En los últimos tiempos, nos hemos encontrado con infinidad de listas que rebuscan entre las mejores citas de la historia del cine; listas que suelen estar trufadas de breves frases lapidarias que aspiran a convertirse en leyenda. Pero, en este contexto, ¿qué hay de los monólogos fílmicos? Nos referimos a esos largos discursos que quizás no recordemos de memoria, pero que, en su momento, sentados en la butaca, nos erizaron la piel, pronunciados con énfasis y convicción por actores de primera línea. En este post, queremos rememorar, de la mano de la web MovieMobsters.com, diez de los monólogos más célebres y sentidos de la historia del cine. Los hay de dramáticos, algunos son épicos y otros ridículos, pero no hay duda de que todos son memorables.
10. Robin Williams / El indomable Will Hunting (1997): “”Si te hiciera una pregunta sobre arte seguramente me contestarías con todo tipo de detalles sacados de libros de arte. Michelangelo. Seguro que sabes un montón de cosas sobre él. Su obra, sus aspiraciones políticas. Sus problemas con el Papa. Orientación sexual. Todo lo que hay que saber, ¿verdad? Pero apuesto a que no puedes decirme a qué huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí y has mirado hacia el techo, ¿lo ves?”.
9. Ellen Burstyn / Requiem por un sueño (2000): “Pronto, millones de personas me verán y me adorarán. Les hablará de ti, de papá y de lo bueno que fue con nosotros. ¿Te acuerdas? Es una razón para levantarse por las mañanas. Es una razón para perder peso. Para que me quede bien un vestido rojo. Es una razón para sonreír. Hace que el mañana parezca algo bueno”.
8. Robert Duvall / Apocalypse Now (1979): “¿Hueles eso? ¿Lo hueles? Es Napalm, hijo. Nada en el mundo huele igual. Me encanta el olor del napalm por la mañana. Una vez bombardeamos una ladera durante doce horas, ¿sabes? Cuando todo hubo terminado, me paseé por allí. No encontramos a ni uno de ellos, ni un maldito cuerpo humeante. El olor, ese olor a gasolina por toda la ladera. Olía… a victoria. Algún día esta guerra terminará…”.
7. Michael Douglas / Wall Street (1987): “La cuestión, señores y señoras, es que la avaricia, a falta de una palabra mejor, es buena. La avaricia está bien, la avaricia funciona. La avaricia clarifica, corta por lo sano y captura la esencia del espíritu evolutivo. La avaricia, en todas sus formas; avaricia por la vida, por dinero, por amor. Y la avaricia, podéis enmarcar mis palabras, no sólo salvará la empresa Teldar Paper, sino también esa otra corporación disfuncional llamada USA”.
6. Christopher Walken / Pulp Fiction (1994): “Tu padre tenía una manera especial de mirar este reloj; este reloj era tuyo por derecho. Él no estaba dispuesto a que ninguno de esos tipos pusiera sus grasientas manos amarillas sobre algo que era para su hijo; así que lo escondió en el único lugar que sabía que podía esconderlo: en su culo. Cinco largos años llevó este reloj en el culo. Entonces, cuando murió de disentería, me dio el reloj. Yo escondí esta incómoda pieza de metal en mi culo durante dos años más. Entonces, después de siete años, fui enviado a casa con mi familia. Y ahora, pequeño, te entrego el reloj a ti”.
5. Clint Eastwood / Harry, el sucio (1971): “Sé lo que estás pensando. ¿Ha disparado seis balas o solo cinco? Bien, para decirte la verdad, con toda la excitación, he perdido la cuenta. Pero teniendo presente que esta es una Mangnum del 44, la arma más poderosa del mundo, y que te bolaría la cabeza de cuajo, debes hacerte una pregunta: ‘¿Me siento con suerte?’ Y bien, ¿cómo te sientes, pringado?”.
4. Charlie Chaplin / El gran dictador (1940): “Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y desagradecidos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos bondad y gentileza”.
3. George C. Scott / Patton (1970): “Hombres, todas esas cosas que habéis oído sobre que América no quiere luchar, que quiere mantenerse fuera de la guerra, son un montón de mierda. Tradicionalmente, a los americanos nos encanta luchar. Todos los verdaderos americanos amamos el ardor de la batalla. Cuando erais niños, todos admirabais al rey de las canicas, al corredor más rápido, a los campeones de las grandes ligas, a los boxeadores más duros. Los americanos amamos al ganador y no toleraremos a un perdedor. Los americanos jugamos para ganar siempre. No daría un céntimo por un hombre capaz de perder y luego reír. Es por eso que los americanos nunca hemos perdido y nunca perderemos una guerra… porque la mera idea de perder a los americanos nos parece odiosa”.
2. Marlon Brando / La ley del silencio (1954): “¿Recuerdas aquella noche en el Madison Square Garden? Viniste a mi camerino y me dijiste ‘chico, esta no es tu noche. Hemos apostado por Wilson…’. Tú eras mi hermano, Charlie. Deberías haber cuidado de mí un poco; así no habría tenido que tirar la toalla por un poco de dinero rápido. Yo podría haber tenido clase. Podría haber sido un campeón. Podría haber sido alguien, en vez de un don nadie. Eso es lo que soy. Aceptémoslo”.
1. Jack Nicholson / Algunos hombres buenos (1991): “Hijo, vivimos en un mundo que tiene muros, y esos muros deben ser protegidos por hombres con armas. ¿Y quién va a hacerlo? ¿Tú? ¿Tú, Teniente Weinburg? Yo asumo una responsabilidad más grande de la que puedas imaginar. Lloras por Santiago y desprecias a los marines. Puedes permitirte ese lujo. Tienes el lujo de no saber lo que yo sé: que la muerte de Santiago, aunque trágica, probablemente salvó vidas. Y mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para ti, salva vidas. Tú no quieres la verdad porque en tu interior, en lugares de los que no hablas en las fiestas, me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro. Utilizamos palabras como honor, código, lealtad. Utilizamos esas palabras como la columna vertebral de una vida dedicada a defender algo. Tú las utilizas como una frase hecha. No tengo ni el tiempo ni las ganas de dar explicaciones a un hombre que se levanta y se va a dormir bajo el manto de libertad que yo le garantizo, y que luego cuestiona la manera en que yo le protejo. En tu lugar, me limitaría a darme las gracias y seguir tu camino. Sino, te sugiero que tomes un arma y ocupes un puesto de vigilancia. En cualquier caso, me importa un carajo lo que sientas que puedes recriminarme”.