Hace cuatro años se me caía el pelo a mechones y ahora lo tengo sano y fuerte. Esto es lo que le dije a una de mis mejores amigas, desesperada no tanto por su problema de caída sino por lo que le habían dicho en un conocido centro capilar. Preocupada como cualquier mujer ante una caída anormal del pelo, decidió ir a este centro, donde una mujer con más de comercial que de especialista capilar, casi la hace llorar.
Sin analítica sanguínea ni hormonal de por medio, y mediante el análisis vía microscopio de un par de pelos arrancados, la invidua le dijo a mi amiga que tenía un severo problema de caída, sentencia que acompañó enseñándole uan foto de una mujer de más de 50 años (mi amiga no llega ni a los 30) con una calva frontal como una rosquilla. A mi pobre amiga, por supuesto, le dio un soponcio y se empezó a imaginar llevando peluca, pañuelos, etc. Acto seguido, y siempre llamándola por su nombre, le dijo que su tratamiento tenían que ser treinta sesiones urgentes de tratamiento con su exclusivo método. La cifra de este infalible tratamiento ascendía a 1.800 euros. Al decirle mi amiga, aumentado el disgusto por la exorbitante cantidad, que le parecía un poco caro, la enrgúmena le dijo: “cariño, todo depende de lo que valores tu pelo, además, tenemos financiación, te la calculo ahora mismo”... ¿No es esto aprovecharse de drama ajeno? ¿Se puede ser más cruel, menos humano y menos profesional?
Esa misma noche había quedado yo a cenar con mi amiga. Como un pajarito me contó lo angustiada que estaba con su caída de pelo y lo que le habían dicho en este sitio. Imagináos mi reacción, me puse hecha una fiera; si no llega a ser porque era tarde, me planto en el maldito centro a darle a la tía esa con la foto en la cabeza. Qué manera de jugar con el drama ajeno ¿no? A cualquiera que le digan que tiene un problema de alopecia severo y le enseñan una foto de una persona calva diciéndole que eso es lo que le espera, se deja allí el sueldo de un año y embarga su casa si es necesario. Porque mira que asusta lo de la caída, y más a una chica, porque ellos lo tienen más asumido (¿o no?); y además un chico con el pelo rapado resulta muy atractivo. Pero ¿dónde vamos nosotras con el pelo al uno? La melena de una chica es parte de su esencia, de su atractivo, y no hay quien no se angustie ante la posibilidad de quedarse con poco pelo.
Menos mal que yo ya había pasado por ese drama hace unos años, cuando un ruptura amorosa me había dejado con una depresión de caballo, un montón de kilos menos, un estado físico lamentable y una tristeza crónica... los ingredientes necesarios para que el pelo se resienta y se debilite. Muerta de miedo al ver como se me caía el pelo, angustiada por las pesadillas que tenía, aterrorizada cada vez que tenía que lavármelo o peinarme, acudí tanto al dermatólogo como al ginecólogo. Ambos me hicieron analíticas de todo tipo y me prescribieron un complejo vitamínico y un champú especiales, ampollas anticaída (el Minoxidil va genial) e incluso la píldora para regular mis hormonas. Con todo esto mi cabello fue fortaleciéndose. Pasado el tiempo sé que mi pelo se fue recuperando a medida que yo iba superando mi pena...
Mi amiga no tiene ningún problema amoroso porque tiene un novio espectacular. Lo que mi amiga tiene es que lleva dos años levántándose a las 6 de la mañana (o antes) para ir a trabajar, cogiendo metro, autobús y tren; aguantando las tensiones de un trabajo estresante; echando un montón de horas fueran de casa; e intentando cumplir con su pareja, sus amigas y su familia en el tiempo que le queda libre... Yo creo que lo que le pasa a mi amiga es que su pelo está tan cansado como ella; por eso también le salen calenturas, tiene cistitis, le duele el estómogo, se queda sin voz... Además de ir al médico para que le haga una buena analítica, yo creo que lo que mi amiga necesita son ¡VACACIONES!
¿Habéis sufrido vosotr@s problemas de caída del pelo? ¿Cómo lo solucionásteis? Desde mi experiencia os quiero tranquilizar: siempre vuelve a salir, no hay que darle importancia.