Tengo una amiga que es una alérgica "de libro", como le dijo su alergólogo nada más contarle, escéptica ella, sus síntomas. No sabemos muy bien por qué, ella se negaba rotundamente a reconocer esa evidente posibilidad. Mi teoría es que al negar los síntomas negaba el problema y retrasaba lo máximo posible tener que ir al médico (cosa que odiaba), reconocer que tenía un leve problema de salud (era de las no se quejan a menos que se estén muriendo), tener que medicarse ("veneno para el cuerpo") y, sobre todo,
tener que renunciar a algunas de las cosas que más le gustaban en la vida: su perro, ir a correr al retiro y hacer excursiones al campo cuando hace buen tiempo. Aunque
en realidad no tenía que renunciar a tanto si aceptaba ir al alergólogo y tomar antihistamínicos.
Finalmente tuvo que rendirse a la evidencia. Tras un ataque de asma y alergia en plena calle que le hicieron tener que refugiarse en el metro, la cara "como un cristo" tras pasarse un rato jugando con su perro y un salvaje ataque de estornudos en el trabajo, accedió a hacerse las pruebas de la alergia. El resultado, el que os he dicho: alérgica a todo. El perro se lo ha tenido que dar a su madre porque no es plan de estar todo día dopada para poder tocarle, pero con unos cuantos ebasteles y siguiendo los consejos de su médico, no ha tenido que renunciar a nada más.
Mi caso es casi el contrario que el de mi amiga. De pequeñita era una alergia andante. Al polen, al polvo, al pelo de los animales y a un montón de alimentos. De ahí un trauma que hasta hace poco no conseguí superar: me encantaban los animales y me moría por tener un perrito, pero como me daban alergia, sólo podía tener animales sin pelo... Sí, yo era esa niña friki que sacaba a pasear a un galápago con una cuerda...
El caso es que estuve muchos años vacunándome y con la adolescencia la mayoría de mis alergias desaparecieron, excepto la de los animales. ¡Ya se me podía haber quedado la del chocolate, que durante años no pude probar!
Os cuento todas estas historias a propósito de las alergias porque estamos en pleno apogeo alergénico y no paro de ver a gente moquear, lloriquear y estornudar por las esquinas. La mayoría se ha hecho las pruebas pertinentes y sigue un tratamiento que les ahorra los peores ataques, como mi pobre hermano, que en primavera se pone como un "ecce homo". Pero todavía hay mucha gente que no ha acudido a un alergólogo en su vida y que, como mucho, se toma un ebastel de vez en cuando, que puede conseguir en la farmacia sin receta.
Lo pero es que cada vez hay más alérgicos y más tipos de alergias inclasificables. Cada vez son más las alergias alimentarias y cutáneas, como las que tiene otra amiga mía, que se gasta una barbaridad mensual en geles, champús, cremas y hasta ropa que no le dé alergia. Las intolerancias alimentarias son debidas, en su mayoría, a los aditivos y conservantes alimentarios que llevan dos terceras partes de los alimentos que consumimos (incluidos los frescos). En España, que ya está a la cabeza en el ranking de productos que generan intolerancias alimentarias, nunca se habían utilizado forma tan masiva y agresiva. Los que más reacciones acusan son los nitratos (quesos y embutidos), el monoglutamato de sodio (realza el sabor de los platos preparados) y los sulfitos (en cervezas, vino y zumos de frutas). ¿Los síntomas? Diarreas, eccemas, taquicardias, urticaria, asma... La contaminación también causa y potencia enormemente las alergias.
El "decálogo del buen alérgico" incluye medidas como seguir estrictamente la medicación prescrita, evitar estar al aire libre y mucho menos hacer deporte a primera y última hora del día, viajar con las ventanillas del coche cerradas, hacerse con una buena aspiradora, utilizar gafas de sol y hasta mascarilla si fuera necesario... En la web www.madrid.org/polen/ podéis encontrar información sobre los niveles de polen, consejos, información útil y enlaces a las webs de otras comunidades autónomas.
¿Sois alérgicos? ¿Cómo pasáis el trance de la primavera?