Cada vez soy más intransigente con el tabaco, tal vez vez porque he fumado y no hay peor detractor de un fumador que un ex consumidor de nicotina. Ahora
me molesta el humo en cualquier situación, incluso en los locales nocturnos, donde tantas veces he cumplido el tópico copa más cigarrillo. En realidad,
mi relación con el tabaco siempre fue de amor-odio; sólo fumaba de vez en cuando, de forma social, pero después me daba un asco horrible oler y saber a tabaco.
Una bronquitis en pleno agosto en la playa me quitó para siempre las ganas de fumar. Desde entonces, lo reconozco, me he vuelto muy puntillosa con el tabaco; me molesta en cualquier sitio y en cualquier circunstancia. La Ley Antitabaco nos ha salvado a muchos no fumadores de los humos ajenos. Aunque en España la ley se ha aplicado con mucha mano ancha: prohibido en lugares de trabajo, pero de libre implantación en los pequeños locales de restauración. Así, muchos de estos pequeños restaurantes o cafeterías se han convertido en auténticos fumaderos; en algunos, con los churros deberían adjuntar un ventolín.

No es que me parezca mal, entiendo que
fumar es una opción personal, el problema surge cuando en estos locales no todos son fumadores. O cuando en tu grupo de amigos, o en tu propia pareja, unos fuman y otros no, y hay que decidir en qué zona de los restaurantes cenar o a qué lugares ir. A mi juicio, el hecho de
que los no fumadores no nos volvamos demasiado intolerantes y acabemos adoptando posturas tan radicales como en EE UU, depende de la buena educación de los fumadores.
Yo misma he tenido una pésima educación como fumadora cuando era adolescente: fumas en las situaciones y en los lugares más absurdos para hacerte la interesante sin plantearte que puedes estar ahumando a alguien. Con los años, me volví mucho más consciente de que, si a mí misma el humo me desagradaba, a los no fumadores que me rodeaban les podía repeler. Así que tenía mucho cuidado de no encenderme un cigarrillo en un lugar inadecuado (un coche) o una situación innecesaria (cuando los demás comensales comen). También intentaba tener siempre el cigarro abajo o bien arriba, donde no le molestase a nadie, y no echarle el humo a nadie a la cara al.
Recalco todo esto porque, aunque parezca muy obvio, muchos de los fumadores que conozco no tienen tanto cuidado. Recuerdo con horror a una compañera de trabajo que fumaba como un carretero desde primera hora de la mañana y me tenía todo el día asfixiada. Insufribles me resultan los viajes en coche con fumadores, pero éstos no suelen preguntar si molestan cuando el coche es suyo. Tremendo me parece un amigo mío que tiene tal adicción al tabaco que no apaga el cigarro ni cuando se mete en un ascensor. Desconsiderada al máximo me parece la gente que fuma entre plato y plato cuando los demás comen aún. Inaceptable me parecen quienes fuman al lado de niños y bebés, no digamos si son sus propios padres. Nerviosa me ponen quienes no saben controlar sus manos cuando sujetan un cigarro y te lo acercan a la cara, a la ropa, al pelo; o esos taxistas que se ponen a fumar sin preuntarte si te molesta...
No me gustaría que llegásemos a una prohibición total del tabaco en lugares públicos, me parece un vicio e incluso un placer que no tengo derecho a quitarle a nadie. Pero sí le pido a los fumadores que sean más educados con los no fumadores, evitando las situaciones anteriores y preguntando antes de encender su cigarro cuando intuyan que puede molestar. Entiendo que los fumadores también estén hartos de quejas y protestas, pero que yo no fume no altera su salud o comodidad, mientras que al contrario sí afecta a quien se convierte en fumador pasivo por obligación.
¿Os molesta que fumen cerca de vosotr@s? ¿Evitáis los sitios sin humos? ¿Sois fumadores y estáis hartos de tantas quejas?