Me llaman mucho la atención los artículos con este tipo de "títulos gancho" que sacan conclusiones psicológicas de los comportamientos más curiosos, como el hecho de desayunar. Aunque os parezca increíble, encontré un test con este titular en una de las revistas del año catapún de la sala de espera del dentista. Me encantó la imaginación que el redactor le había echado al tema; según tu forma de desayunar dabas como resultado un perfil psicológico graciosísimo: la estresada independiente, la romántica calmada, la equilibrada segura de sí misma, la inestable con tendencias compulsivas... magnífico. Aunque el test era un auténtico despropósito, hecho por un psicólogo seguramente sí podrían establecerse relaciones entre lo que desayunamos, la forma en que lo hacemos, y nuestra personalidad. Comer es uno de los actos vitales más influenciados por las emociones.
Dejando las profundidades a un lado, centrémonos en lo mejor del asunto: los desayunos. Para mí, la mejor comida del día. Y sí, tiene mucho que ver con el estado emocional, la forma de ser y hasta las obligaciones de cada uno (hay quien se toma el café de camino al coche). Soy capaz de levantarme antes para poder desayunar tranquilamente y como una reina. ¿Mi desayuno preferido? ¿Mi perfil psicológico?
Mi desayuno ideal es una fusión entre el mediterráneo y el inglés: zumo de naranja natural recién exprimido, dos tostadas hermosas de pan integral o de leña con aceite de oliva y, no os asustéis, mermelada de fresa y mojaditas en un breakfast tea. Lo sé, es un poco estrambótico y
crea cierta incompresión en mi entorno, sobre todo en las cafeterías, pero me encanta. Reconozco que lo mejor para las tostadas es un buen café con leche, pero como no tolero la lactosa,
tuve que pasarme al té. Os juro que al principio me parecía como mojarlas en agua, pero te acabas acostumbrando. Lo del
aceite con la mermelada es otra "guarrerida" con muchos detractores, pero me fascina. Ya sé que lo mejor son las tostadas con aceite y tomate, pero no me gusta nada desayunar salado,
soy incapaz de meterme unos huevos revueltos o fiambre. El desayuno me encanta tomármelo mientras veo la tele y, a ser posible, sola (es uno dee mis momentos del días).
Otras cosas que me gustan para desayunar son los churros y las porras, pero por mucho que lo he intentado, están horrorosos mojados en el té. Igual que los cereales, que también me encantan -sobre todo los Chococrispis-, pero tampoco hay quien se los coma mejados en una infusión, y con la leche de soja no puedo. Cuando tengo poca hambre o me quiero desintoxicar un poco me encanta desayunar fruta. No me gusta nada desayunar bollos o galletas; a lo mejor es algo psicológico, pero no me sienta bien empezar el día tomando bollería industrial (ahora, que por la tarde ya es otra cosa...). Perfil psicológico: sibarita, rarita y eclética, por aquello de las mezclas. ¿Tendrá esto algo que ver con mi hiperactividad laboral o mi necesidad de espacio propio en la pareja?
El desayuno de mi novio: lo que pille y muchas veces en "en seco", es decir, es capaz de comerse una magdalena o una tostada sin beber ni agua. Preferiblemente desayunos salados tipo huevos revueltos, salchichas, bocadillos, sandwiches, pinchos de tortilla o similar. Perfil psicológico: aquél que hace suyas las máximas "a mal tiempo buena cara", "en tripa llena no entran penas", "la botella, siempre medio llena", "más feliz que una perdiz" y "más a gusto que un arbusto".
Bromas aparte, me encantaría que me contáseis qué desayunáis, soy de esas que se deleitan leyendo recetas de cocina y viendo fotos de platos deliciosos que luego nunca preparo. Pero tal vez haga una excepción con vuestros desayunos...