No hace falta ser un lince para advertir que los Oscars de Hollywood tienen un sentido bastante sesgado de la justicia. Demasiados intereses comerciales, demasiadas luchas de poder, amiguismos, campañas de marketing… Está claro, no siempre ganan los mejores; una realidad que se manifiesta de múltiples formas, sobre todo de la mano de premios absurdos (el mítico Oscar a Marisa Tomei como mejor secundaria por Mi primo Vinny) y grandes artistas que nunca llegan a ser reconocidos (Chaplin, Hitchcock, Cary Grant), a no ser que la injusticia se compense con un raquítico Oscar Honorífico. Las injusticias se extienden también a la categoría reina de los premios: la de “mejor película”, algo que, con la perspectiva del tiempo, se hace más patente. Cuando el rumor de los Oscar 2012 ya resopla en nuestros oídos, no es mal momento para recordar, de la mano de la web Moviefone, diez películas que no merecían llevarse el Oscar a la mejor película.
10. Paseando a Miss Daisy (1989). Dirigida por Bruce Beresford, esta adaptación de la obra teatral de Alfred Uhry también le valió un Oscar a su protagonista, Jessica Tandy, que interpretaba a Miss Daisy, una viuda del Sur de Estados Unidos que mantenía una compleja relación con su chofer negro (Morgan Freeman). Como manda el clásico, las tensiones raciales se disuelven para terminar forjando una gran amistad. Aunque las interpretaciones son notables, la Academia apostó sobre seguro con este “dramedy” (mezcla de drama y comedia) con tema racial de fondo, dejando en la estacada películas más valientes o brillantes como Nacido el cuatro de julio o El club de los poetas muertos.
9. Oliver! (1968). Los musicales han sido siempre una debilidad para los académicos de Hollywood. En 1968 decidieron otorgar el premio mayor a Oliver!, la adaptación fílmica de un popular musical teatral, que a su vez estaba basado en el clásico de Charles Dickens. Lo cierto es que la película no era nada del otro mundo, sobre todo si la comparamos a otro musical nominado ese mismo año: Funny Girl, de William Wyler, con Barbra Streisand de protagonista. De hecho, los Oscars de 1968 quedarán en la historia como los que se olvidaron de nominar a 2001: Una odisea del espacio, una obra maestra incontestable que pasó inadvertida para los siempre tradicionales académicos.
8. Una mente maravillosa (2001). Aunque tiene sus fans, esta película dirigida por Ron Howard es considerada abiertamente como una de las más injustas ganadoras del Oscar a la mejor película. No es tanto la libertad con que aborda la vida (real) del matemático con esquizofrenia John Nash. Tampoco la más bien mediocre interpretación de Russell Crowe (si la película se hubiera llevado únicamente el premio a la mejor actriz secundaria, para la luminosa Jennifer Connelly, estaríamos todos contentos). No, lo más sorprendente de todo es recordar que ese mismo año estaba nominada la primera parte de la trilogía de El señor de los anillos. Peter Jackson se desquitó arrasando en los Oscar con El retorno del rey, pero eso no debería hacernos olvidar la injusticia cometida con Una mente maravillosa.
7. La vuelta al mundo en 80 días (1956). Uno de los casos más asombrosos de la lista. Recordemos que ese mismo año estaban nominadas películas como la magnífica Gigante, la notable El rey y yo, y la menor (aunque colosal) Los diez mandamientos. ¿Qué pudieron ver los académicos en esta simplona (aunque simpática) adaptación de la novela de Julio Verne? David Niven paseando su distinción británica por todo el mundo podía tener su gracia, pero perecía claramente ante la fuerza dramática de James Dean, el tú a tú entre Yul Brynner y Deborah Kerr, o la magnificencia de Charlton Heston como Moisés.
6. Shakespeare in Love (1998). Mediocre hasta decir basta. Así era esta comedia protagonizada por Joseph Fiennes, Gwyneth Paltrow y Ben Affleck; que fantaseaba con la vida y milagros de William Shakespeare. Lo cierto es que se trata de una de las victorias más controvertidas de la historia de los Oscar. De hacho, fue el año en que el productor Harvey Weinstein empezó a hacer de las suyas para ganarse el voto de los académicos: una carísima y agresiva campaña de marketing; regalos; proyecciones privadas muy persuasivas… Las malas artes de Weinstein le sirvieron para que la olvidable (y ciertamente olvidada) Shakespeare in Love (Shakespeare enamorado) superara a la memorable Salvar al Soldado Ryan.
5. ¡Qué verde era mi valle! (1941). ¿Recordáis la película? Era una suerte de saga que relataba la vida en un pueblo minero a lo largo de cinco décadas. Sí, lo más probable es que no recordéis el filme. Sin embargo, ¿qué decís de Ciudadano Kane, la considerada generalmente como la mejor película de la historia del cine? Pues bien, en 1941, ¡Qué verde era mi valle! Se impuso al revolucionario, majestuoso y apoteósico filme de Orson Welles. No es que nos desagrade la película de John Ford. De hecho, la dimensión mítica y la importancia histórica de Ford no tiene nada que envidiar a la de Welles; sin embargo, enfrentadas en un pulso individual, no hay duda de que Ciudadano Kane se impone por goleada a la escarizada ¡Qué verde…!
4. Chicago (2002). Seguimos con Harvey Weinstein. Después de conseguirlo con Shakespeare in Love, repitió la jugada con la insulsa Chicago, una deslucida adaptación del musical de Broadway, creado originalmente por el gran Bob Fosse y adaptado a la gran pantalla por Rob Marshall, un director del montón. Las estrategias de Weinstein fueron tan flagrantes que la Academia decidió intervenir y, a partir de entonces, se han prohibido los “regalos” en las campañas de marketing enfocadas a los Oscar. Aún así, los penosos números musicales protagonizados por Catherine Zeta-Jones, Renée Zellweger y Richard Gere figuran en el historial dorado de los Oscars. En fin.
3. Rain Man (1988). La pareja formada por Tom Cruise y Dustin Hoffman es seguramente una de las más esperpénticas de la historia. Aun así, para sorpresa de muchos, el dúo tenía química. Quizás por eso la Academia se decantó por premiar este maniqueo y simplón drama protagonizado por un joven yuppie (Cruise) que descubre el sentido de la vida durante un viaje por carretera con su hermano autista (Hoffman). Como ya hemos apuntado, la película no deja de ser un producto popular con una cierta fuerza icónica, pero de ahí a ser considerada “la película del año” hay más de un paso.
2. Bailando con lobos (1990). Este western dirigido por Kevin Costner (que también escribió el guión y protagonizó la película) tenía todos los ingredientes para conquistar el corazón de los académicos: un relato épico, un personaje que se sumerge en una cultura ajena, significación histórica… Sin embargo, la realidad es que la película era bastante insoportable: deficiente a nivel rítmico, pretenciosa a más no poder, egocéntrica hasta decir basta… No se trataba del nuevo Lawrence de Arabia. Y aun así, la Academia la prefirió a Uno de los nuestros, el clásico moderno de Martin Scorsese.
1. Crash (2005). Este sí que fue un buen “crash”, una de las victorias más inesperadas de los últimos lustros (todo el mundo estaba preparado para la victoria de Brokeback Mountain). Sin embargo, la Academia decidió apostar por este drama afectado y profundamente moralista. Ver Crash es como sentarse delante de un predicador que sermonea sobre los males de la sociedad a golpe de argumentos maniqueos. Eso sí, el filme desplegaba su discurso gracias a un espectacular reparto coral que daban a la misa un toque de distinción: Matt Dillon, Sandra Bullock, Don Cheadle, Brendan Fraser, Terrence Howard, Ryan Phillippe… En realidad, de todas las películas nominadas aquel año, nosotros nos hubiésemos quedado con la sensacional y muy política Buenas noches y buena suerte.