El descastamiento se ha vuelto a apoderar de San Isidro.
Tras el espejismo de la víspera la corrida de hoy ha carecido de todo lo que
tiene que tener un toro de lidia. Juan Pedro Domecq ha enviado a la Villa y
Corte 14 astados, de los que se han lidiado 6 mal presentados, descastados,
mansos, sosos, anestesiados... una porquería.
El festejo entero se resume en el quite de Morante al sexto.
El de La Puebla apenas había tenido opciones en su lote y cogió el capote para
irse con buen sabor de boca. El toro no estaba para muchas alegrías, pero las
dos verónicas y la media que le recetó han servido para levantar los únicos oles
de la tarde.
El primero del sevillano careció de cualidad positiva.
Blando, soso, y descastado, a Morante no le gusto de inicio e intentó abreviar.
Y digo intentó, porque no estuvo acertado con la espada, pinchando varias veces
antes de hundir el verduguillo, siendo silbado tras el arrastre del burel
El cuarto se asimilaba más a un toro de la Camarga que a un
toro de lidia, y tampoco le gusto al matador. Tras un inicio dubitativo
consiguió darle una serie buena por la diestra y algún muletazo suelto de gusto
y calidad, pero el trasteo se quedó en agua de borrajas ante la falta de
oponente. Volvió a pinchar y los posibles aplausos se tornaron en silencio.
Alejandro Talavante venía a sustituir a Cayetano y se
encontró con un primer toro que a la poca chispa que tenía sumaba una falta de
raza que le hacía llevar siempre la cara suelta. El pacense consiguió series limpias
y templadas, pero la falta de emoción presente en la faena impidió subir la
nota. Tras un pinchazo y una estocada saludo una ovación.
El quinto fue incluso peor que sus hermanos, y el extremeño
solo pudo plantarle la muleta para que el colorado la rechazara y metiera la
cara sin chispa y clase.
Juan Pablo Sánchez confirmaba alternativa y, pese a la falta
de material para realizar el toreo, ha dejado trazos de lo que lleva dentro. El
de la ceremonia, un carbonero feo y mal presentado, metía bien la cara pero su
falta de fuerza lastraba sus intenciones. Intento cuidar al de Juan Pedro, pero
apenas pudo recetarle una serie. Mató de una impecable estocada.
El sexto estaba mejor hecho que el resto de los Juanpedros
pero fue igual de malo. Pese a su sosería el azteca consiguió sacarle algún
natural suelto templado, largo y con gusto, dejando a la afición con esperanza
para próximas comparecencias. De nuevo la espada volvió a ser un seguro y
recogió palmas en su despedida.
Pura basura. No hay otra forma de calificar la Juanpedrada
que ha saltado hoy al albero venteño. Chicos, feos, descastados, sin emoción...
imposibles. Y eso que no les pican, se marca la puya y se levanta, puesto que
si se les diera un solo picotazo no llegarían a banderillas. Había expectación
por ver a Morante, pero el sevillano lleva un tiempo fuera del circuito,
apático y eligiendo mal sus colaboradores y veedores. Urge reflexión.
Ficha:
Plaza de toros de Las
Ventas, con los tendidos llenos. Seis toros de Juan Pedro Domecq, mal
presentados, descastados, flojos, sin chispa y sin clase.
Morante de la Puebla:
Pitos y silencio
Alejandro Talavante:
Ovación y silencio
Juan Pablo Sánchez:
Palmas y palmas