Nueva York no sólo exporta tendencias de moda a todo el planeta sino también de fitness. Un amigo que acaba de regresar de la ciudad de los rascacielos, dueño de un conocido gimnasio en Madrid, me contó que la última moda en los clubes de fitness de N. Y. son las clases de cardio box en las que las y los participantes descargan todas sus iras, además de sus golpes, contra la foto de sus ‘ex’. La terapia parece estar dando tan buenos resultados que incluso el día de San Valentín hacen promociones especiales que incluyen una sesión de boxeo intenso contra el ex, una botella de champán y una rosa para ayudarles a recuperarse del desplante sufrido. Por lo que me cuenta mi amigo, este tipo de sesiones están haciendo furor en N.Y., donde, me imagino, cada pocos minutos rompe una pareja y pone de nuevo en el ‘mercado’ a un soltero/a despechado que necesita desahogarse.
No sé si en España, donde aún tenemos un gran sentido del ridículo, sobre todo en lugares como los gimnasios, llegará a haber alguna vez este tipo de sesiones de cardio box ‘tematizadas’. Pero sí tengo la absoluta certeza de que muchas de las mujeres que acuden a las clases de body combat -una de las modalidades de cardio box que yo practico en el gym- dan los puñetazos y patadas pensando en el ‘ex’, en su actual pareja o en su jefe, todos ellos, de cuando en cuando, bastante ‘puñeteros’. De hecho, en la clase de body combat que yo hago -boxeo y artes marciales con música- serían dignas de ver las caras de las participantes, a juzgar, sobre todo, por los gritos enfurecidos que más de una da cuando suelta un puñetazo o una patada. Estoy convencida de que mentalmente les están dando una paliza de muerte a cualquiera de los tres sujetos masculinos citados. Y lo digo con gran convencimiento porque yo misma lo he hecho...
Empecé a hacer body combat (http://www.fitnesspain.org) al poco de dejarlo con un novio que me había dado, más que problemas, penurias, porque resultó ser el típico sinvergüenza que una vez en la vida nos engaña a todas. Las iras, odios y tristezas interiores que tenía me estaban consumiendo, y el ejercicio, que siempre había sido un gran alivio para mí, no era suficiente para descargar tanto volumen de ‘violencia mental’. Hasta que entre en una clase de body combat: aquello era intenso de verdad, se daban unos puñetazos y unas patadas tipo ‘Matrix’ y ‘Tigre y Dragón’ que te hacían escupir la adrenalina. Todo eso frente al espejo y con una música súper cañera de fondo. Yo me había puesto hasta guantillas para la ocasión, y la paliza ficticia que le di al desgraciado aquel le debe estar todavía doliendo en el karma.
¡Madre mía¡ Me volví una auténtica adicta al combat. Al principio por la descarga física y mental tan ‘heavy’ y gratificante que me proporcionaba. Pero después, porque descubrí que se me estaba quedando un cuerpo de lo más interesante para mis futuras conquistas: ¡por fin delgada, tonificada, con la tripa lisa y hasta los abdominales marcados¡ Incluso estaban empezando a salirme unos amagos de músculos en piernas y brazos. Y es que la clase, totalmente aeróbica, resultó ser el mejor quemacalorías que había probado en mucho tiempo; y a aquellas malditas flexiones del final que tanto me costaban le debían mucho mis nuevos y torneados brazos. El cambio físico me ayudó a recuperar bastante mi maltrecha autoestima e incluso, por primera vez en mi vida, me sentía de alguna forma más fuerte y hasta valiente. Confieso, aunque me muero de vergüenza, que de vez en cuando me imaginaba soltándole golpes y patadas de las que aprendíamos en clase a un supuesto atracador o violador -del impresentable ya me había olvidado-. Y la verdad es que, aunque no como yo había imaginado- llegó el día en que lo hice realidad, pero ésa es otra historia... ¿Han resultado para ti tan ‘reveladoras’ las clases de cardio-box o body combat?