“El sueño de convertirse en un top model”. Éste es el lema del programa que
Cuatro emite los miércoles a las 10:00 y que presenta la súper modelo -la mejor que hemos tenido-
Judith Mascó. El objetivo:
representar a España en el concurso New Look of the Year, el más prestigioso certamen de moda internacional,
y llegar a ser una reputada modelo. Para ello,
13 chicas recorrerán en el Centro Elite -descubridor de Cindy Crawford, Gisele Bündchen o Nieves Álvarez-,
un camino de esfuerzo, aprendizaje y superación bajo la tutela de un grupo de profesionales de todos los ámbitos del mundo de la moda. No sé a vosotros, pero
a mí este programa me produce sentimientos encontrados. Por una parte
me da mucha curiosidad saber cómo es el mundo de las tops desde dentro: cómo se preparan, qué se les exige, en qué consiste su trabajo, qué cuerpo hay que tener para ser una de ellas...
Pero por otra parte, me da cierta pena ver a chicas tan jovencitas, casi niñas, adentrarse en un mundo de adultos donde la competencia es feroz, las presiones son atroces y, no nos engañemos,
pocas se salvan de tener problemas de alimentación.
Judith Mascó, una de las pocas modelos que ha conseguido ser también
un modelo como mujer, como persona y como madre, es muy clara cuando
habla de lo duro que es llegar a ser una verdadera modelo. Sobre la primera nominación que hubo entre las 13 participantes, en la que
obligaron a las propias niñas a elegir a la que debía irse (lloraban como magdalenas pero
nominaron a Odilia por tener el cuerpo ancho), Judith decía que eso ocurre cada día en el mundo de las tops, que tienen que someterse constantemente a las críticas ajenas. Mascó fue muy clara:
“hay miles de niñas guapas, pero tan sólo alguna puede llegar a ser modelo”.
Qué duro me parece que valgas lo que vale tu aspecto, que tu trabajo consista en enseñarte, que tu herramienta de trabajo sea tu cuerpo. Aunque también creo, y
rompo una lanza en favor de ese grupo selecto de top models, que sin carisma, personalidad o “feeling” personal no se puede llegar a la cima.
Kate Moss es el mejor y a la vez el peor ejemplo de lo que digo. Nunca ha sido la más guapa, nunca ha tenido el mejor cuerpo;
no es la más alta ni la más bella;
ha rozado la anorexia y se ha drogado; pero tiene más de treinta años y
sigue siendo la mejor. Porque tiene algo, un aura
entre lo angelical y lo infernal, que la hace única, que hace que
todo lo que se ponga se convierta inmediatamente en tendencia, que hace que los hombres la encuentren sexy y las mujeres la envidien.
Me preocupa que el sueño de miles de chicas en todo el mundo sea convertirse en modelos. Pero lo entiendo y lo respeto; si yo hubiera medido 1,80 y tuviera un cuerpo bonito seguro que también se me hubiera pasado por la cabeza.
Tal vez mostrar desde dentro cómo es el “mundillo del modelaje” le quite las ganas a muchas de ellas: sesiones de fotos bajo el agua y entre tiburones, vestidas de esquí en pleno verano, rodeadas de insectos, en bañador en pleno invierno... Yo, desde luego, no creo que soportase la presión de tener que estar delgadísima y guapísima.
Una amiga que trabaja en moda me contaba que las modelos con las que ella ha hecho reportajes estaban escuálidas, apenas comían, algunas se mareaban, todas pensaban que tenían que adelgazar más, eran terriblemente inseguras y vivían sometidas a una despiadada competencia.
Otra amiga modelo me contó que lo dejó porque no soportaba tener que comer tan poco para estar delgada y que las chicas la mirasen de arriba abajo en los castings para ver si era más guapa que ellas.
Judith Mascó es la mejor presentadora que podía tener el programa Supermodelo 2006 porque es la excepción que confirma la regla:
es una mujer normal, sana, a la que nunca se le han conocido problemas con su peso o las drogas, y con una vida personal estable y feliz. También me gusta que estén entre el jurado
Antonia Dell’Atte, o Paola Dominguín, poseedoras de una belleza no exenta de defectos. Si ése es el resultado que busca el programa, adelante,
pero que enseñen a las chicas a comer de forma sana y a cuidarse sin matarse por favor.
¿Qué pensáis del programa? Sed sincer@s:
¿concursaríais en él o dejaríais que vuestras hijas lo hicieran? Creo que yo no tendré clara la respuesta hasta el final del concurso.