Era el 16 de mayo de 2004 y en San Siro, un inmenso campeón, mi ídolo desde siempre, Roberto Baggio, se despedía del fútbol entre la ovación de todo un estadio que tiempo atrás el Divin Codino (la coleta divina) había encantado, ganando también el segundo y último Scudetto de su carrera.
Baggio es tal vez uno de los campeones que, a pesar de haber jugado en los tres grandes de Italia, Juventus, Milan e Inter, menos ganó a nivel de club en la historia del fútbol, con tan sono 2 Scudetti, 1 Copa de la Uefa y 1 Copa Italia. De sus manos, o de sus pies mejor dicho, se le escapó el mundial, su mundial, el de Usa ’94. Luchó y volvió a empezar en el Bolonia para seguir con su gran amor, la selección y participar a la Eurocopa de 2000, que tampoco conquistó.
Pero Baggio brillaba de luz propia, lo había demostrado en la temporada 1993 llevandose el Balón de Oro y el Fifa World Player y hasta el final, cerrando su carrera con 205 goles, quinto marcador de todos los tiempos, en 452 partidos disputados en 19 años de Serie A. Roby Baggio es el fútbol y quien ama el fútbol no puede olvidarse de él.

Tras una espera larga seis años por fin Baggio ha vuelto, porque a partir de ahora será el presidente del sector técnico de la Figc (Federación italiana de fútbol). La noticia confirmada anoche por el mismo Baggio, se oficializará mañana, tras la reunión del directivo donde se definirán los detalles. La esperanza es que tras tantas mágias como jugador, Baggio sea capaz de hacer alguna también fuera del campo, para renovar Italia.
De todas formas la revolución de la Azzurra empezada por Prandelli, implicará también otros dos grandes del calcio como Arrigo Sacchi, que se ocupará del sector juvenil y Gianni Rivera, otra media punta mágica y balón de oro que en los años ’60 hizo soñar Italia.