Por suerte o por desgracia, las mujeres tenemos la capacidad física y mental de poder hacer varias cosas al mismo tiempo. Algo para lo que ellos, meritorias expeciones aparte, están incapacitados (mi novio es incapaz de contestarme a la pregunta más simple mientras está viendo la tele, y os aseguro que es muy inteligente).
No conozco una sola mujer que no esté pluriempleada... por ella misma y sus circunstancias. Muy pocas llegan a casa después de una agotadora jornada de trabajo y se tiran en el sofá mando de la tele en mano.
Al salir del trabajo lo normal es que, tras haber recogido a
los niños, cualquier mujer aproveche para hacer la
compra, pasar por
la tintorería; o - la más afortunada- intentar llegar a tiempo al
gimnasio. De camino a casa ya están pensando
qué van a hacer para cenar, qué necesitan los niños para el día siguiente,
qué lavadora van a poner... Ya
en casa, y antes casi de desvestirse, estas "súper mujereres" prepararán
la cena,
sacarán algo del congelador para el día siguiente,
tenderán la lavadora que pusieron por la mañana,
recogerán un poco la casa, le
harán mimos a su pareja... Después de cenar, la mayoría intentará
dejar las cosas medio recogidas,
planchar la ropa del día siguiente,
terminar el trabajo que se ha traído de la oficina,
sentarse un ratito en el sofá con su
pareja -que
siempre pide más sexo- y, si hay mucha suerte y no está totalmente exhausta, dedicarse unos minutos a sí misma.
¿AGOTADOR NO?
Pues, sinceramente, creo que me he quedado corta respecto al día a día de muchas mujeres que tienen varios hijos, trabajan fuera de casa, no cuentan con el apoyo real de sus parejas en las tareas domésticas (poner la mesa o hacer la cena no es suficiente), no ganan como para pagar a una asistenta, a una canguro o para darse un masaje - tan sólo uno- de vez en cuando, para comer fuera de casa en lugar de tener que cocinar para toda la familia; o que jamás tienen tiempo para ellas mismas: para cuidarse, para dormir, para descansar, para estar a solas consigo mismas o quedar con las amigas.
También es cierto que, aunque sí tengan apoyo en la casa por parte de sus parejas e incluso un buen nivel económico, muchas mujeres tienen lo que yo llamo "el gen femenino del pluriempleo o la hiperactividad". Esto es, mujeres tan capaces, resueltas e independientes, que se cargan diariamente con muchas más responsabilidades de las que deben por culpa de esa maldita virtud-defecto femenino de poder hacer varias cosas al mismo tiempo. O porque nos cuesta demasiado sentirnos satisfechas con nosotras mismas y siempre pensamos que tenemos que hacer más cosas para que nos valoren. O porque tenemos tal inquietud interior que, si nos quedamos quietas, tenemos la sensación de estar perdiendo el tiempo.
Esto último es lo que me pasa a mí. Tengo una imperiosa necesidad de hacer muchas cosas diferentes para tener la sensación de que estoy aprovechando el tiempo, de que no paso por la vida sin vivirla, de que no me dejo en el tintero cosas de las que puedo ser capaz si me lo propongo. Y así me pasa, que de vez en cuando me quedó como catatónica, me dan unas crisis tremendas de agotamiento y no soy capaz ni de dormir de lo exhausta que estoy. Os cuento mi día a día y juzgáis vosotr@s mismos: me levanto a las 8.45 para ir a trabajar al showroom de una firma de ropa (mi horario es de 10 a 2, pero siempre me quedo más); a eso de las 2 o las 3 salgo pitando para un gimnasio donde trabajo como redactora de una revista deportiva, como periodista freelance y monitora de fitness (por mantenerme); de allí salgo entre las 9.30 y las 10 de la noche (a todo esto, no tengo coche y me paso la vida en el metro o el autobús). Cuando llego a casa preparo la cena con mi chico, aprovecho para poner una lavadora o recoger un poco y, tras descansar un ratito, vuelvo a encender el ordenador para hacer el blog (me dan la 1, las 2...). Durante el día, aprovecho el mínimo hueco para comprar comida, hacer recados y gestiones, ir de compras... Suelo comer frente al ordenador y no hay fin de semana que no tenga que encenderlo para adelantar trabajo.
Pensaréis que la culpa la tengo yo por "meterme en tantos fregáos". Cierto, pero también tienen la culpa los malditos precios de Madrid (alquiler, letras del piso, ropa, muebles, comer, salir...) y, por supuesto, mi pronunciadísimo "gen femenino del pluriempleo". No puedo evitarlo, me motivan los retos, me gusta sentirme activa, trabajar mucho para luego disfrutar más del tiempo de descanso... ¿Os pasa a vosotras lo mismo? Sois súper mujeres que trabajan dentro y fuera de casa. ¿Os ayudan vuestras parejas todo lo que quisiérais?