Cuando era pequeña no comía casi nada. No me gustaban los bollos, ni las tartas, ni los refrescos, ni los gusanitos,
ni el chocolate… Ahora tengo 33 años y no puedo vivir sin él. Me gusta negro, con leche, con naranja, con menta; en tableta, en tartas, en bollos, en galletas, en bombones.
Es rara la semana, casi el día, que no tomo, al menos, una onza de chocolate, a ser posible negro. ¿Por qué nos gusta tanto? ¿Por qué nos hace relamernos con tan sólo pensar en él? ¿Por qué comerlo es un acto tan íntimo y satisfactorio?
Enhorabuena a l@s que amáis el chocolate tanto como yo, hay muchas y muy buenas razones para que el amor dure toda la vida.La del chocolate es una de las pocas adicciones confesables que puede tener una persona, y en la que, creo, nosotras les superamos a ellos. Los aztecas lo consideraban un alimento sobrenatural y, por los efectos que causa en quienes lo comen, a mí también me lo parece:
Medicina natural. Numerosos estudios demuestran que tomar cacao de forma habitual disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, cáncer o enfermedades de tipo autoinmune y degenerativo. Tomarlo no sólo es placentero sino necesario, ya que contiene abundantes antioxidantes (sobre todo polifenoles), el elixir contra el envejecimiento y unas sustancias que el organismo no genera por sí mismo.
Relajante y antidepresivo. Comer chocolate nos hace producir las preciadas endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir bien inmediatamente, que nos elevan el ánimo, nos proporcionan sensación de felicidad y nos quitan hasta el estrés. Este barato placer también nos hace producir serotonina, una sustancia del cerebro que mitiga los efectos de la depresión y nos calma.
Energizante y alimenticio. El chocolate no es sólo una golosina, se trata de un alimento con un alto valor nutritivo: contiene magnesio (mantiene la salud de los músculos, ayuda a formar células nuevas y calma la ansiedad), fósforo (previene la caries), agentes antibacterianos (protegen el sistema inmune), hierro y zinc (previenen la anemia), antioxidantes (disminuyen la formación de radicales libres, causantes del cáncer y el envejecimeinto prematuro) y fibra (previene el cáncer de colon y combate el colesterol). Comer un par de onzas de chocolate proporciona energía inmediata, sobre todo en situaciones de desgaste físico y mental.
No engorda. El chocolate no es una alimento a eliminar de la dieta, aunque queramos adelgazar no tenemos por qué prescindir de él, más aún cuando tiene un efecto saciante y relajante. A no ser que te comas cada día media tableta de chocolate, una o dos onzas, o una cucharada de cacao soluble, no afectarán a tu peso. Eso sí, el negro (al 70, 80 o 90%) es el más saludable y menos calórico. Además, la grasa que contiene el chocolate es vegetal y no aumenta ni el colesterol ni los triglicéricos.
¿Sustituto del sexo? Pocos alimentos pueden hacer gala de semejante virtud aunque no se trate exactamente de un sustitutivo sino más bien de un paliativo en caso de carencia y de un potenciador en caso de existencia. Las endorfinas que producimos al comer chocolate nos proporcionan una placentera sensación similar a la de estar enamorad@, además de calmar la tristeza. Teniendo pareja -y bien cerca- no hay nada más sensual que comer chocolate antes, durante y después de hacer el amor: incita antes, vigoriza durante y relaja después.
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Yo me declaro amante fiel del chocolate. ¿Suscribís mi pasión? ¿Qué tipo de chocolate os gusta más? ¿Os gusta compartirlo o preferís comerlo a solas? Habladme de vuestros “momentos chocolate”...