Hay días que se hacen muy cortos y otros que no terminan nunca. Hay días que quisiéramos convertir en eternos y otros que querríamos enterrar en el olvido. Días grises, días divertidos, días anodinos, días magníficos... Pero
todos ellos tienen, seguro,
algún momento especial, privado, personal; un momento que esperamos, con el que incluso soñamos, un momento que disfrutamos especialmente:
nuestro momento del día.
Poniéndole un poco de humor a este post -ya nos emocionamos tod@as bastante con el anterior-, mi novio dice que el mejor momento del día es cuando se quita los calcetines... Yo soy algo menos escatológica y más gourmet: mi momento preferido del día es el desayuno. Me encanta tener tiempo para desayunar viendo la tele: me hago un zumo de naranja natural, me preparo un "breakfast tea" y unas hermosas tostadas con aceite de oliva y mermelada (sí, yo hago esa mezlca). Además, me gusta desayunar sola, para ir despertándome y volviendo a la vida sin prisa. Hasta que no desayuno no soy capaz de ducharme y arreglarme. Cuando viajo, el desayuno también suele ser mi momento y mi comida preferida; en noviembre estuve en Londres y disfruté como una niña con los desayunos del hotel: todo tipo de tés, panes, mermeladas, bollitos, frutas... mmmmh¡
Otro momento del día especial para mí y que disfruto muchísimo es cuando, después de un día de trabajo intenso, en el que he acabado con la cabeza "como un bombo", llego a casa y no hay nadie. Ese ratito sola, en el que ceno viendo la tele o alguna película espcial, o que aprovecho para ordenar mis cosas o mi cabeza, me da la vida otra vez, me devuelve la calma y la cordura.
Ahora que lo pienso, el día tiene para mí varios momentos especiales, que espero casi con emoción, como el tiempo en el que, en el metro o en el autobús, puedo sacar por fin mi libro y leer sin que nada me moleste. Curiosamente, rodeada de gente anónima y en esos momentos de tiempo suspendido que son para mí los viajes, es cuando más puedo entregarme y disfrutar de la lectura (soy incapaz de leer en vacaciones). De hecho, creo que en el metro es donde más libros he leído, donde por fin pude acabar los densos y larguísimos volúmenes de "El tiempo perdido" de Proust (el último, "El tiempo recobrado", junto con "La Orden del Fénix", de Harry Potter, se alternan ahora en mi bolso a la espera de largos y jugoso trayectos).
¿Cuál es vuestro momento del día?