Hace mucho tiempo que la fruta dejó de saber a fruta, que la carne dejó de seber a carne, que la leche dejó de ser leche,
que el pan dejó de ser pan... para convertirse en combinados nutricionales llenos de cuerpos extraños: conservantes, colorantes, edulcorantes, pesticidas, sustancias químicas...
¿Quién sabe lo que come hoy en día? Y mejor no pensarlo, porque si no, no vives imaginando la cantidad de cosas extrañas, muchos de ellos claramente perjudiciales para la salud, que nos metemos para el cuerpo.
O te das a la comida biológica -lo que te machaca el presupuesto-
, te montas un huerto en la terraza y te pasas la vida leyendo las etiquetas de todo lo que compras, o haces la vista gorda y asumes que "de algo hay que morir". Porque como te empieces a emparanoiar con la comida te vuelves
ortoréxico perdido (un nuevo trastorno alimenticio caracterizado por obsesionarse por comer sano). Pero,
¿es posible comer sano hoy en día? ¿Se pueden conseguir productos biológicos de una tierra y un mar ya contaminado?
El informe Alimentos', elaborado por la organización WWF/Adena alerta de que se han encontrado sustancias químicas sintéticas en alimentos consumidos en toda Europa, desde losproductos lácteos hasta la carne y el pescado. Y este "cóctel" de químicos tóxicos se ha detectado en la sangre humana, la vida silvestre y el medio ambiente en diferentes estudios realizados en diferentes países de la UE. Y si toda la cadena alimenticia está contaminada, ¿qué podemos hacer? Tal vez la naturaleza, que como harto se ha dicho, es sabia, también se está adaptando a estos cambios permitiendo que tanto los animales como el ser humano puedan tolerar todas estas sustancias nocivas sin que le afecten. Desde luego, o la especie se adapta, o la raza humana lo tiene crudo.
Este estudio analizó productos lácteos (leche, mantequilla y queso), carne (salchichas, filetes, jamón, chuletas, panceta y pechugas de pollo), pescados (salmón ahumado, arenque y atún), pan, miel, y aceite de oliva comprados en supermercados de España (jamón curado y queso manchego), Reino Unido, Italia, Grecia, Suecia, Finlandia y Polonia. En todos ellos encontraron sustancias químicas potencialmente dañinas, ¡hasta en el aciete de oliva! Encima resulta que estas porquerías son similares a las hormonas (¡lo que nos faltaba a las mujeres!), por lo que interfieren en el sistema endocrino y pueden potenciar la obesidad, diferentes tipos de cáncer, diabetes, además de reducir la fertilidad.
O sea, que aunque uno se proponga dejar la comida basura y comer sano, también acaba comiendo basura. El Parlamento Europeo va a votar una nueva legislación sobre sustancias químicas para proteger a los seres humanos y al medio ambiente, pero las presiones de la industria han debilitado estos propósitos hasta convertirlos en mejoras poco significativas. ¿Qué hacemos entonces? Ni siquiera se puede volver uno vegetariano...
¿Qué pensáis vosotr@s? Tal y como están las cosas, ¿que podemos hacer? ¿Comer de todo sin pensar en las porquerías y que sea lo que Dios quiera, o empezar a mirar las etiquetas, comer más productos ecológicos, evitar los alimentos demasiado elaborados y acabar ortoréxicos perdidos?