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El Giro 2012 se adentra en su fase decisiva. Tres etapas de alta montaña y una contrarreloj individual servirán para dilucidar el ganador de la ronda italiana. La prueba llega a los Dolomitas con todos los favoritos a la victoria con sus opciones intactas, a excepción de Damiano Cunego (a casi cuatro minutos en la general) y Frank Schleck (retirado en la 15ª etapa). Quien sepa regular mejor sus esfuerzos y afronte la carrera como una prueba de eliminación tendrá mucho ganado. Así llega cada uno de los candidatos al tramo final.

Joaquim Rodríguez (líder): La 'maglia' rosa se ha mostrado como el hombre más fuerte en estas dos semanas. Aprovechando cada una de las llegadas en alto, Purito ha conseguido una importante renta respecto a sus rivales, aunque no definitiva. Implacable en los finales con mucho desnivel y poca longitud, deberá defender el liderato en los grandes puertos y a ser posible lograr un buen colchón de segundos de cara a la crono final.

Ryder Hesjedal (2º; a 30 segundos): El canadiense está sorprendiendo a todos con su rendimiento en este Giro. Líder de la prueba durante varios días, metió el miedo en el cuerpo a más de uno con su ataque en Cervinia, donde recuperó el rosa. Sin embargo, al día siguiente volvió a cedérselo a Purito. Si consigue pasar la alta montaña, se convertirá en una seria amenaza para la contrarreloj de Milán.

Ivan Basso (3º; a 1:22): A priori, por calidad y experiencia, parece ser la opción más fiable. El bicampeón todavía no ha mostrado todas sus cartas y cuenta con la escuadra más potente (Liquigas) para pasar a la acción. En Pian dei Resinelli quiso romper el grupo con un acelerón insuficiente y, al final, se le vio algo atrancado. El hecho de haber vivido una situación parecida (2010) puede jugar a su favor.

Roman Kreuziger (5º; a 1:27): El eterno aspirante llega (por primera vez en su carrera) a la tercera semana con opciones de victoria. El checo no ha mostrado signo alguno de debilidad, aunque tampoco ha realizado ningún alarde de fuerza. Estos cuatro días serán fundamentales para saber si estamos ante un ciclista capaz de imponerse en una gran vuelta por etapas.

Michele Scarponi (6º; a 1:36): Junto a su compatriota Basso, es el candidato de mayor peso. El ganador de la pasada edición se ha dejado ver en algunos finales, pero sin rematar, lo que ha generado ciertas dudas sobre su estado de forma. Su posición en la general y sus escasas prestaciones en la lucha contra el crono pueden forzarle a ser el primero en mover ficha.

Beñat Intxausti (7º; a 1:42) y Sergio Henao (8º; a 1:55): Los dos grandes tapados se encuentran en la semana decisiva con un escenario totalmente desconocido para ellos. Sin nada que perder y con la moral por las nubes, pueden dar la sorpresa. Aunque lo más probable es que centren sus esfuerzos en lograr un triunfo parcial en alguna de los tres etapas dolomíticas.

Abrirá fuego la jornada del miércoles con final en Cortina D´Ampezzo, pasando antes por Duran y Giau. El viernes llegará Alpe di Pampeago, con dos ascensiones. Y el sábado, la terrible y esperada etapa con tres mitos por delante: Tonale, Mortirolo y Stelvio. Lo que no se decida aquí, lo resolverá la contrarreloj del último día. Se anuncia frío y mal tiempo para estos días. Huele a épica. Huele a ciclismo del bueno.

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Beñat Intxausti nunca podrá olvidar la mañana del 23 de mayo de 2011. Aquel día vivió la experiencia más traumática de su vida. En el garaje de una vivienda en Sierra Nevada, vio morir a su amigo y compañero de equipo Xavi Tondo. Beñat fue la última persona que le vio con vida y no pudo hacer nada por evitar el desgraciado y mortal accidente.

Los dos ciclistas del Movistar se disponían a entrenar por los alrededores de la sierra granadina. Ambos se encontraban preparando su primera participación en el Tour de Francia cuando la tragedia les sobrevino. El golpe fue durísimo para el corredor de Múgica. Destrozado por la pérdida del catalán, Intxausti permaneció las dos siguientes semanas en casa, sin salir a entrenar.

Con ayuda de su director Eusebio Unzué, tomó parte en el Dauphiné Liberé. Como es lógico la inactividad le pasó factura, pero el vasco recuperó sensaciones y lo más importante, las ganas y la ilusión por ser ciclista. Una buena actuación en el Campeonato de España le sirvió para afrontar la ronda gala con la moral alta.

Sin embargo, en la ronda gala todo se derrumbó en la primera jornada. Una caída en la primera etapa, en la que a primera vista no tenía lesión alguna, le ocasionó una fractura en la cabeza del radio que le hizo abandonar días más tarde. Intxausti se centró entonces en la Vuelta a España, pero otra caída en la Vuelta a Burgos volvió a trastocar sus planes, llegando a la ronda española en malas condiciones.

Beñat puso todo de su parte. Sabiendo que estaba totalmente descartado para la clasificación general, se propuso brillar en la montaña y conseguir alguna victoria parcial. Estuvo cerca de conseguirlo en la etapa que terminaba en Manzaneda, donde no pudo con David Moncoutie. Una gastroenteritis que afectó a buena parte del Movistar, le impidió destacar en los jornadas restantes.

En este 2012 la suerte de Intxausti parece haber cambiado. En abril se anotó la Vuelta a Asturias, su victoria más importante como profesional, lo que le ha proporcionado mucha confianza para el Giro de Italia. En Lago Laceno rozó el triunfo y dio un aviso a todos los aspirantes. Se ha colocado 5º en la general, a 52 segundos de Purito, y no renuncia nada. "Por fin las cosas me están saliendo bien en una grande", asegura. Ojo con él.

Apunten una jornada, la del 23 de mayo, la etapa que termina en Cortina D'Ampezzo. Ese día se cumple un año de la muerte de Xavi Tondo e Intxausti y todo el Movistar querrán dedicar una victoria a su desaparecido compañero. Nadie mejor que Beñat para tan emotivo recuerdo. La persona con la que Xavi compartió sus últimos días.

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En este Giro de Italia donde todo se decidirá en la última semana (para ser más precisos en las tres jornadas finales) hay un corredor incapaz de aguardar. Uno que a sus 33 años recién cumplidos ya no va a reprimir sus impulsos. Así es Joaquim Rodríguez, ese que nunca cambiará por mucho que algunos se empeñen.

Llegando a Asís apareció Purito, el especialista en finales con rampas cortas y exigentes. Paredes que dejan a más de uno asfixiado y con las piernas paralizadas por el ácido láctico. Un escenario donde el catalán se desenvuelve como pocos y en el que ya ha dejado su huella en diversas ocasiones.

El líder del Katusha tenía prisa por vestir la 'maglia' rosa, como ya demostró con su ataque en la etapa anterior, y el final en la ciudad de la región de Umbría era propicio para dar el golpe. Una subida constante, sin respiro, por calles estrechas con algunos tramos adoquinados. Como una escalera de caracol en la que nunca se divisa el final. Perfecto para un ciclista ágil, pequeño y ligero. Alguien como Purito.

"Mañana buscaré la victoria y el liderato", había avisado el de Parets del Vallés. Bien colocado, en las primeras unidades del pelotón, el español se disponía a ratificar su condición de favorito en etapas así. Paolo Tiralongo dio el primer tirón que puso en guardia al resto, hasta que Tom Slagter tomó las riendas del grupo con Purito a su rueda. El reciente ganador de la Flecha Valona supo medir la distancia y a falta de 200 metros soltó el hachazo definitivo que le llevó hasta la meta.

El botín del catalán: la etapa, el liderato y 20 segundos de bonificación. El resto de candidatos a la victoria final entraron a 6 segundos, solo Damiano Cunego y Frank Schleck entregaron 12 y 26 segundos, respectivamente. Joaquim ya tiene triunfos parciales en las tres grandes vueltas (cuatro en la Vuelta y una en el Tour). Ahora se dispone a mantener el rosa hasta el final.

En la general, Purito manda con una renta no muy amplia pero bastante suculenta. Kreuziger (4º) ya está a 52 segundos, Basso (6º) a 57, Scarponi (11º) a 1:11, Schleck (13º) a 1:25 y Cunego (15º) a 1:37. Intxausti (5º, a 52 segundos) y Pozzovivo (11º, a 1:12) siguen ahí y se perfilan como dos animadores de la carrera.

"La última semana será muy dura y habrá que correr de manera inteligente", advierte Purito. "Hay que ir día a día", añade. Día a día. En eso es todo un experto, en entregarse en cada etapa y no pensar en la siguiente. Ya ha comprobado que tiene piernas. Ahora debe demostrar que también tiene cabeza para ganar una grande.

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El Giro de Italia 2012 no entraba en los planes de Damiano Cunego. El ciclista de Lampre tenía previsto correr las clásicas de primavera y, tras un parón, centrarse en la preparación del Tour de Francia. Sin embargo, 'Il Picocolo Principe' (El Pequeño Príncipe) tuvo que rehacer su calendario y tomar parte en la corsa rosa.

Lejos queda ya la edición de 2004. Aquella carrera en la que un joven nacido en Cerro Veronese apareció de la nada para dejar a todos maravillados. Con apenas 23 años, Cunego ganó el Giro con una autoridad y un dominio de la prueba impropios de su edad. Todos le auguraban un brillante futuro en las grandes vueltas.

Ocho años después, Damiano Cunego no ha vuelto a pisar el podio de las carreras más importantes por etapas. El transalpino pasó de ser un potencial ganador del Giro, Tour y Vuelta, a convertirse en un 'clasicómano' sin brillo en las grandes vueltas. Tres Giro de Lombardía y una Amstel Gold Race figuran en su palmarés. Poco, muy poco, dada la enorme calidad que se le supone.

En este Giro de Italia, Cunego comparte galones en el Lampre con otro ganador de la ronda italiana, su compatriota Michele Scarponi. Dos 'gallos en el mismo corral, una constante en este deporte. El vigente campeón, tras la sanción a Alberto Contador, partió de Herning con el dorsal número uno a la espalda y una 'maglia' rosa que nunca conquistó en la carretera.

Para Scarponi, ganar esta carrera es algo más que una cuestión de orgullo. Supondría legitimar su victoria de 2011 y reafirmarse ante Vincenzo Nibali en su lucha por la supremacía del ciclismo italiano. Son muchos los que consideran al de Filottrano como el rival a batir en esta edición.

Giuseppe Saronni, mánager de Lampre, asegura que "el Giro es el gran objetivo de Scarponi" y que "Cunego tendrá libertad de movimientos". El propio Scarponi se ha marcado el próposito de "trabajar unidos para ser protagonistas". Algo complicado para un 'espíritu libre' como Cunego.

En las manos de Saronni está la tarea de gestionar la 'lucha' de egos entre los dos italianos. Dos corredores en la plenitud de su carrera. Este Giro supondrá la confirmación de Michele Scarponi o la 'resurreción' de Damiano Cunego. Cualquier otro resultado significaría un fracaso de Lampre.

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Quien le iba a decir a Joaquim Rodríguez, tras la disputa de dos contrarrelojes (una individual de 8,7 kilómetros y otra por equipos de 33,2) , que iba a ocupar una posición privilegiada en la clasificación general del Giro de Italia. Las pruebas cronometradas, esa tortura que siempre ha llevado al corredor catalán por la calle de la amargura en las grandes vueltas, ahora le ha colocado como el primero de los favoritos.

Bien es cierto que casi todo el mérito recae sobre su equipo, el Katusha, que a punto estuvo de dar una sorpresa monumental. 'Las hormigas atómicas' (como muchos les han apodado por su peculiar casco) realizaron una soberbia contrarreloj y solamente cinco segundos les separaron del ganador, el Garmin-Barracuda del nuevo líder de la carrera, el lituano Ramunas Navardauskas.

La escuadra de Jonathan Vaughters sacó provecho de la desafortunada actuación del conjunto que defendía la 'maglia' rosa, el BMC de Taylor Phinney. El norteamericano fue un manojo de nervios abrumado por la responsabilidad del liderazgo y tocado por las secuelas que le dejó la caída del pasado lunes. Phinney no encontró su ritmo en ningún momento y terminó siendo un 'freno' para sus aspiraciones y las de su equipo.

 

La carrera sale de Verona con Joaquim Rodríguez muy reforzado (10º en la general), con 10 segundos de ventaja sobre Roman Kreuziger, 17 sobre Ivan Basso, 39 sobre Frank Schleck, 49 sobre Damiano Cunego, 52 sobre Michele Scarponi. No son diferencias significativas, pero suponen una inyección de moral para el español. Por delante tiene toda la montaña para obtener una ventaja que solo habría que defender en la crono del último día en Milán.

"El equipo ha hecho una contrarreloj espectacular, hemos hecho el segundo mejor tiempo y estoy muy contento porque he sacado tiempo a todos los favoritos, lo que me motiva y me da mucha moral", exclamó un exultante Purito en la línea de meta de Verona. No era para menos. La disciplina que constituye su 'talón de aquiles' le ha dado un impulso favorable e inesperado.

Superado uno de sus mayores obstáculos, en las siguientes etapas deberá evitar otro de sus errores más frecuentes, la precipitación. Mal haría el de Parets del Vallés en impacientarse por la cercanía de la 'maglia' rosa y malgastar energías en algunos de los finales en alto que se presentan. Este Giro se hará muy largo y todo se decidirá en la última semana.

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Lo lleva en la sangre, en su ADN. Esta puede ser la razón más lógica para explicar el motivo por el que Taylor Phinney está hecho para ser ciclista. Porque el primer líder del Giro de Italia 2012, un joven norteamericano de casi dos metros, es hijo de dos medallistas olímpicos.

Su padre, Davis Phinney, fue el primer corredor estadounidense en ganar una etapa en el Tour de Francia y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Su madre Connie Carpenter, también ciclista, se llevó la medalla de oro en las mismas Olimpiadas.

Procedente de la pista, este portento de la naturaleza, de tan solo 21 años, no ha tardado en dejar su sello en una gran vuelta. Phinney 'criado' en el RadioShack de Armstrong y Bruyneel, decidió un buen día dar el paso y fichar por el BMC. La escuadra del belga solo podía ofrecerle un año de contrato.

El estadounidense es un consumado especialista en la lucha individual contra el crono, aunque también ha dado señales de ser un magnífico rodador y un corredor a tener en cuenta para las clásicas en años venideros. Como muestra, su triunfo en la París-Roubaix sub-23 de 2010 y su medalla de bronce en el Mundial de la categoría.

A Phinney no le pesó el cartel de favorito que muchos le habían colgado antes de tomar la salida en Herning. El de Colorado soportó el fuerte viento que soplaba de cara y devoró la larga recta que picaba hacia arriba para hacerse con la primera 'maglia' rosa. De hecho fue el único ciclista que rodó a una media superior a los 50 kilómetros por hora.

Roman Kreuziger marcó la pauta entre los candidatos al triunfo final, con tres segundos de ventaja sobre Ivan Basso y siete sobre un sorprendente Purito Rodríguez. Frank Schleck y Damiano Cunego se dejaron 23 y 27 segundos, respectivamente. Michele Scarponi, que partió en último lugar y vestido de rosa, entregó medio minuto respecto al checo.

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Hablar de un claro favorito a la victoria en el Giro de Italia 2012 resulta tan complicado como explicar lo sucedido con el resultado la pasada edición. Aquella carrera, dominada de principio a fin por Alberto Contador, y que el pasado mes de febrero pasó a manos del segundo clasificado, Michele Scarponi, al ser desposeído el madrileño por su positivo en el Tour de Francia de 2010.

La 95ª edición de la ronda italiana arranca este sábado en Herning (Dinamarca) sin un aspirante que destaque por encima del resto. La prueba presenta un recorrido muy similar al de los últimos años: dinámico y atractivo, con mucha dureza y pocos kilómetros contrarreloj. La carrera rosa tendrá seis finales en alto y solo 40 kilómetros de lucha individual contra el crono.

Entre los candidatos al triunfo final aparecen tres vencedores de la carrera: los italianos Ivan Basso (2006 y 2010), Damiano Cunego (2004) y el mencionado Scarponi. El primero liderará una de los escuadras más potentes, el Liquigas. Mientras que los otros dos, formarán una dupla de ensueño en el otro equipo dominador, el Lampre.

El checo Roman Kreuziger (eterna promesa), Joaquim Rodríguez y Frank Schleck también entran en la nómina de aspirantes. Sin embargo, el rendimiento de los dos últimos es toda una incógnita por el gran desgaste que acumula el español y las pocas apariciones del luxemburgués en este inicio de temporada. Domenico Pozzovivo, John Gadret, Rigoberto Urán y José Rujano pueden ser algunos de los 'tapados'.

Una contrarreloj individual de 8,7 kilómetros por la ciudad danesa y otra por equipos en Verona (4ª etapa) servirán para distanciar un poco a los favoritos antes del primer contacto con la montaña. Éste tendrá lugar en Rocca di Cambo (7ª etapa), un final inédito pero sin excesiva dureza y grandes puertos que le precedan. Al día siguiente, una jornada 'trampa' con llegada al Lago Laceno y un trazado sinuoso y maratoniano (230 kilómetros).

La segunda semana arranca con dos etapas llanas, aunque la segunda termina en Assisi (una subida de 7 kilómetros al 3,8% de desnivel). Destacar la jornada con final en Sestri Levante (12ª etapa), con un recorrido rompepiernas y de media montaña. Las llegadas en alto en Cervinia (14ª etapa) y Pian dei Resinelli (15ª etapa) ayudarán a clarificar aún más la general.

Como ya es habitual, la última semana resultará la más espectacular. La 16ª etapa, con meta en Cortina d'Ampezzo, no termina en alto pero atravesará cuatro grandes puertos: Valparola, Duran, Staulanza y el Passo Giau (a 18 kilómetros de la meta). Más dura será la que finaliza en Alpe di Pampeago, donde los corredores deberán ascender el Manghem, el Passo Pampeago (dos veces) y Lavaze.

Llegamos así a la terrible penúltima jornada. Una etapa diseñada a petición de los aficionados. 220 kilómetros con el Tonale, nada más comenzar, su 'Majestad' el Mortirolo (por la vertiente menos habitual) y la ascensión final al Stelvio (Cima Coppi). Lo que no se decida aquí, quedará resuelto en la crono final por las calles de Milán.

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Echando un vistazo al ranking de la UCI, liderado por el belga Tom Boonen, podemos ver a cuatro españoles entre los diez primeros. La presencia de Samuel Sánchez (3º), Joaquim Rodríguez (5º), Óscar Freire (7º) y Alejandro Valverde (9º) en el 'top ten' de la clasificación mundial constituye una magnífica noticia para el ciclismo español.

Además, España ocupa el primer lugar por naciones, por delante de Italia y Bélgica. Podría decirse que nuestro ciclismo goza de una estupenda salud. Sin embargo, hay que llegar hasta el puesto 35 para encontrar al siguiente corredor español, Juan Antonio Flecha. Por detrás, la nada. Un auténtico desierto.

Más preocupante resulta observar las edades de los ciclistas más determinantes de nuestro pelotón: Samuel Sánchez (34 años), Purito (33), Freire (36), Valverde (32). Alberto Contador cumplirá los 30 en diciembre. El ciclismo español tiene un magnífico presente, aunque el futuro resulta cuanto menos incierto.

En los últimos 12 años España ha sumado la friolera de cuatro mundiales (además de otras siete medallas), cuatro Tours de Francia, ocho Vueltas a España, un Giro de Italia, una medalla de oro en los Juegos Olímpicos y multitud de pruebas, clásicas y carreras de gran prestigio que nunca antes se habían conseguido. Unos logros que probablemente no se han valorado en su justa medida y que tendrán el reconocimiento que merecen con el paso del tiempo.

La generación actual de ciclistas es, sin lugar a dudas, la más brillante y prolífica que jamás haya tenido este país. Una serie de corredores que crecieron con los éxitos de Pedro Delgado y Miguel Indurain y que en estos momentos, cuando enfilan la recta final de su carrera, no tienen un relevo de garantías asegurado.

El ciclismo español necesita la aparición de nuevos valores para prolongar esta racha de éxitos. Una misión que se antoja muy complicada en un país monopolizado por el fútbol, con una juventud en la que apenas se fomenta el ejercicio físico y la cultura del esfuerzo, y con un deporte con una imagen tan dañada como el ciclismo.

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Es Vincenzo Nibali un corredor totalmente distinto en este 2012. Un ciclista que parece haber sufrido una verdadera metamorfosis. De conservador a atacante. Ya no espera a que los demás desfallezcan, a que caigan por eliminación. Ahora es él quien toma la iniciativa y arriesga en los momentos más indicados. 

Mandó un aviso en la Milán-San Remo, cuando su ofensiva a un kilómetro de la cima del Poggio bien pudo llevarle hasta la victoria de no ser por Simon Gerrans y Fabian Cancellara. Esta vez ha vuelto a hacerlo en la Lieja-Bastoña-Lieja, donde solo un estratosférico Maxim Iglinskiy le ha impedido anotarse uno de los 'monumentos' del ciclismo.

El desenlace de la 98ª edición de la 'Decana' comenzó a fraguarse en la Cote de La Redoute, donde los BMC de Philippe Gilbert incrementaron el ritmo para hacer la primera selección. La jugada se cobró una víctima tan importante como inesperada, Valverde. El murciano sufrió una avería en el peor momento y, pese a que su compañero Madrazo le entregó su bicicleta de inmediato, quedó eliminado de la pelea.

Pero la carrera no se rompió de verdad en su cota más famosa. Ese momento tendría lugar en La Roche aux Facons, 'La Roca de los Halcones'. Nada más coronarlo, emergió el oportunista Nibali ante el desconcierto general. El ataque del italiano solo encontró respuesta en Gilbert, consciente de que aquello iba en serio. Sin embargo, el belga tuvo que claudicar ante el poderío de 'Lo Squalo'.

El ganador de la Vuelta a España de 2010 volaba hacia la siguiente subida, la de Saint Nicolas. En el grupo, nadie era capaz de emprender el contraataque. Todo indicaba que el festival del corredor del Liquigas se prolongaría hasta la meta, hasta que Joaquim Rodríguez no se contuvo y quiso morir matando. La maniobra del catalán iba a resultar decisiva, puesto que a rueda del flamente vencedor de la Flecha Valona salió Maxim Iglinskiy, un verdadero peligro.

Subiendo Saint Nicolas el kazajo metió la directa y descolgó a un generoso Purito, que llevó todo el peso de la persecución. De repente, toda la ventaja que llevaba Nibali (en torno a los 40 segundos) comenzaba a desplomarse y su triunfo se veía seriamente amenazado. 'El Tiburón' pasaba de cazador a presa en cuestión de minutos. El heredero de Alexander Vinokourov era un ciclón.

Llegando al repecho final en Ans, el transalpino ya sabía que iba a tener que jugársela con tan incómodo rival. Con el de Mesina en el horizonte, Iglinskiy tenía dos posibilidades: aguardar y contemplar el estado de Nibali; o jugársela con un acelerón inesperado y que su adversario cediera. El de Astana escogió la segunda opción y el siciliano hincó la rodilla a un kilómetro de la llegada.

En la cima de Ans se presentó un imperial Maxim Iglinskiy, en solitario, para inscribir su nombre como el segundo kazajo en ganar la Lieja-Bastoña-Lieja (Vinokourov lo hizo en 2005 y 2010); la que es sin duda la victoria más importante de su carrera. Poco después llegó Vincenzo Nibali, fundido. La nueva versión agresiva del italiano tendrá que esperar su recompensa.

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Hay ciclistas que se encuentran íntimamente ligados a una carrera. Auténticos romances entre un corredor y una prueba. Es el caso de Óscar Freire y el Mundial, el de Tom Boonen y la París-Roubaix, o el de Johan Museew y el Tour de Flandes. El idilio entre Joaquim Rodríguez y la Flecha Valona era algo que por diversas causas nunca había llegado a consumarse.

Lo del catalán y la prueba belga parecía un amor platónico. Porque si hay una carrera que se adapta perfectamente a las características del corredor de Parets del Valles, esa es la que todos los años concluye en el Muro de Huy. Sus 1,64 metros y sus 54 kilos, unidos a su innata facilidad para los finales explosivos, le convertían todos los años en un serio candidato a alzar los brazos en la cima de aquella pared. Sin embargo, la victoria siempre le era esquiva.

Purito sabía que la Flecha Valona le pertenecía, aunque haya tenido que esperar lo suyo. Tuvo que contenerse en los años que ejercía de escudero para Alejandro Valverde. Una vez 'exiliado' en el Katusha y liberado de sus labores de gregario, pudo volar libre y luchar por el triunfo. Segundo en las dos últimas ediciones (en 2010 no pudo con Cadel Evans y el año pasado chocó con el imbatible Gilbert), Joaquim estaba mentalizado para vencer en 2012.

Después de 192 kilómetros recorridos y diversos intentos de escapada, la carrera llegó al pie del Mur de Huy con los últimos fugados, Ryder Hesjedal y Lars Petter Nordhaug, a punto de ser neutralizados. Canadiense y noruego no tardaron en ser absorbidos por el grupo principal, donde Joaquim Rodríguez ya marchaba bien colocado. Un poco más atrás asomaba la figura de Philippe Gilbert, el rival a batir, a pesar de su 'gatillazo' en la Amstel Gold Race.

Fue a 400 metros para el final, cuando Purito descargó toda su furia. El catalán demarró en el mismo lugar donde el año pasado contemplaba impotente como Gilbert se alejaba sin remedio. El tremendo acelerón de Joaquim le permitió abrir un hueco considerable respecto a sus rivales. Esta vez ni el mismísimo campeón belga iba a poder con él.

Los últimos metros fueron de celebración para el corredor del Katusha. El español llegó tan sobrado que solo le faltó hacer el gesto de llevarse a la boca ese 'purito' simulado que dio origen a su apodo. No fue necesario. Era tal la alegría que le invadía, que solo pudo alzar el puño y pasarse la mano por la cara en un gesto de incredulidad.

''Es la victoria más bonita, la más deseada, la más increíble, el mejor día de mi carrera", dijo un emocionado Joaquim Rodríguez nada más cruzar la línea de meta. No era para menos. Llevaba toda una vida esperando este momento. Después de tantas declaraciones de amor y varios intentos fallidos, la Flecha dio el 'sí quiero' a Purito.

 

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Los buenos aficionados al ciclismo recordarán la figura de Djamolidine Abdoujaparov. El brillante esprinter uzbeco de la década de los 90, ganador de varias etapas en las tres grandes vueltas y todo un habitual en las 'volatas'. Ocurre que la gran mayoría de los velocistas pierden explosividad con el paso de los años y cada vez les cuesta más conseguir victorias. Por supuesto, el ciclista de Taskent no iba a estar exento a esa norma.

El bueno de 'Abdou', en la recta final de su carrera, se negó a aceptar su destino y quiso seguir ganando. Consciente de que sus opciones al esprint se habían reducido considerablemente, el corredor de Uzbekistán buscó otras alternativas para alcanzar el triunfo. De esta manera, se 'regaló' una etapa en el Tour de Francia 1996, sorprendiendo a todos atacando desde lejos para vencer en un final nada propicio para sus características.

Algo así pretendió emular Óscar Freire en la 47ª edición de la Amstel Gold Race. La clásica que abre el 'tríptico de las Ardenas' y que todavía se le resiste a los españoles. A los 36 años, el tricampeón del mundo se inventó una genialidad donde nadie lo esperaba y a punto estuvo de añadir a su palmarés otro de los 'monumentos' del ciclismo.

Coronado el penúltimo muro del recorrido, el Kautenberg, el grupo de favoritos se aproximaba al final con todos los candidatos a la victoria entre sus integrantes. Ahí estaban los Philippe Gilbert, Alejandro Valverde, Purito Rodríguez, Damiano Cunego, Samuel Sánchez, Peter Sagan y uno con el pocos contaban, Óscar Freire. El de Torrelavega, sabiendo que esperando a la rampa final del Cauberg nada tenía que hacer, se lanzó a la aventura en solitario a falta de siete kilómetros.

La maniobra del cántabro dejó desconcertados al resto de aspirantes, incapaces de comprender tanta osadía por parte del ciclista del Katusha. Era un ataque de amor propio, insensato, efectuado por alguien que ya no tiene nada que demostrar y que todavía no sabe cuando terminará su carrera. Niki Terpstra fue el único que salió en busca del corredor español, cuya diferencia nunca sobrepasó los veinte segundos.

Así llegaron al inicio del Cauberg, con Freire liderando la prueba y con Terpstra y el pelotón pisándole los talones. Parecía que el tricampeón iba a ser engullido en las primeras rampas por el holandés, pero fue éste quien sucumbió al empuje del grupo, donde Gilbert asumía toda la responsabilidad. El belga que conoce el final como la palma de su mano estaba dispuesto a anotarse su tercer triunfo consecutivo. Freire se defendía notablemente.

Un nuevo arreón del valón y solo Peter Sagan, Enrico Gasparotto y Jelle Vanendert quedaron a su rueda. Una caída de Cunego ayudó a que el corte se produjese. Del resto (Valverde, Purito, etc.) no había noticias. A Freire ya le dolían los piernas una barbaridad. Faltaban 100 metros para la llegada y el de Torrelavega agonizaba, cuando a Gilbert se le acabó la gasolina, dejando claro que no es el mismo de 2011.

 

Con el cántabro neutralizado, Sagan se sintió ganador y lanzó la llegada. Se precipitó. En un último y titánico esfuerzo Gasparotto le superó, consiguiendo el triunfo más importante de su trayectoria. Una carrera que probablemente Freire (cuarto en la meta) ya no ganará. Puede ser la hermosa despedida del español en la Amstel, la del que muere en la orilla. Al Cauberg todavía no le ha dicho adiós, volverá a encontrárselo en septiembre, cuando vaya en busca del cuarto Mundial.

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No es el piloto más veterano de la parrilla de MotoGP, ni por asomo, pero ya se comporta como tal. Jorge Lorenzo solo tiene 24 años y ya actúa como el que lleva toda una vida en el Mundial de motociclismo. El mallorquín ha alcanzado el grado de madurez y experiencia necesario para leer las carreras y tomar las decisiones idóneas.

Lejos queda ya aquel joven alocado y descarado de los primeros años en la categoría reina. Capaz de lograr la 'pole position' en sus tres primeras carreras en MotoGP. Sin embargo, aquella forma de correr siempre al límite le hizo dar con sus huesos en el suelo varias ocasiones. Lorenzo tuvo que replantearse su pilotaje. De lo contrario, podría haberse hecho mucho daño.

El de Palma de Mallorca cambió su estilo, su manera de afrontar las carreras. Ahora se lo toma todo con más calma, con la tranquilidad que le da el hecho de haber sido campeón del mundo. En muchas situaciones es consciente de las limitaciones de su moto y se concentra para exprimir al máximo el rendimiento de ésta.

Situaciones como las vividas en el Gran Premio de Qatar. A pesar de salir desde el primer puesto de la parrilla, Lorenzo intuía que Stoner no tardaría en ponerse en cabeza y escaparse. De hecho así sucedió, aunque el español no se inmutó lo más mínimo cuando Stoner cobró varios segundos de ventaja. Sabía que su M1 carecía de la velocidad punta de las Honda. También que es la más estable en las curvas y le permitiría rodar a un ritmo alto durante toda la carrera.

El piloto de Yamaha se dedicó a cuidar los neumáticos en la primera mitad de la prueba, mientras que el australiano los quemó en su lucha por poner tierra de por medio. Pasado el ecuador de la carrera, el vigente campeón ya perdía varias décimas por vuelta, circunstancia que aprovechó Lorenzo para empezar a recortar diferencias. Sin prisas, con la cabeza fría.

A cuatro vueltas para la conclusión ya tenía a Stoner a tiro, pero en esas apareció Pedrosa, agazapado durante toda la carrera. Aquello no intimidó lo más mínimo al mallorquín, sino todo lo contario: le estimuló. Lorenzo sacó su versión más agresiva en los últimos giros para dejar atrás a los dos pilotos de HRC y apuntarse la victoria en el circuito de Losail.

En sus cuatro temporadas en la categoría de MotoGP, Lorenzo nunca había ganado en Qatar. Ahora afronta las siguientes carreras con serenidad y con la confianza de que este año su Yamaha M1 le permitará plantar cara a la Honda RCV213 de Stoner. En Jerez volverán a verse las caras. Los tres; porque Pedrosa no renuncia a nada y no está dispuesto a ser el tercero en discordia.

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Cuando un ciclista superlativo, de esos que se cuentan con los dedos de la mano, se encuentra en un estado de forma óptimo (física y mental), ya pueden ponerse por delante todas las piedras y los muros de una carrera, que él los derribará sin contemplaciones. Si ese corredor responde al nombre de Tom Boonen, los demás solo pueden apartarse y mirar como se pierde en el horizonte en busca de la gloria.

Así parecía escrito y así sucedió en la 110ª edición de la París-Roubaix, dominada de principio a fin por el gigante belga. El de Mol confirmó lo que muchos intuían en las últimas clásicas: El Tornado está de vuelta. Boonen recuperó su corona en el 'Infierno del Norte' y lo hizo dando una de las mayores exhibiciones que se recuerdan, igualando el récord de triunfos (cuatro) en posesión de Roger de Vlaeminck.

Desde el momento en que se puso a rodar sabía que la carrera le pertenecía. No le importaba ser el gran favorito para la victoria, la rueda a seguir por todos sus rivales. Llevar el peso de la prueba no suponía ningún inconveniente para 'Tommeke'. El sería el encargado de determinar el instante exacto en que la misma se rompería.

Y el momento llegó en Orchies, a 57 kilómetros de la meta. Después de atravesar el bosque de Arenberg (el lugar donde en 2011 perdió todas sus opciones) Boonen decidió que había llegado la hora de destrozar. Primero pudo marcharse con Alessandro Ballan y Filippo Pozzato, pero prefirió esperar. Antes, el propio Ballan, Flecha, Boom y Turgot lo habían probado sin éxito.

No estaba Cancellara, su verdugo en los últimos años, convaleciente de la caída sufrida en el Tour de Flandes. Ante la ausencia del suizo, 'Torpedo Tom' decidió emplear la táctica de su rival: la fuerza bruta. Ganar por aplastamiento. Con ayuda de su compañero de equipo, Niki Terpstra, se despegó del grupo dispuesto a no mirar atrás en ningún momento. Los demás tendrían que ceder ante su poderío.

El acelerón dejó intimidado al resto, que no pudo (o no supo) responder a ese ataque con toda la artillería. Tal vez pensaron que aquello era una locura y que Boonen terminaría pagando semejante insensatez. Cuando quisieron emprender la persecución, el belga ya les había cogido unos metros preciosos. Pozzato, uno de sus mayores enemigos en ausencia de Espartaco, era víctima de su indecisión y de una inoportuna caída. La misma suerte corrió Thor Hushovd, otro peligro.

Los Sky contaban con cuatro integrantes en el grupo perseguidor (Flecha, Boasson Hagen, Stannard y Hayman) para echar abajo la escapada. Sin embargo, en ningún momento dieron la sensación de estar bien coordinados. Tampoco encontraron la colaboración de los dos Rabobank (Boom y Wynants). La única realidad es que en el pavés de poco sirve la superioridad numérica. Aquí solo valen las fuerzas de cada uno y Boonen de eso andaba sobrado.

El Tornado devoraba cada uno de los tramos adoquinados mientras los demás sucumbían ante el recital de ciclismo que estaba dando el campeón del mundo de 2005. Todas las piedras del camino eran trituradas por aquel huracán desatado. Flecha hizo un último intento, a la desesperada, que solo sirvió para desperdigar el grupo. La suerte estaba echada. Tom Boonen entraba en solitario al velódromo de Roubaix y cruzaba la meta con los cuatro dedos en alto. Cuatro París-Roubaix. 35 años después que Roger de Vlaeminck, otro belga repite la misma hazaña. 

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La culpa la tuvo un bidón. Fabian Cancellara rodaba tranquilo en el grupo principal, en pleno avituallamiento, cuando el infortunio se cruzó en el camino del hercúleo ciclista. Algo tan insignifcante, a primera vista, como un bidón de plástico por el suelo hizo caer al suizo fracturándose la clavícula por tres sitios. Faltaban 62 kilómetos para la llegada y el Tour de Flandes perdía a uno de los grandes candidatos a la victoria.

El expreso de Berna últimamente parece gafado en 'De Ronde'. Si el año pasado dio muestras de albergar algo de humanidad en su interior, con una 'pájara' en toda regla, ésta vez nos ofrece una imagen inédita: la de un corredor de carne y hueso. Frágil y expuesto a las caídas, como cualquier integrante del pelotón.

El abandono de Espartaco trastocó el orden de los acontecimientos. Ya no habría nadie que hiciese saltar la prueba por los aires. Alguien capaz de reventar a todos desde lejos. Con Cancellara fuera de combate a Tom Boonen se le aclaró el panorama. El belga, dispuesto a reconquistar el cetro seis años después, se había quitado de en medio a su más encarnizado rival.

De esta forma, 'Tommeke' (vencedor en 2005 y 2006) quedaba como el gran favorito para triunfar en la 96ª edición del Tour de FlandesUno de los 'monumentos' del ciclismo. Para algunos una verdadera religión, un acontecimiento que reúne a cerca de un millón de espectadores. En esta ocasión, la organización había decidido suprimir del recorrido uno de los muros más emblemáticos, el Kapelmuur. En su lugar se pasaría tres veces por el Kwaremont y el Paterberg.

Fue en el tercer y último paso por el Kwaremont cuando la carrera se hizo pedazos. Hasta ese momento todos habían estado bajo el control del Omega Pharma-Quick Step de Boonen, donde Niki Terpstra y Sylvain Chavanel cumplieron a la perfección. Atacó Alessandro Ballan (el ganador de 2007), con fuerza y decisión, dispuesto a hacer el mayor destrozo posible. Se marchó el italiano y tras él su compatriota Filippo Pozzato y, para desgracia de ambos, el gigante Boonen. El Tornado sabía que se estaba cociendo el desenlace de la prueba y se enganchó a los dos transalpinos.

Sin tiempo para pensar, el trío se plantó en el Paterberg donde el belga dio muestras de flaqueza. Sin embargo, Boonen no cedió y ahí murieron buena parte de las opciones de Ballan. Los tres iban a jugarse la victoria en la llegada inédita de Oudenaarde. De nada sirvieron los esfuerzos de Luca Paolini y Peter Sagan por contactar con ellos. El esloveno volvió a quedarse a las puertas de la gloria, como en Milán-San Remo o en la Gante-Wevelgem. Que nadie lo dude, el Bicho también ganará en Flandes.

Los últimos kilómetros fueron los de la agonía de Ballan. El campeón del mundo 2008 (inferior a sus dos adversarios en punta de velocidad) intentó una y otra vez, sin éxito, dejar clavados a sus compañeros de fuga. Pozzato lo fiaba todo a sus piernas, las que él intuía como las más frescas. Tal vez no contaba con que Boonen, a sus 31 años, ya se les sabe todas. El de Mol no esperó a que el italiano lanzase la llegada y tomó la iniciativa. Midió perfectamente la distancia y ejecutó el esprint. Por un momento, Pozzato dio la impresión de poder rebasarlo, pero aquellos metros fueron insalvables.

Boonen se coronaba por tercera vez en 'De Ronde', para delirio de sus paisanos, que ven como uno de sus ídolos se ha recuperado para la causa. El próximo domingo intentará el más difícil todavía, conseguir su cuarta París-Roubaix. La que le igualaría con su compatiota Roger de Vlaeminck, como el corredor con más victorias. Allí tampoco estará Cancellara, ni sus fantasmas. Esos que parece haber espantado definitivamente.

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Es una historia que se repite muy a menudo en el mundo del deporte. Joven con grandes aptitudes, un excelente palmarés a sus espaldas y un brillante porvenir; decide, embriagado por el éxito, tirarlo todo por lo borda y perderse en la oscuridad. Unos se quedan en el camino, otros consiguen regresar a la élite.

Es el caso de Tom Boonen. Afortunadamente, el belga pertenece al segundo grupo, el de los que han salido del agujero. A sus 31 años el corredor de Mol ha vuelto a la primera línea del ciclismo, el lugar que nunca debió abandonar, con sus triunfos en París-Niza y en las clásicas E3 Prijs Vlaanderen-Harelbeke y Gante-Wevelgem. Boonen suma cuatro victorias más en 2012 que le convierten en una de las sensaciones de la temporada.

Precisamente la E3 y la Gante-Wevelgem (sus últimos triunfos) fueron escenarios de las primeras grandes victorias como profesional (2004) para un joven recién llegado al Quick Step (equipo donde acumula ya ocho temporadas), procedente del US Postal, dotado con un portentoso físico (1,93 metros y 82 kilos) y un talento natural para las llegadas al esprint y las carreras de un día. Dos etapas en el Tour de Francia eran el anticipo de lo que estaba por venir.

2005 fue el año de su verdadera explosión y el comienzo de su idilio con las grandes clásicas. Se apunta su primer Tour de Flandes y su primera París-Roubaix, dos de los llamados 'monumentos' del ciclismo. Otro doblete en el Tour fue la antesala de su gran triunfo como ciclista, la prueba en ruta del Mundial disputado en Madrid. Boonen se impuso a Valverde y Geslin al esprint para enfundarse su primer y único arcoíris hasta la fecha. Con apenas 24 años, y a punto de cumplir los 25, ya está en la cima de su deporte.

Los años siguientes traen más triunfos para el belga. Repite victoria en Flandes (2006) y Roubaix (2008). Suma etapas en la Vuelta a España y el Tour de Francia, donde consigue el maillot de la regularidad (2007). Su trayectoria solo se ve empañada por un positivo por cocaína en mayo de 2008, que le impidió disputar la ronda gala de aquel año y los Juegos Olímpicos de Pekín.

Arranca con fuerza en 2009 anotándose su tercera París-Roubaix, situándose a un solo triunfo del récord de su compatriota Roger de Vlaeminck. Sin embargo, en el mes de mayo todo se desmorona. Boonen vuelve a dar positivo por cocaína. El corredor alega problemas con el alcohol, los cuales le hacen consumir dicha sustancia. Ha tocado fondo.

Intenta rescatar su mejor versión en 2010, pero la cabeza y las piernas ya no le responden como antes. Empieza a ver la luz al año siguiente con su segunda victoria en la Gante-Wevelgem, una mejoría que parece confirmarse con su espléndido inicio en 2012. Las 'clásicas de primavera' ya están aquí y Tom Boonen parece haber recuperado su mejor golpe de pedal.

El domingo estará en la salida del Tour de Flandes, una de sus carreras preferidas. Allí se medirá a Fabian Cancellara y Philippe Gilbert, entre otros, los que ocupan el trono que en su día dejó vacante y ahora pretende recuperar a toda costa. El ciclismo le brinda una segunda oportunidad y Boonen quiere aprovecharla.

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