En la sanidad privada el 40% de niños nace por cesárea, frente al 20% de la sanidad pública. ¿Por qué? Varios motivos provocan esta cifra, entre ellos:
la edad de las madres, el miedo a las complicaciones, la comodidad de los médicos, el miedo de algunas madres y hasta motivos estéticos. Tirando del hilo respecto a este tema, he descubierto un montón de cosas interesantes sobre
"la cultura del parto en España" que me han hecho saber lo que quiero y lo que no quiero si algún día soy madre.
Hace tiempo leí un artículo de Lucía Etxebarria en el que contaba su experiencia con la maternidad y denunciaba la desinformación y la falta de decisión que las mujeres tenemos respecto a nuetro propio parto. No puedo estar más de acuerdo. Todas tenemos las nociones y versiones nos han dado nuestras propias madres y amigas, pero pocas nos planteamos que existan más opciones aparte de las tradicionales, es decir, hacer lo que te dice tu ginecólogo y seguir las instrucciones del personal hospitalario. Pero sigamos desliando la madeja...
Según la OMS, el número de cesáreas no debería superar el 15% debido a que pueden suponer un riesgo mayor de hemorragias e infecciones para la madre, y porque requieren mayor hospitalización. En las maternidades privadas se dan más del doble de esa cifra. ¿Por qué? Porque ante una parturienta de más de 30 años (por no hablar de más de 35) los médicos no arriegan; por el mayor uso de la inseminación artificial; porque hay muchos embarazos de gemelos; para ahorrarse problemas ante la ley si surge una complicación; porque así los obstetras pueden programar más partos y organizar su tiempo (por ejemplo, para no tener que asistirlos en fin de semana¡¡¡), algo que les recrimina duramente Sanidad; porque algunas madres la piden por miedo a sufrir o porque han tenido experiencias negativas.
Algunas de estas cesáreas también se programan por motivos estéticos, como reconocen en la clínica Montepríncipe de Madrid (dicen que son una minoría). Esto viene a confirmar oficialmente la idea que muchas teníamos sobre que las modelos y muchas famosas (como Victoria Beckam) programan sus cesáreas para no engordar demasiado (se la hacen en el octavo mes y se ahorran lo peor), no sufrir, hacerse de paso alguna liposucción o poder estar frescas y lozanas a los dos días de haber dado a luz. Como leí en un artículo a propósito de este tema, un 30 de los obstetras de clínicas privadas está dispuesto a "hacer cesáreas por encargo".
Mi duda es si debo escandalizarme o no por esta cuestión, ya que, rompiendo una lanza en favor de quienes programan sus cesáreas, creo que en España las mujeres tenemos muy poca capacidad de decisión respecto a nuestro propio parto. De hecho, en nuestro país conviven dos corrientes ginecológicas: los que abogan por la menor intervención médica posible, y los que defienden un parto dirigido hospitalariamente. ¿Cuál elegir? ¿De verdad es peligroso dar a luz fuera de un hospital? Luego os digo cuál es, para mí, la solución.
Otro tema que a mí me agobiaba bastante era el de la episotomía y la oxitocina (el famoso goteo). Pues bien, la OMS recomienda limitar el uso de la episotomía (el rajado vaginal), una práctica a la que tampoco se recurre en el parto natural (antiguamente no se hacía) pero que en los hospitales se practica a diestro y siniestro. ¿Por qué? Otra cuestión peliaguada es la de la oxitocina, la hormona que ayuda a dilatar y que se administra a las parturientas para acelerar el parto. El problema es que el goteo multiplica los dolores y precipita la aplicación de la epidural, lo puede provocar una acesárea (a mi amiga le ocurrió: se pasó mil horas dilatando, creyendo morirse de los dolores y encima al final le hicieron la cesárea).
Al rechazo que me producen la episotomía y la oxitocina, le sumo la falta de intimidad que tenemos las mujeres en España a la hora de parir. Y esto me lo ha confirmado la última de mis amigas en dar a luz. Me dijo que lo pasó fatal "abierta de patas en una habitación en la que entraba el ginecólogo con varios médicos en prácticas y todo Cristo me metía la mano sin preguntarme".
Después de buscar información sobre todo esto y leer que Lucía Etxebarria, tras visitar a 20 ginecólogos, encontró uno que respetaba su decisión de no emplear oxitocina y episotomía, lo tengo más claro. Yo tampoco quiero eso en mi parto. Sí quiero tener la ocpión de utlizar todas las técnicas médicas disponibles, pero si de verdad son necesarias o si yo las pido. Y esto es precisamente lo que te ofrecen en la Clínica Acuario de Alicante, un centro especializado en partos naturales equipado con toda la tecnología necesaria para atender cualquier eventualidad. Aquí se negocia cualquier acto médico con la madre, que dispone de una habitación privada con luz tenue y silencio, donde puede acompañarla quien ella quiera, donde no está monitorizada (¡se puede mover¡) y puede dar a luz como ella quiera, con o sin epidural, en cuclillas o en el agua.
Uff, después de escribir este post tengo demasiadas preguntas que haceros: ¿Cómo fue vuestro parto? ¿Pudísteis elegir como dar a luz? ¿Os haríais una cesárea programada? ¿Os gustaría poder decidir cómo queréis parir?