Mi primera vez en Asia; la primera de las muchas veces que sé que iré a Bali. Verde. Un intenso y brillante verde domina la vegetación tropical de la isla, que llega tumultuosa y salvaje hasta el borde mismo del mar y lo inunda todo: paisaje, campos de arroz, carreteras, calles, casas.
Exotismo, naturaleza virgen, fragantes flores, gente acogedora y sonriente; el lujo y la pobreza conviven en una extraña armonía. Bali está llena de encanto y de misterio; cada recodo que la vegetación deja libre esconde una casa, un hotel, un restaurante, un templo, una tienda que mercen ser descubiertos. Este ha sido el viaje de mi vida por muchos motivos.
Siempre soñé con viajar a un lugar exótico, lejano y paradisíaco -¿quién no?-. Bali ha sido la materialización de todos mis deseos. El viaje ha superado con mucho mis expectativas y las de mi novio; sabíamos que íbamos a uno de los destinos más paradisíacos, pero no imainábamos que nos fascinaría tanto. Además de los innumerables encantos de la isla -con ciertas reminiscencias a Ibiza-, nuestro viaje ha sido especial porque no ha sido en absoluto turístico. Dos amigas nos esperaban allí, nos alojaron en su casa, nos presentaron a sus amigos, nos llevaron a los sitios a los que ellos van y nos incoporaron a la vida de Bali como auténticos habitantes de la isla. Me encantó no sentirme como una turista, poder saltarme los lugares más típicos -como Kuta-, e ir a los menos conocidos, como Tulamben, donde nos alojamos en increíbles cabañas y descubrimos buceando el asombroso fondo marino de la isla.
La casa de nuestras amigas estaba en Umalas, cerca de Seminyak, en mi opinión el lugar perfecto para alojarse porque es la zona con mejores restaurantes, hoteles y tiendas (encontrarás increíbles cosas de los diseñadores y artistas internacionales que fabrican en Bali). Seminyak, parece una vibrante isla dentro de la propia Bali. Aquí hay restaurantes increíbles de comida internacional a un precio bajísimo, como La Trattoria, un italiano que siempre está lleno. La comida japonesa es excepcional y la típica balinesa, aunque especiada y picante, es muy rica. En Seminyak hay varios sitio que no puedes perderte: la puesta de sol en el impresionante KU DE TA (auténtico lujo asiático), los masajes de aromaterpia del conocido centro Body Works (tras una hora y media de masaje terminas en una bañera llena de flores), una cena de película en el impactante hotel Desa Seni (parece salido de una revista), tomar un cóctel en La Lucciola (frente a una espectacular playa) o desayunar en el Zanzi Bar (no te pierdas los pancakes de plátano). A mí me volvían loca los increíbales zumos de frutas que te podías tomar en todas partes, la presentación de los platos y la decoración de los sitios (si tienes una casa para amueblar, merece la pena pagar un container).
En Bali puedes ir a todos los sitios de lujo que os he dicho por muy poco dinero, lo que engancha a muchos de los extranjeros que van allí. Las oportunidades de hacer negocios son tantas, que muchos de los que van de visita se quedan a vivir. Pero no es el lujo lo único que atrae de Bali; su parte salvaje, la vida sencilla y natural que puedes hacer allí son igualmente atractivas. En Bali puedes comer por dos euros, alojarte en una cabaña exótica por unos diez, alquilar una moto por unos 60 euros al mes, una increíble casa con piscina por unos 600, y pasarte el día en chanclas, haciendo surf, despertándote y acostándote con un zumo en la mano, dormir y descansar adormecido por el lento ritmo de la isla, mirar y no ver más que el verde de la poderosa naturaleza que lo inunda todo.
Antes de ir a Bali varias personas me dijeron que las playas de Bali no merecían demasiado la pena. No estoy de acuerdo; a mí me han resultado fascinantes. No tienen nada que ver con las tranquilas aguas del Mediterráneo, todo lo contrario, son playas cuyas grandes olas atraen a los mejores surferos del mundo (allí viven muchos "pros"). Pero el agua es cálida, el entorno salvaje e increíble (en la bajada a una playa puedes encontrarte desde templos a monos) y el ambiente muy relajado ("cool", como dicen allí). Mi playa preferida y la que más os recomiendo es Padang Padang. Aquí podéis hacer surf o bodyboard, descansar a la sombra adormecidos por el sonido de los pájaros, bañaros largamente en sus cálidas aguas y comer un delicioso arroz con verduras hecho allí mismo por una balinesa. El ambiente es muy auténtico. Aunque con bastante oleaje, también está muy bien la playa de Dreamland y la del KU DE TA: después de darte un baño puedes subir a tumbarte en una hamaca mientras te tomas un delicioso watermelon cocktail.
Lo ideal en Bali es alquilarse una moto o un coche y recorrerse la isla. Obligada es la visita a Ubud, donde no puedes perderte el increíble Monkey Forest. En la ciudad, literalmente achicharrados por el calor, buscamos refugio en un increíble hotel, el Ibah (la foto de portada), donde estuvimos refrescándonos y descansado en una piscina con cascada donde te ponían hasta toalla en la tumbona. Lo único que puede alterarte en la isla es lo pesada que puede ser la gente queriendo venderte cosas, pueden ser verdaderamente insistentes. También hay que tener cuidado con los precios, ya que siempre te van a decir mucho más y hay que regatear; no te sorprendas cuando te pidan dinero por todo. De la policía es mejor huir, ya que es terriblemente corrupta: te puede parar sin motivo alguno y pedirte dinero para dejarte ir (la táctica de la gente allí es no parar, rara vez te siguen).
Además de estar en sitios alucinantes, hemos conocido a gente increíble: australianos (hay muchos en Bali), americanos, brasileños, franceses, neozelandeses, ingleses, japoneses. El intercambio de idiomas y culturas ha enriquecido infinitamente un viaje ya de por sí gratificante. Convivir con gente tan diferente abre tu mente y amplía tu visión del mundo, te hace relativizar los problemas y apreciar mucho más tu propio país.
Que este viaje haya sido tan maravilloso ha sido, sin duda, gracias a Katia y a Muriel, de Muka. , a Dallas, a Romin, y a Eliana y a Tim, que nos alojaron en su maravillosa casa de Ulu Watu
¿Cuál ha sido el viaje de tu vida?