un cataclísmico estallido de furia cuando el director de fotografía de la película cruzó su línea de visión durante una escena. La rabieta es simplemente antológica: durante cuatro minutos, Bale la tomó con el pobre tipo a gritos, acusándolo de falta de profesionalidad y amenazándolo con exigir su despido, todo ello rociado por todas las variantes imaginables de la palabra “fuck” (joder). Imposible calmar a un actor que nos demuestra poseer tanto temperamento dentro como fuera de la gran pantalla.
Mel Gibson. Entramos aquí en territorio escabrosamente rosa o amarillo. En un episodio digno de los programas del corazón que abarrotan nuestra parrilla televisiva, Mel Gibson protagonizó una terrible batalla dialéctica telefónica con la que fue su pareja, la música y compositora Oksana Griogorieva. El estallido de rabia de Gibson es simplemente aterrador: la violencia de sus palabras, sus amenazas y sus insultos dibujan a un hombre desquiciado y fuera de control. La grabación de dicha conversación salió a la luz pública durante el litigio de separación de la pareja, que vino acompañado de acusación de agresión y otras miserias. Un espectáculo lamentable.
Michael Richards. Allá por el año 2006, el actor Michael Richards (famoso por interpretar al personaje de Kramer en la sitcom Seinfeld) estaba representando uno de sus monólogos en el club The Laugh Factory cuando, molesto con un grupo de espectadores que lo distraían, estalló en un beligerante ataque verbal. El escándalo estalló por los insultos racistas que Richards profirió contra el espectador, de origen afroamericano. Otra vez, Richards empleó la palabra nigger, un término de connotaciones claramente racistas. El incidente fue grabado por otro espectador y, al saltar a la luz pública, provocó consternación en la opinión pública. Richards terminó acudiendo al programa de entrevistas de David Letterman para disculparse públicamente por lo ocurrido.
Sean Penn. El dos veces ganador de un Oscar tiene a sus espaldas un largo historial de brotes de violencia. Los más sonados ocurrieron hace años, en 1987, cuando, después de agredir a un paparazzi en un set de rodaje, el actor fue condenado a 60 días en prisión. A propósito de este incidente, salió a la luz otro choque anterior entre los mismos protagonistas: Penn y el paparazzi. El parecer, el actor había encontrado al fotógrafo escondido en su habitación de hotel. Al descubrirlo, la ira llevó a Penn a sacar al paparazzi al balcón de la habitación, que se encontraba en un noveno piso, y amenazarlo con lanzarlo al vacío. Lección: nunca meterse con Sean Penn.
Bjork. Junto a la rabieta de Michael Richards, la que protagonizó la cantante y actriz islandesa Bjork en un aeropuerto de Bangkok es probablemente la más espectacular de la lista. Es difícil encontrar una explicación al ataque físico que emprendió la modosita cantante contra una periodista que simplemente se limitó a decirle “Bienvenida a Bangkok”. Fue entonces cuando Bjork se abalanzó contra la periodista tirándole de los pelos y golpeándola mientras aquellos que la rodeaban intentaban separarla y contener su furia. Según explicaron los representantes de la artista, la periodista llevaba varios días persiguiendo a la estrella, aunque ni siquiera dicha persecución puede llegar a excusar una agresión tan brutal como esa.