
Siento haber aludido al santo santísimo, sobre todo porque soy atea, pero mi ateísmo pedía casi una reconversión ante semejante hecho. Investigando estaba por Internet a la busca de una buena clínica de estética para una amiga obsesionada con el botox, cuando descubrí, ante mi mayúscula sorpresa, un centro de medicina estética ¡sólo para ellos¡ (
http://www.men-estetic.com/). Os juro que no supe si alegrarme o entristecerme, pero inmediatamente después no sólo me dio pena, sino mucha más pena. Y no lo digo porque no crea que ellos también tienen derecho a cuidarse, sino porque no saben dónde se meten, a qué demencial tiranía se someten, por qué oscuro camino sin retorno se adentran los pobres. En mi opinión, no hay mayor dictadura que la de la belleza, sobre todo porque es uno mismo quien ejerce de tirano contra sí mismo.
Al decir esto no quiero desprestigiar la labor de los profesionales que trabajan en dicho centro, todo lo contrario, me parece un gran avance, ya que una parte importante de la población masculina demanda ya este tipo de cuidados. Pero a mí, francamente, no me gustaría nada que mi pareja se pusiera botox, o se hiciera la depilación láser, o se diera masajes para reducir la grasa abdominal. Serán prejuicios, pero me daría un poco de grima estar con un hombre que se cuidase más que yo. ¡Dios mío! -otra vez mi ateísmo retrocede-, si además de competir entre nosotras mismas y ser encima nuestras peores jueces, tuviéramos que competir con nuestras parejas en belleza, ¡qué sería de nosotras! Se me ocurren mil situaciones embarazosas: en pleno arrebato amoroso os arrancáis la ropa, él tiene las piernas suaves y sedosas, y tú... ¡llenas de pelos!; vais a una boda, él con una melena hidratada, brillante y bien peinada, y tú, con una semi ondulación conseguida a base de una noche de rulos e insomnio; aprovecháis la paga extra para renovar vuestro vestuario y ¡a él le sienta todo de maravilla y tú no puedo hacer que las faldas te suban de los malditos muslos! Los ejemplos podrían ser infinitos...

Volviendo a la pregunta del titular, hay otra cuestión importante con la que amilanarles: el careto que se le pone a la gente cuando se inyecta botox. Seguramente haya mujeres que con mucha sapiencia se lo ponen con mesura y no se les nota, pero a otras muchas -pobrecillas- se les va la mano y acaban teniendo unas caras extrañísimas, con los rasgos como desdibujados y cara de susto. Efecto que se multiplica cuando lo que se hacen es un lifting, en el que la boca muchas veces se alarga de oreja a oreja. Nicole Kidman es un claro ejemplo de lo que digo. Esta bellísima mujer cada vez tiene la cara más rara, y el culpable no son los años, sino el botox.
¿Queremos tener novios con la cara plastificada, o con las atractivas arrugas propias de la edad? ¿Quieren ellos tener cara de Madel Man? Mi propuesta es que lleguemos todos a un acuerdo: nosotras aceptamos sus arrugas si ellos aceptan las nuestras y empiezan a conservarnos atractivas aunque tengamos más de cuarenta. ¿Qué opináis vosotras?