
Os juró que ya no sé qué pensar y, mucho menos, qué comer. Ayer, en un vuelo a Ibiza (¡yuhuuuu!), leí en el periódico que la última dieta de moda era la del bocadillo. Dos nutricionistas de Madrid se están haciendo famosas por hacer adelgazar a la gente a base de bocatas. Por lo que leí, se trata de sustituir una comida al día por un bocadillo de cualquier tipo de pan, incluso de molde. La clave del éxito de esta dieta está en que el pan, en contra de lo que muchas veces se ha dicho, engorda muy poco porque apenas tiene grasa.
No sé a vosotras, pero a mí esta dieta me alegra y me descoloca a partes iguales. Me emociona porque siempre he sido fan del bocadillo de tortilla y, no digamos, el de jamón ibérico, que cura enfermedades y cuitas a la par. También porque me encanta el pan en todas sus variedades y me resulta imposible privarme de él; me lo como incluso ‘a palo seco’. Pero mi confusión nutricional renace con esta dieta, ya que el pan es lo que siempre te piden controlar, y todo el que se considera a régimen huye de cualquier tipo de bocadillo.

Esta dieta me ha hecho pensar varias cosas que la hacen atractiva e incluso llena de lógica. Primero, es perfecta para quienes tienen poco tiempo o comen fuera de casa, ya que uno puede llevarse un bocata al trabajo y luego prepararse algo más elaborado por la noche. Después está el aspecto psicológico: comer bocadillos no te da la sensación de estar a dieta. Por otra parte, comer pan te llena y te da energías, algo que se pierde bastante cuando uno está a dieta. Para terminar, comerte un bocadillo al día supongo que equivale a las pequeñas raciones de pan que te mandan en cualquier dieta, por lo que se trata de comer tu ración diaria de pan de una forma más apetecible.
Todos estos argumentos apoyan una vez más mi tesis de que la comida mediterránea es la mejor. Donde esté un buen bocadillo de jamón ibérico con un poquito de aceite de oliva virgen, que se quiten los sushis, los tofus, los pavos bajos en grasa y hasta las más hidrogenadas exquisiteces de la ‘haute cuisine’. Por el momento, y para celebrar mi adhesión a esta dieta, me voy a pasar por La Paninoteca D’E (
http://www.elpaninode.com/), el restaurante de ‘fast food de lujo’ de Sergi Arola y el maestro pastelero Juan Torreblanca, a probar uno de sus exquisitos bocadillos gourmet: de torta del casar, aceite de trufa blanca y pimienta negra; de anguila ahumada, mascarpone, rucola y aceite de limón-pimienta...
Antes de despedirme, y como no me dio tiempo a leer todo el artículo, os dejo dos preguntas: ¿puede alguien contarme un poco más sobre la dieta del bocadillo y decirme quiénes son las nutricionistas que la han creado? Y segunda: ¿podríais recomendarme sitios para comer buenos bocadillos en cualquier lugar de España?