Entre las mil y una cosas que una lee sobre dietas, siempre me habían llamado la atención las dietas disociadas. Pero no me había decidido a probar porque, aunque dicen que adelgazan rápidamente, también dicen que pueden tener efectos perjudiciales sobre la salud. Hasta que leí un artículo muy interesante sobre la dieta de la Zona del doctor Barry Sears (todos sus libros en www.fnac.es), que llegó a crearla a través de sus investigaciones científicas sobre la obesidad. En realidad, lo que Sears defiende como dieta saludable y ligera, es una versión actualizada de la dieta mediterránea de toda la vida. Esto me empezaba a interesar.
Pero una cosa me llamaba la atención: en su dieta, Sears no elimina alimentos pero sí reduce mucho los hidratos de carbono de índice glucémico alto (¡ya hablo hasta en términos científicos!), o sea, pasta, patatas, arroz y pan básicamente. Frente a estos hidratos, a las legumbres y a las verduras les da un papel protagonista. Así, una comida “en zona” consiste en carne o pescado con verduras, o legumbres con verduras, y, por supuesto, fruta a todas horas. Aunque Sears dice que los hidratos deben tomarse con moderación, yo ni siquiera los veía en el ejemplo de dieta que mostraba la revista. Y esto me parecía parecido a una dieta disociada o, aún peor, a una dieta en la que tenían que desaparecer el pan o la pasta, alimentos de los que yo no puedo prescindir por mucho que lo intente, a favor de las proteínas.
Una amiga nutricionista me dijo que aunque esta dieta era muy sana, le parecía que reducía demasiado los hidratos de carbono, sanos y muy nutritivos. Así que seguí sin decidirme a probar. Hasta que, cosas de la vida, en la primera conversación que tuve con la ‘ex’ de mi novio, que tras los prejuicios normales resultó ser un encanto de mujer, hablamos precisamente de la dieta que ella estaba siguiendo y que le estaba yendo de maravilla: ¡una dieta disociada! “Cuéntamelo todo”, le pedí eufórica al poder hablar con alguien que parecía prudente, sana y, sobre todo, tenía un cuerpo espectacular”. A ella esta dieta se la había prescrito una nutricionista que, además, le había enseñado a comer bien. Básicamente consistía, y esto es lo que me convenció, en comer de todo pero no en la misma comida, es decir, se trataba de disociar los alimentos a lo largo del día, lo que no sólo te hace adelgazar sino que te facilita la digestión. Eso sí, “tienes que asegurarte de comer alimentos de todos los grupos durante el día para estar bien alimentada”, me dijo. Por ejemplo: si comes pasta, por la noche toma proteínas; y todo ello con verdura. “Puedes comer hasta dulces si los tomas entre horas (¡aleluya!). “Tampoco tienes que eliminar las grasas -sanas, claro-, pero no las mezcles con los hidratos”, añadió.
Todo lo que me explicó me pareció coherente y fácil de seguir. La primera máxima es que las verduras no pueden faltar. Vamos, que te puedes comer unas patatas fritas o un trozo de chorizo, pero con canónigos o judías verdes. Para que lo tengáis claro, os cuento qué he comido hoy: para desayunar, tostadas con aceite de oliva, mermelada, té y zumo de naranja; para comer, ensalada de pasta con brotes de soja, aceitunas y champiñones, y un melocotón; para merendar, un helado...; y para cenar, gazpacho y salmón a la plancha con ensalada, melón y un trozo de chocolate negro. Por supuesto, de vez en cuando me salto la dieta porque no puedo hacerla o porque, simplemente, me apetece comerme un cocido o una paella. Pero llevo casi tres meses siguiendo esta forma de comer y he adelgazado casi tres kilos y, lo mejor, veo que me mantengo en el peso. ¿Crees que es sano lo que hago?