“Kill Bill” y “Pulp Fiction” son dos títulos míticos de mi generación que encumbraron a una ya especial, sorprendente, magnética y de una belleza deliciosamente diferente Uma Thurman.
¿Quién sino ella podía encarnar a la Mamba Negra?. Una mujer que
se sale de los cánones establecidos, con un aura de misterio innata, una cara de rasgos asimétricos que dan un conjunto extrañamente armónico; un cuerpo largo y estilizado, algo desgarbado; una expresión que transmite dulzura y una mirada que proyecta cierta melancolía.
Su padre, profesor de budismo en la universidad de Columbia, y
su madre, psicoterapeuta y ex modelo, aportan la fusión de misticismo, intelectualidad y sofisticación que Uma transmite.
Osada, a mi entender, su belleza y su trayectoria profesional.
La filmografía de Uma está plagada de títulos imprescindibles: “Las amistades peligrosas”, “Henry & June”, “Acordes y desacuerdos”, “Gattaca”, “La verdad sobre perros y gatos”, “Jennifer 8”… ¿Quién no ha visto alguna peli de Uma Thurman? Sus parejas sentimentales también dicen mucho de su gusto por lo bueno: el gran Gary Oldman, que fue su primer marido; Ethan Hawke, padre de sus dos hijos; y André Balasz, el empresario francés que comparte actualmente su vida.
Siempre me gustó Uma Thurman: desde que la descubrí, deliciosamente joven e inocente, en “Las amistades peligrosas”, hasta que me dejó con la boca a abierta por sus osadas interpretaciones en Pulp Fiction y Kill Bill, que relanzaron su carrera después de cumplir los treinta. No es la más guapa, no es la más explosiva, no es la más sexy, pero su belleza, extraña y diferente, acaba convenciendo y gustando a largo plazo, mucho más que la de las rubias siliconizadas que fabrica Hollywood.
Me gustó más aún cuando leí hace un par de años que Uma se sentía descontenta con su cuerpo, que sentía mucha presión por estar delgada e incluso había llegado a tener ciertos problemas con la alimentación. Uma -nombre que evoca a una diosa hindú- me resultó desde entonces frágil y delicada, accesible y cercana, bella e imperfecta, como todas las mujeres. Evidentemente, se cuida (alimentación equilibrada, yoga, pilates, spas…) está espléndida a sus 36 años e impresionante con su 1,83 de estatura cuando camina por la alfombra roja. Pero en Kill Bill tenía ojeras. Durante toda la película. Su entrenamiento físico debió ser muy duro y seguramente estaba muy cansada. Ni el maquillaje consiguió quitárselas. Pero la hacían atractiva, interesante y real. Y a mí eso me gustó, porque yo también tengo ojeras, todas nosotras tenemos ojeras, y somos imperfectas y diferentes, pero, cuando conseguimos proyectar, como Uma, nuestra fuerza interior, somos las mejores.
En su última película, “Mi súper ex novia”, Uma interpreta a una súper heroína despechada que se las hace pasar canutas a su ex. Creo que muchas vamos a disfrutar viéndola… ¿Os gusta Uma Thurman?