El nuevo programa de Antena 3 me produce opiniones encontradas. Por una parte veo los espectaculares cambios de los concursantes y me dan ganas de operarme todos los defectos con los que no estoy contenta. Por otra, y apoyada por la opinión de El Defensor del Paciente y la Sociedad Española de Cirugía Plástica, me da miedo que operaciones tan delicadas y peligrosas se frivolicen y se presenten como fáciles e inocuas. Hacerse una sola operación de estética ya supone un riesgo; hacerse muchas a la vez me parece una barbaridad. Pero... ¿y si en un par de meses pudieras cambiar un físico que te acompleja y te impide ser feliz?

He estado viendo la web del programa, Cambio Radical, y en él, además de hablar del equipo médico (dirigido por Javier de Benito) y presentado por Teresa Viejo (que dice no haber pasado por quirófano...), aparecen las fotos de los aspirantes a hacerse un "cambio radical" y los motivos por los que quieren hacerlo. Y no puedes evitar ponerte en su lugar; si a casi todos nos acompleja algo y nos encantaría tener un aspecto mejor, hay que pensar en quién de verdad ha nacido con un físico poco agraciado. Que hay que aceptarse como uno es y todo eso como teoría está genial, pero en la práctica hay que vivirlo. Si una operación de estética nos va a ayudar a sentirnos mejor y a vivir sin complejos, adelante. Cuando hablo de este tema siempre me acuerdo de dos personas: una prima mía que después de operarse la nariz se hizo modelo (antes los chicos se burlaban de ella; después, hacían cola para pedirle salir), y una amiga que se pagó muy jovencita una operación de estética para arreglarse la nariz y ponerse mentón (de no salir de casa, se echó novio y se casó).
Estos argumentos y algunos más me salen para estar a favor de las operaciones de estética. Como el hecho de que al ir cumpliendo años, yo misma no descarto en el futuro quitarme tripa o arreglarme el pecho si me quedo hecha un asco después de tener hijos (casi todas las aspirantes al "cambio radical" dicen habrse deteriorado físicamente tras haber dado a luz). Varias de mis amigas se han hecho liposucciones y han quedado estupendas. Además, es fácil decir que uno está en contra de la cirugía estética cuando está estupendo/a o no tiene ningún gran defecto físico. Porque además, como recalcan los concursantes del programa, no estar a gusto con la propia imagen desencadena toda una serie de problemas psicológicos basados en la falta de autoestima que influyen, sobre todo, en las relaciones de pareja y en la sexualidad.
En contra del planteamiento del programa y de la cirugía "masiva" que se se practica en el, también tengo algunos argumentos. Estoy de acuerdo con El Defensor del Paciente, que envió una carta al MInisterio de Sanidad para pedir la retirada del programa porque "incita a los ciudadanos a intervenirse para conseguir felicidad"; y con Carmen Salgado, que dice que en Cambio Radical se da la sensación de que estas operaciones son sencillas y lúdicas. Por su parte, la Sociedad Española de Ciurugía Plástica (SEDCPRE) critica la falta de ética de este tipo de programas, advierte de su riesgo y señala la ruptura de la confidencialidad existente en la relación médico-paciente; la frivolidad y falta de profesionalidad de sus contenidos, difundidos en forma de reality show, que llevan a banalizar esta especlidad y a no considerar los peligros de la cirugía. SEDCPRE advierte del riesgo que supone para los participantes de Cambio Radical y para cualquier persona someterse a numerosas cirugías.
Lamentablemente, y aunque el fin sea bueno, Cambio Radical convierte la cirugía en espectáculo. Estoy totalmente de acuerdo con SEDCPRE en el peligro que supone sometrese a la vez a varias operaciones de estética. De hecho, aunque Boomerang TV, la productora del programa, lo niega, se ha publicado que una de las últimas participantes permaneció tres días en coma y que a otras personas se les instó a hacerse operaciones que no deseaban. Por otra parte, dos meses me parece un tiempo totalemente insuficiente para recuperarse de operaciones tan invasivas; lo siento, pero tras una liposucción, una operación de pecho y otra de nariz es imposible estar haciendo ejercicio con un entrenador personal...
Por otra parte está el tema psicológico. Si bien quienes se someten a una operación de cirugía suelen hacerlo por traumas y complejos, muchos se quedan peor de lo que estaban. Me explico. La cirugía no siempre tiene el efecto soñado (recordad la horrible nariz que le dejaron a Karina de Bulgaria y los desmesurados labios de Esther Cañadas, que ya no pueden cambiar). Someterse a un cambio tan drástico como el que sufren los participantes de Cambio Radical puede ser muy difícil de asumir. No sé cómo encajaría el hecho de acostarme con una cara y levantarme con otra completamente diferente, supone una brutal pérdida de identidad. En en el caso de las extracciones de grasa -liposucciones y demás-, la cirugía no es permanente: si no te cuidas puedes volver a engordar y encima tendrás la sensación de haber tirado a la basura el dinero que te gastaste. Esto mismo le ha pasado a alguna amiga mía...
Expuestas estas opiniones encontradas, sigo sin poder pronunciarme respecto al programa, y reconozco que, quitando el exhibicionismo de emociones, como el reeencuentro de los familiares, me maravilla ver el cambio de los participantes y el programa me tiene hasta enganchada, cosa que no me pasa con otros realitys. Respecto a mi posición frente a la cirugía, de forma privada y anónima (jamás iría al programa), sí estoy a favor de la cirugía estética con mesura y justificación; sí estoy a favor de una cirugía que mejore, no que arrase; de una cirugía que se haga como solución y no por adicción; de una cirgía que sepa mantener las diferencias, no que practique la clonación estética.
¿Acabaremos todos operándonos?