Todos tenemos algo de lo que arrepentirnos a nivel profesional: un funesto trabajo de juventud, una mala relación laboral, un post poco afortunado… Y las estrellas de Hollywood no escapan a esta ley universal. Las razones pueden ser múltiples. En algunos casos se trata de trabajos “alimenticios” desempeñados antes del alcanzar la gloria; otras veces son simples patinazos en el camino al estrellato; y finalmente, en el peor de los casos, encontramos a grandes actores desmotivados, impulsados por la desidia o por la avaricia de un buen sueldo. En todo caso, no es nuestra intención convertirnos en los crueles jueces de las estrellas. Todos los actores de la lista que os presentamos, de la mano de la web ScreenJunkies, son grandes actores. Un patinazo lo tiene cualquiera… y si eres una estrella de Hollywood es probable que millones de espectadores te vean hacer el ridículo.
Paul Giamatti en Gordo mentiroso (2002). Un año antes de que American Splendor revelase su potencial como “actor protagonista”, el bueno de Paul Giamatti tuvo que pasar por el calvario de verse teñido de azul y convertido en el objeto de todas las bromas de un vengativo Frankie Muniz en la comedia infantil Gordo mentiroso. En la película, Giamatti interpretaba a un ambicioso productor de Hollywood que plagiaba un ensayo escolar de Muniz y lo convertía en una película de éxito. Como venganza, el protagonista de Malcolm in the Middle se asociaba con Amanda Bynes y le hacían la vida imposible a Giamatti. Lo de teñirle la piel y el pelo es sólo el principio.
Bryan Cranston en Power Rangers (1995). La carrera de Cranston pasó por todo tipo de vicisitudes antes de toparse con el éxito gracias al papel de Walter White en la serie de culto Breaking Bad. Durante muchos años, Cranston se vio obligado a arrastrarse por papeles secundarios para el olvido o doblando a personajes extraños. En el que es seguramente el punto más bajo de su carrera, Cranston puso voz a Snizard, un monstruoso y cutre híbrido de serpiente y lagarto que debía enfrentarse a los olvidados Power Rangers. Después de algo así, sólo se puede ir a mejor.
Sean Connery en Zardoz (1974). Después de cautivar al mundo entero con su encarnación de James Bond en seis películas, Sean Connery se encontraba en la cresta de la ola. Considerado por muchos como el epítome de lo sexy, el actor escocés era una super-estrella de orden mundial. Sin embargo, en un exceso de confianza, Connery pegó un patinazo que le acompaña hasta el día de hoy. La imagen habla por sí sola: trenza quilométrica, bigotazo al canto, y una especie de pañal rojo a juego con unos tirantes cargados con munición. Sí, eran los setenta.
John Wayne en El conquistador de Mongolia (1956). He aquí la demostración de que incluso las más grandes estrellas tienes sus trapos sucios fílmicos. Nadie como John Wayne encarnó al gran héroe americano: duro, violento, romántico, estoico y emprendedor. Su leyenda se forjó en multitud de westerns y dramas. Y aun así, muchos se empeñan en recordar su papel más ridículo: el de Genghis Khan en la infumable El conquistador de Mongolia, considerada por los cinéfilos como una de las peores películas de la historia del cine. Con un ridículo bigotillo postizo, los ojos medio cerrados y unos diálogos pésimos, el papel de Wayne es tan ridículo como inapropiado. Nos quedamos con el Wayne de Centauros del desierto.
Robert De Niro en Las aventuras de Rocky y Bullwinkle (2000). El caso de Robert de Niro es particularmente triste. Uno de los grandes actores de la historia del cine lleva quince años dilapidando su reputación en comedias menores (las sagas de Una terapia peligrosa y Los padres de ella) y en thrillers de segunda fila (15 minutos, Showtime, Asesinato justo…). Su última gran película fue Jackie Brown, del ya lejano 1997. En este descenso continuo, uno de los puntos más bajos llegó con Las aventuras de Rocky y Bullwinkle, donde De Niro interpretaba a un dictador histérico, histriónico y caricaturesco. Sí, el gran De Niro se ha convertido en una caricatura de sí mismo.
Halle Berry en Catwoman (2004). Tras ganar el Oscar por Monster’s Ball, Halle Berry parecía tener el mundo a sus pies. Tras lidiar con un montón de papeles olvidables, ahora tenía la oportunidad de elegir entre una montaña de prometedores proyectos. Y entonces, Berry erró el tiro. En lugar de apostar por la calidad, la actriz se dejó llevar por la avaricia, lo que se tradujo en un olvidable concurso como chica Bond, una muy secundaria aparición como la Tormenta de X-Men y el papel protagonista en el lamentable thriller de terror titulado Gothika. Aunque, curiosamente, ese no fue su peor trabajo. La joya de la corona la encontramos en Catwoman, el spin-off de Batman, una película que no convenció ni a los más aguerridos fans del imaginario del hombre murciélago. Consta como uno de los batacazos de taquilla más importantes de todos los tiempos.
Nicole Kidman en Embrujada (2005). Cuando se metió en este remake de la mítica serie televisiva, la Kidman seguramente pensó que era la forma idónea de prolongar su historia de amor con el público americano. Lo que no atinó a comprender es que para resultar encantadora en pantalla es necesario un guión mínimamente encantador. La película fue un fracaso sonado, del que muchos hicieron responsable a la nula química escénica entre la Kidman y el humorista Will Ferrell (del que nos declaramos fans absolutos). Al parecer, el golpe de este fracaso fue tan duro que marcó el inicio de la debacle de la carrera de la actriz australiana, que no ha vuelto a ser la que fue.
Robert Downey, Jr. en Cariño, estoy hecho un perro (2006). Antes de encontrar el camino de vuelta al éxito gracias a Tropic Thunder y Iron Man, Downey Jr. pasó unos años de capa caída, atormentado por las adicciones y la desconfianza de la industria. En aquello tiempos, el actor debía seguir alimentándose y sobrellevando sus gastos, por lo cual tuvo que aceptar papeles poco dignificantes. Uno de los más ridículos lo encontramos en la comedia familiar Cariño, estoy hecho un perro. Cara a cara con Tim Allen, Downey Jr. interpreta a un malvado genetista que intenta hallar la clave para la inmortalidad experimentando con ADN de perro. El problema llega cuando es mordido por un cánido y se transforma en un híbrido de ambas especies. Lamentable.