1911,cuando se celebró el primer Día Internacional de la Mujer, las miles de mujeres que participaron públicamente en esta celebración demandaban el derecho a voto, a acceder a cargos públicos, a la enseñanza vocacional, al fin de la discriminación en el trabajo y hasta pedían el simple derecho a trabajar. 96 años después, todas estas demandas son una realidad para la mayoría de las mujeres de los países desarrollados pero ¿a qué precio lo hemos conseguido?
El cambio legal más relevante de este 8 de marzo es la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres. Según los sindicatos UGT y CC.OO, esta ley supone una transposición a nuestro ordenamiento jurídico de las Directivas europeas sobre Igualdad de Trato y recoge reivindicaciones históricas como el derecho al permiso de paternidad o la eliminación de los requisitos de cotización para acceder a la prestación por maternidad. Entre los nuevos derechos de los trabajador@s que promulgará esta ley estará el deber de negociación de los planes de igualdad en las empresas de más de 250 trabajadores, además de los permisos de paternidad de 13 días.
Estos sindicatos recalcan, acertadamente, que esta ley implica a la sociedad en su conjunto, desde el Gobierno a las empresas, partidos políticos, mujeres y HOMBRES. El impacto de esta Ley se recogerá pasados cuatro años desde su implantación. Tiempo en el que habrá que luchar por conseguir la misma independencia económica para hombres y mujeres, por conciliar vida laboral y personal, por promover la representación paritaria de hombres y mujeres en la toma de decisiones, por erradicar la violencia de género y la trata de seres humanos, por eliminar estereotipos sexistas de la sociedad, por promover la igualdad de género fuera de la Unión Europea.
Denostadas hoy en día por hombres y mujeres las grandes figuras del feminismo, a las que muchas veces se "retrata" imbécilmente de "masculinas", "retrógradas" y hasta "feas", irónicamente hoy en día nos hace más falta que nunca un movimiento feminista, o al menos un sentimiento común entre mujeres que nos ayude a pedir juntas lo mismo: IGUALDAD. Porque lamentablemente, y aunque queden muy lejos los tiempos en que luchábamos por algo tan básico como el derecho a votar, millones de mujeres aún viven y trabajan en condiciones muy desfavorables respecto a los hombres.
Al margen de la clara discriminación que la mujer sufre en los países menos desarrollados, en las sociedades más avanzadas la igualdad de oportunidades se ha conseguido a base de un extenuante y continuado esfuerzo extra de la mujer. Hemos conseguido trabajar fuera de casa al mismo nivel que los hombres, pero seguimos trabajando dentro de casa también al mismo nivel. Nuestra independencia pasa muchas veces por desarrollar una capacidad de trabajo sobrehumana que nos permita cumplir en nuestra vida laboral, familiar y personal, todo ello con unos altísimos niveles de exigencia propia y ajena. ¿Era ésta la igualdad por la que luchaban las feministas?
ELLOS no son los tiranos de esta situación, pero sí siguen siendo quienes ostentan mayoritariamente la toma de decisiones. En España, donde más del 50% de la población son mujeres y donde las universidades están copadas por el sexo femenino, no hay una correspondencia entre esta realidad y la minoría de mujeres que accede a puestos de responsabilidad. ¿Para cuándo una CANDIDATA a la presidencia del Gobierno? Al margen de las escalofriantes cifras de violencia doméstica que arrojan cada año las estadísticas, MUCHOS HOMBRES intentan asumir sus derechos y obligaciones hacia las mujeres y hacia sus familias frente a una sociedad que aún se lo sigue poniendo difícil. ¿Cuántos hombres anónimos SÍ se reparten las tareas demésticas de forma justa, SÍ apoyan a sus mujeres en sus carreras laborales, y SÍ querrían acceder a una baja por paternidad sin poner en riesgo su puesto de trabajo?
En mi opinión, en este siglo el protagonismo de las reivindicaciones feministas debería recaer en los HOMBRES. Son ellos quienes deberían liderar esta revolución en pro de la igualdad de género. Porque ellos son nuestros PADRES, nuestros JEFES, nuestros GOBERNANTES, nuestros PROFESORES, nuestras PAREJAS, nuestros HIJOS. Sin una situación de igualdad en el hogar, es imposible que una mujer pueda disfrutar y hacer realidad todos esos derechos que las leyes implantan; sin una situación de absoluta asimilación de derechos y obligaciones familiares, de comprensión y apoyo, las mujeres jamás podremos deshacernos del sentimiento de culpa que nos asedia cuando dejamos la casa y los hijos para ir a trabajar IGUAL QUE ELLOS.
Nunca me he sentido discriminada por ser mujer y mi pareja comparte responsabilidades conmigo por igual; de hecho, él es un firme candidado a militar en las filas de los pocos hombres que pedirán la baja paternal en los próximos cuatro años. El punto más complicado de esta historia me parece, sin duda, la maternidad, donde aún estamos a años luz de las medidas protectoras de los países del norte de Europa. Por eso, me gustaría preguntaros, a vosotras y a vosotros, cuál es vuestra visión respecto a la situación laboral de las mujeres en España.
Se me olvidaba: que paséis un esperanzado y bonito Día Internacional de la Mujer.