Unas veces te atiborras a comer y
otras, eres incapaz de probar bocado. Querrías comer un poquito menos pero siempre comes un poco de más.
¿El estrés, la ansiedad, la pena o la alegría condicionan demasiado tu alimentación? Cada forma de comer suele llevar asociada algún tipo de patología e incluso corresponde a un perfil psicológico.
Estas correlaciones entre hábitos dietéticos y estado emocional no son cosa mía. Últimamente he leído varios artículos que me han hecho reflexionar sobre mi propia forma de comer, algunas veces demasiado ansiosa. "Somos lo que comemos", el nuevo programa de La Cuatro, también ha despertado mi curiosidad acerca de la relación entre los hábitos dietéticos y el entorno sociocultural, aunque este tema da para otro tema.
En este post me gustaría comentar con vosotro@s la extraña relación que a veces mantenemos con la comida -sin llegar a meternos en el complejo jardín de los trastornos alimentarios- y cómo nuestra conducta alimentaria no es sino una manifestación o somatización de nuestro estado de ánimo. Tal vez reflexionando sobre nuestra situación emocional podamos racionalizar nuestra forma de comer. Vayamos pues a las conclusiones que he sacado:
El amor estiliza la figua. No hay como estar enamorad@, y valga la rima, para no probar bocado. Estás tan ocupado pensando en el objeto de tus deseos, que no te acuerdas de comer, te llenan hasta los pensamientos. Además, te sientes tan bien, que eres capaz de acometer cualquier régimen y hasta despreciar las tentaciones a las que antes siempre cedías: ¡hasta el chocolate! Si tu anhelo llegara a ser tal que no pudieras ni comer y te empezase a preocupar, prepárate tus comidas preferidas, cosas que te entren por los ojos.
Con las rupturas llega el caos alimentario. No sé a
vosotr@os, pero a mí los desengaños amorosos se me reflejan inmediatmente en la comida.
O se te hace un nudo en el estómago que no te deja ni tragar agua,
o te tiras en plancha a todas las cosas que te habñías prohinido para mantener la figura cuando estabas con él/ella (lo que encima te hace sentir aún peor y te lleva a pensar estupideces como que te ha dejado porque estás gorda).
Una de las frases que más se escucha en en mi grupo de amigas cuando a alguna la deja en novio es
"mira el lado bueno, por lo menos te vas a quedar con un tipazo". Para mí,
la solución a la inapetencia es motivarme con mis platos preferidos y, sobre todo, con cosas blanditas y fáciles de comer: caldos, batidos, cremas, mousses, etc. Contra el
"síndrome del atracón post ruptura", me lleno el bolso de chicles, caramelos sin azúcar y manzanas, e intento comer proteínas (carne, pescado y huevo), que llenan más y engordan menos.
¡Qué triste es estar sól@! Y, sobre todo, hacer de la comida tu compañía. La angustia y la pena suelen llevarnos directamente hacia los alimentos más calóricos (quizá en busca de algún tipo de calorcito): patatas fritas, frutos secos, pan, pasta... No te dejes llevar por esta sensación, búscate cosas que hacer en compañía de otras personas para ocupar al máximo tu tiempo (lo de apúntarse a un gimnasio o a un curso de cata de vinos está muy visto pero funciona) y llena tu nevera de frutas, cereales e infusiones relajantes.
Estresad@, ansios@, preocupad@. ¿Quién no está así al menos un par de días en semana? Uno de los síntomas de la persona estresada suele ser
comer mal: muchos cafés, tabaco, dulces, bolsas de patatas, chucherías...
Cuando te entra el nervio te comes lo que tengas a mano, léase todas las porquerías que suele haber en las máquinas expendedoras de comida. A mí encima se me pone el estómao del revés, somatizo ahí todos los nervios.
¿La solución? Mucho verde, mucha fruta, comidas sanas y fáciles de digerir.
La culpa y el atracón... Comer de forma compulsiva es algo que suelen hacer mucho las personas con sentimiento de culpabilidad, sobre todo las mujeres. Los atracones son un círculo vicioso y fatal, porque al principio comer calma, pero luego te hace sentir más culpable. Lo ideal sería poner expresar a través de las palabras, y no te la comida, lo que uno siente y no dejarse manipular por quien nos quiere hacer sentir culpables (ay esas parejas manipuladoras...). Para alguien que suele darse muchos atracones a comer lo mejor es estar muy ocupad@ (mejor fuera de casa), hacer deporte (para descarar las tensiones) y no tener en casa tentaciones gastronómicas (¿no os pasa que si sabéis que tenéis algo rico en casa os apetece coméroslo aunque no tengáis hambre?).
¿Cómo influyen vuestros sentimientos y vuestro estado de ánimo en vuestra forma de comer? Si queréis saber más sobre el tema, es muy interesante el libro "Alimentación emocional" , de la psicóloga Isabel Menéndez.