
Es decir,
"Operación Cuerpo 10 para Semana Santa". No me entendáis mal, no le quiero boicotear las vacaciones a nadie, todo lo contrario, lo que me gustaría es que nadie se estresase ante la posibilidad de volver a ponerse el bañador.
Llegada esta época del año, todas las revistas femeninas empiezan a publicar reportajes sobre cómo conseguir un cuerpo 10 para lucir en Semana Santa. Es una carrera de fondo que llegará hasta el verano y que tiene su
punto álgido en mayo, cuando
revistas como Elle -de la que tanto se habla estos días por las fotos robadas de Elsa- publican sus
especiales de verano con moda de baño y un decáclogo con los útlimos tratamientos para conseguir transformarse antes de vacaciones.
¡Qué estrés y qué pereza¡
A la "Operación Cambio de Cuerpo para Semana Santa" yo creo que no llega nadie, porque todavía hace frío cuando empiezas a pensaar dónde te vas a escapar, y porque el tiempo, por suerte, casi siempre es malo y nos libramos de la temida prueba del biquini: es decir, cuántos kilos y cuánta flaccidez has ganado desde el año anterior por esas mismas fechas.
Yo para Semana Santa ni me molesto, porque rar vez me ha hecho tiempo de playa, pero reconozco que los mensajes que recibo en forma de portadas de tías tan estupendas como la Pataky, de maravillosos modelitos playeros y todo tipo de tratamientos que solucionarían todas mis imperfecciones, empiezan a crearme cierta tensión y van creando en mi mente la idea de que tengo que empezar a hacer algo si quiero poder ponerme decentemente el biquini.
Suelo leer con interés y cierta fruición las páginas que recogen las novedades en tratamientos de estética y, no sé si a vosotros os pasará igual, me siento estúpidamente aliviada al pensar que, si me decidiera, podría hacer algo por mi tripa o mis estrías, mis puntos flacos. Pero luego miro el precio, calculo las sesiones que necesitaría para conseguir resultados (unas 10, dicen las especialistas) y me preguntó quién podrá -que no sea la Pataky y compañía- gastarse ese pastón en tratamientos. Porque quitarme de comer o de salir para tener una tripa increíblemente sensual por ahora no me compensa. Prefiero gastarme el dinero en las vacaciones en sí.
Ellos tampoco se libran de las "operaciones cuerpo 10", ya que por estas fechas también empiezan a acosarles con reportajes del tipo "Consigue unos pectorales de película", "Luce abdominales estas vacaciones", "Bronceado natural en sólo una sesión".
Este interés por cuidarse antes de las vacaiones de Semana Santa y verano se ve sobre todo en los gimansios. Este mes al mío se apuntaron una oleada de mujeres que preguntaban todo el rato que tenían que hacer para adelgazar y endurecer. Mayo, cuando el verano está a la vuelta de la esquina, es el mejor mes del año para los clubes deportivos.

Como os decía,
yo para Semana Santa no hago nada, bastante que consiga salir de Madrid y quitarme el estrés acumulado desde Navidad y el tono verdoso-azulado que da la vida urbanita. Pero
sí que empiezo a pensar en cuidarme para el verano, cosa que no veo mal porque siempre se cogen algunos kilos durante el invierno. Hasta ahí bien, pero
pensar que con las tablas de ejercicio,
las dietas o los tratamientos milagrosos que te proponen las revistas se te va a poner un cuerpo como el de Giselle Bundchen o la tan nombrada Elsa Pataky, es bastante ilusorio.
A no ser que te metas en un quirófrano y te hagas un recauchutado integral, como una amiga mía peruana, que se ha ido de vacaciones a su país y ha vuelto liposuccionada de arriba a abajo (y por la mitad de precio que aquí).
¿Os tomáis en serio las "Operaciones Cuerpo 10" cuando llega el calorcito? ¿Os gastáis el dineral que valen los tratamientos en cuidaros? Y, si es así ¿os funcionan?