Siempre es difícil despedirse. La sensación que queda es de vacío, a veces enorme, que no tiene consuelo. Despedirse tras una trayectoria gloriosa, en una temporada que ha regalado otro triunfo, de equipo o personal, es algo que supera los límites del deporte y va más allá, mezclándose con la vida.

Además, si te llamas Alessandro Del Piero o Filippo Pippo Inzaghi y dejas otra vez a tu público con la boca abierta por el enésimo gol con esos colores, el último de una carrera que parecía no tener un final, todo se hace más triste, dejando sitio a las lágrimas. Pero es para seguir persiguiendo el fin último de un delantero, ese momento de éxtasis completa, es para seguir viviendo de esos fragmentos de adrenalina, que se abandona hasta el amor más grande.
El Juventus Stadium de Turín despidió a su campeón, a su capitán más grande, a Pinturicchio, el ídolo del abogado Agnelli, con un aplauso que no quería terminar. Y Alex, para compensar, resistió al dolor por un golpe en la rodilla y regaló otra perla, la última en bianconero tras 19 años de amor y 704 partidos con la Vecchia Signora, antes de levantar el vigésimo octavo Scudetto, el sexto (u octavo) personal.

En el día de los adiós, en San Siro Pippo Inzaghi se despidió de la misma manera de su familia rossonera, a partir de hoy huérfana también de otros campeones capaces de ganarlo todo con Carlo Ancelotti. A las lágrimas de Superpippo, se juntaron las de Rino Gattuso, Alessandro Nesta, Clarence Seedorf y Gianluca Zambrotta, y pocos se acordaron que también Mark Van Bommel abandonará el club. Los ídolos de una generación son otra cosa. En el Milán eso se percibe y tras saborear otra vez el calor de su público, cuesta aún más, como demostró al final del partido la inesperada marcha atrás de Inzaghi que titubeó sobre su futuro.
“Cuando tienes 39 años y las ganas de un joven que está empezando es difícil quedarse mirando en el banquillo”, dijo Superpippo, y lo mismo debe haber pensado Del Piero que intentará buscar a otro equipo que le dé la posibilidad de seguir ampliando su leyenda, como hizo Raúl.
En un día como éste, en el que el fútbol italiano, sea que se trate de admiradores o de adversarios, pone fin con elogios y aplausos a la historia de unos campeones, no pasa en segundo plano la increíble temporada del Udinese, que tras la victoria contra el Catania consiguió meterse por segundo año consecutivo en el preliminar de la Champions, con Di Natale que celebró por todo lo alto y con otro golazo la convocatoria en la selección de Prandelli.

Nada pudo el Nápoles, que hizo lo suyo ganando contra el Siena y ni siquiera lo consiguió la Lazio que acabó cuarta y en la Europa League junto con uno de sus directos adversarios para esa plaza, el Inter de Stramaccioni, a su segunda derrota en tres partidos. En el día del adiós de Ivan Ramiro Córdoba, sin Wesley Sneijder y con Pazzini que lleva tres meses sin marcar un gol y que verá la Eurocopa desde casa, el único en salvarse del desastre fue el Principe Milito, que igualó su récord italiano de 24 goles en una temporada.
Los neroazzurri cerraron su pésima campaña tal y como la habían empezado, con una derrota, y tuvieron el premio del doble preliminar europeo no por méritos propios sino por deméritos de los demás equipos, entre todos, la Roma de Luis Enrique que se rindió en el final.
El técnico español anunció su adiós con antelación declarando que este año fue agotador y admitiendo el fracaso de su proyecto al estilo Barça, probablemente impracticable en un campeonato como el calcio. Y si en la Roma los únicos en salvarse fueron Francesco Totti y el joven Borini, premiado por Prandelli con el azzurro, la buena noticia es que Vincenzo Montella podría volver al banquillo, a demostración que - para decirlo con una de las canciones del cantautor romano y autor del imno de los giallorossi, Antonello Venditti – “Algunos amores nunca se acaban, dan una vuelta inmensa y luego vuelven…”.
En el descenso, el Lecce es el tercer equipo que se marcha a la Serie B y hace compañía a Novara y Cesena. Con la victoria por 2-0 del Génoa frente al Palermo, el grifone consiguió mantener la categoría aunque el juicio sobre las apuestas y las escuchas en el calcio podría aún reservar sorpresas. Esto se ha terminado pero en los tribunales no hace nada más que empezar y con la final de la Copa Italia entre Nápoles y Juventus aún por jugar, la mente ya vuela hacia la Eurocopa, pensando que el escándalo de 2006 contribuyó a su manera a levantar la Copa del Mundo en Berlín…
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