Tenía una compañera de piso a la que le encantaba contarle su vida sexual a todo el que se ponía por delante sin ahorrarse ningún tipo de detalle. Una amiga que venía a menudo a casa, y que alucinaba con esta incontinencia de privacidad, siempre
le decía que ella no necesitaba compartir su vida sexual, que era algo que prefería reservarse para ella sola.
Esto mismo pienso yo de las cuestiones escatológicas propias y ajenas que, sea por mala educación o por descuido, padecemos o hacemos padecer a los demás. Y es que hay cosas que no deberían compartirse
ni con la pareja. Evitando entrar en detalle o recrearme en el tema, cosa que os pido también a los que opinéis en este post,
hay ciertas cosas que no soporto que los demás compartan conmigo.
Mi primer trabajo como periodista fue en una editorial de revistas informáticas en la que había un alto porcentaje de frikis en la plantilla. A la hora de comer había una persona que me ponía especialmente enferma, ya que tenía por costumbre, además de succionar todos y cada uno de los huesos que se le pusieran por delante, limpiarse después los dientes con el plastico de los paquetes de tabaco. SÍ, HABÉIS LEÍDO BIEN. No he visto una cosa igual en mi vida. Lo más increíble es que cuando asistimos a la boda de una compañeras de trabajo, hizo lo mismo al terminar el banquete, en el que chupó con ahínco y sonoramente todas las cabezas de gambas propias y ajenas. Acto seguido, y aguantando una copa por no quedar mal, dije que no me encontraba bien y me fui a mi casa sintiéndome profundamente aliviada. Hay comportamiento ajenos ante los que uno debe salir huyendo sin ningún tipo de miramiento.
Seguramente todos hacemos cosas que desagradan a los demás de las que no somos conscientes. Por ello, con este post os invito a reflexionar en voz muy baja sobre todas esas cuestiones escatológicas respecto a las cuales a veces no siempre somos todo lo discretos que deberíamos. Por ejemplo, algo que no soporto es que alguien se suene los mocos en la mesa, sonoramente y mientras los demás comen. Lo correcto, a mi entender, es levantarse e ir al cuarto de baño, o al menos girarse y retirarse del campo de visión de los comensajes, por descontado, sin hacer ruido. Meterse el dedo en la boca para sacarse algo de los dientes también es algo profundamente asqueroso para el que tiene que verlo. Lo de comer con la boca abierta ni lo comento.
Hay modas y comportamientos escatológicos costumbristas que deberían erradicarse por ley. Me refiero a la terrorífica uña larga del meñique que algunos lucen con orgullo -ayer, sin ir más lejos, un taxistas me dio las vueltas enseñándome una de estas uñas grimosas- y a la deleznable costumbre de limpiarse las orejas con esta uña, que para eso se la dejan larga. AAAAAAAH¡

Una cuestión que algunas veces he comentado con mis amigas es el
grado de intimidad que uno debe tener con su pareja. Unas defienden compartir todo, hasta las cuestiones escatológicas, y otras abogan firmemente por tener baños separados. Yo
me quedo con un punto intermedio: ahorrarle a tu pareja el máximo de detalles íntimos escatológicos para preservar en lo posible el glamour, pero tener la confianza de poder compartir baño si es necesario o de no tener que aguantarte hasta la muerte una necesidad fisiológica sólo por no romper la magia.
¿Os acordáis del episodio de Sexo en Nueva York en el que Carrie se martiriza por que se le ha escapado un pedo estando en la cama con Mr. Big? Por Dios, somos humanos, la perfección es imposible y
se agradece un poquito de relax en pareja respecto a este tema. Con la pareja, no con la sociedad...
Que te tosan cuando estás pegado a alguien en el metro o en el autobús, que escupan por la calle con sonido premonitorio incluido, que la persona que tienes a tu lado en yoga tenga las uñas de los pies como mejillones, que tu compañero de trabajo huela sistemáticamente a sobaco, que la gente no se lave los dientes después de comer y te estés enterando vía olfativa de lo que han comido, que tu compañerea de trabajo vaya al gimnasio al medio día y prefiera ducharse por la noche en su casa, que el chino de la tienda de al lado se saque los mocos mientras tu escoges unas mandarinas...
¿Que escatologías cotidianas no soportáis?