El mundo del espectáculo es especialmente proclive al consumo de drogas. Fiestas frecuentes, horarios y tempos de trabajo irregulares, dinero para gastar…
incluso la presión por estar delgad@s y la necesidad de encontrar la inspiración pueden empujar a consumir drogas. Sin llegar al caso extremo de Whitney Houston, muchos famosos han sido motivo de escándalo por sus escarceos con las drogas -
Kate Moss y Pete Doherty, Naomi Campbell, Paris Hilton…- y otros han reconocido abiertamente consumirlas –
Justin Timberlake, Fergie, Lindsay Lohan…-. En muchos casos, el consumo de drogas conduce a combinaciones explosivas de
sustancias excitantes con relajantes para poder controlar los subidones y bajones post fiesta. A todos nos produce curiosidad saber que tal o cual famoso se droga o comete excesos pero,
¿no estamos siendo cínicos?
Cualquiera que esté mínimamente en este mundo o salga por la noche sabe lo que hay. Sí, me refiero, al impresionante consumo de drogas que existe entre los españoles. La única franja de edad que parece librarse es la tercera, porque lo que es la adolescencia, juventud, madurez y, sobre todo, la “comunidad” de treintañeros, se pone hasta arriba de coca. El consumo ha llegado a ser tan exagerado y común, que en ciertos ambientes incluso la gente se sorprende de que “no te pongas” (os juro que me ha pasado unas cuantas veces). Por eso me sorprende un poco cuando leo y veo airadas reacciones ante las debilidades, excesos, flaquezas, pecados o vicios ajenos. Los famosos no son más que una parte de la sociedad cuya vida privada se encuentra peligrosamente expuesta al escrutinio público. ¿No creéis que tal vez vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro? Sin justificarlo de ninguna manera, porque yo soy antidrogas, decidme si lo que hacen estos famosos es algo tan anormal, raro, malvado o juzgable.
Kate Moss. Su “pillada” consumiendo cocaína fue una trampa, una vendetta. La verdad es que daba una imagen deplorable, pero seguramente todos aquellos que la traicionaron también eran tan aficionados como ella a la coca. Tras el escándalo, Kate declaró haber empezado a tomar drogas al comienzo de su carrera por el miedo a engordar (la cocaína te quita el hambre). Frente a muchos pronósticos y debido al mal ejemplo que Kate daba a la sociedad, sobre todo a las adolescentes, la carrera de la modelo no sólo no se hundió sino que le llueven los contratos (abrid cualquier revista femenina y la veréis en la mayoría de las publicidades). Pete Doherty, el novio que se ha echado (rehabilitándose de su adicción al crack y la heroína), no parece el mejor para una chica que también ha tenido que pasar por una clínica de rehabilitación.
Y este es otro tema donde quería yo llegar: las clínicas de rehabilitación. La gente que tiene dinero también puede permitirse llevar otro ritmo con las drogas (léase estupefacientes pero también alcohol y medicamentos). Cuando la cosa se les va de las manos, se ingresan en una carísima clínica de desintoxicación para limpiarse (se purifican la sangre con sueros). Pero no todos los consumidores de a pie pueden permitirse el lujo de irse a poner unos sueros de vez en cuando para renovarse por dentro. Naomi Campbell (drogas), Drew Barrymore (se empezó a rehabilitar a los ¡14 años!) o Melanie Griffith (alcohol y barbitúricos), han reconocido haber pasado por este tipo de clínicas para superar sus adicciones. Lamentablemente, yo también conozco a varias personas de a pie que han pasado por este tipo de centros, pero tienen la suerte de poder mantener el anonimato. Tiene mérito superar una adicción estando permanentemente bajo el objetivo público.
Entre las pequeñas flaquezas y las grandes adicciones puede encasillarse no sólo a la mayoría de los famosos sino a la mayor parte de la población mundial. George Michael confesaba públicamente fumar porros, algo que escandalizó a la farisea sociedad americana. En Holanda su consumo es legal y en España, aunque no lo sea, fuma muchísima gente (¿quién no le ha dado alguna vez unas caladas a un porro?). Pero coquetear con las drogas puede resultar nefasto, sobre todo si se convierten en el refugio de problemas e inseguridades. La bellísima Whitney Houston, poseedora de una de las mejores voces de la historia de la música, se ha convertido en una drogadicta y una enferma mental por culpa de las malditas drogas y los barbitúricos.
Combinaciones explosivas. Otro tema que quería comentar y con el quiero invitar a la reflexión a todos los que leéis este post es el uso abusivo e incontrolado de barbitúricos: lexatin, tranxilium, orfidal, prozac..., sobre todo de medicamentos relajantes o que ayudan a dormir. ¿Habéis visto “Réquiem por un sueño”? A mí me impresionó muchísimo. Cuenta la historia paralela de una madre y un hijo: mientras él se hunde en el mundo de las drogas, su madre se vuelve completamente adicta a los barbitúricos y ambos acaban con un nivel de adicción y locura similar. Desgraciadamente, son las mujeres las que más se enganchan a los antidepresivos y somníferos. Pero lo peor, sin duda, es la combinación de ambas cosas, habituarse al cóctel que da título a este post. Aparte de los famosos, he conocido a muchas personas que lo hacían: coca a raudales para salir de fiesta; lexatines y orfidales para poder dormir cuando tu cuerpo está a mil. El resultado suelen ser días de auténtica depresión que, normalmente, se curan volviendo a salir de marcha y metiéndose de todo.
Este post no pretende quitarle importancia a los excesos de los famosos con las drogas o los medicamentos. Todo lo contrario. Pero sí quiere invitaros a reflexionar sobre la hipocresía de una sociedad que critica lo que ella hace. ¿No os parece que se consumen demasiadas drogas, con demasiada frecuencia y a edades cada vez más precoces?