Según la Organización Mundial de la Salud y las legislaciones europeas, el nivel admisible de ruido no debería superar los 65 decibelios. El mes pasado los vecinos de la Avenida de Portugal, en Madrid, soportaron niveles supereriores a 80, lo que llevó a la imputación de tres concejales del Ayuntamiento de Madrid. En diversas zonas de Madrid se resgistran habitualmente niveles superiores a los 75 decibelios.
El tráfico, las obras o la fiesta nocturna son los principales causantes de este tipo de contaminación. Sin ir más lejos, yo ahora escribo el post con unos cascos mientras escucho a Carla Bruni, ya que el sonido ambiental que hay en la calle e inunda mi casa es el de una persistente taladradora.
Desasosiego y malestar. Éstas son las principales consecuencias del ruido por encima de 50 decibelios, niveles que se superan con creces en la mayoría de las ciudades españolas, sobre todo en la capital, sometida al eterno trance de las obras. Malestar y desasosiego que llevan a la pérdida de concentración y a la bajada del rendimiento en cualquier actividad que se esté realizando. Por la noche, el sueño de quienes soportan tales niveles de ruido se ve literalmente machacado. Las personas sometidas durante períodos prolongados a ruidos que alteran su tranquilidad y capacidad de concentración, descanso o sueño, pueden desarrollar cansancio crónico y tendencia al insomnio.
El ruido puede llegar a enloquecer, pero no sólo el ruido ambiental sino el que yo llamo personalizado...
Tras una larga jornada de trabajo escuchando a clientes, hablando por teléfono, soportando la cháchara de la gente en los restaurantes o amenizándose con el sonido del tráfico, uno lo que necesita es un poco de silencio para recuperar la calma y el dominio de sí mismo. Pero si al llegar a casa te encuentras con que las voces de los vecinos traspasan las paredes, los conductores pitan como locos porque algo les impide avanzar y los adolescentes de turno han decidido hacer una tamborada con los cubos de basura, te quieres directamente morir.
A mí me ocurre esto ál final de cada día y los fines de semana, cuando ordas de adolescentes, pijísimos ellos, salen borrachuzos de la discotecas que hay en mi calle y se lían a gritos unos con otros o la emprenden con los cubos de basura. Y es que la moda para ellos es empujar calle abajo todos los cubos de basura que se encuentran para luego dedicarse a aporrearlos, cual tarzanes en celo, durante algo así como una hora y a altas horas de la madrugada. Insufrible y, para mí patético. No le encuentro el riesgo o el morbo a andar manoseando infectos cubos de basura, me parece una hazaña cutrísima. Y os puedo asegurar que son niños megapijos... Un día les tiré un cubo de agua, pero luepo les tuve que aguantar otra hora más gritándo insultos e improperios a pleno pulmón. La policía pasa olímpicamente de estas minucias que, sin embargo, le rompen los nervios a los pobres que intentamos pacíficamente dormir a las 5 o 6 de la madrugada.
Tanto me cansa a veces el ruido diario y el trajín con la gente, que me voy sola al cine para escuchar el sonido limpio y estéreo de las películas y, sobre todo, para no tener que hablar con nadie al menos durante un par de horas. Y es que hay gente que te taladra el oído con sólo abrir la boca. Lamentablemente, hablar alto es una cualidad muy mediterránea y que sorprende muchos a los extranjeros: tengo un primo francés que cuando venía a España de pequeño se pasaba el día llorando porque pensaba que todo el mundo le regañaba cuando le hablaba; tales eran las voces que le daban al pobre.
Me enerva especialmente la gente que grita al hablar, o que habla tan alto que todo el mundo se entera de la conversación que están manteniendo. No he pasado tanta vergüenza en mi vida como un día que fui a cenar con unas conocidas a un sitio muy elegante y las susodichas se liaron a contar a voces y con pelos y señales sus más recientes hazañas sexuales. Al salir del restaurante tuve la desagradable impresión de que los camareros pensaban de nosotras que éramos chicas de vida alegre. Y es que entre los buenos modales está el saber hablar con el tono adecuado, por no aludir al contenido...
Obras, vecinos ruidoso, niños berreantes, móviles que no dejan de sonar, aviones, coches, discotecas atronadoras, parejas chillonas... ¿Qué tipo de ruidos soportáis vosotros?
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