Extraído de un artículo que describía una visita ginecológica: "El doctor chequea tu aparato genital externo para observar posibles anomalías (...). Luego, con un guante, introducirá
uno o dos dedos en tu vagina y ejercerá presión sobre el abdomen con la otra mano para sentir tus órganos internos (...). Después, con la ayuda de un espéculo que mantendrá la vagina abierta, podrá examinar la cerviz, el tipo de flujo y otros detalles. Normalmente aprovechará para realizarte una
citología (...). Para ello, extraerá células del cuello uterino con la finalidad de detectar algún tipo de cáncer. Después del examen pélvico te hará un
chequeo y palpación de senos...
Ufffff. Eso de ir al ginecóloo a mí me da "yuyu", y corte, y un poco de miedito.

Que
hay que ir al ginecólogo, al menos anualmente, lo sabemos todas. De ello depende que, en caso de haber algún problema, pueda detectarse de forma precoz.
Según la OMS, en los países desarrollados
ha descendido considerablemente la mortalidad de enfermedades como el cáncer de pecho o de útero gracias al diagnóstico prematuro. Necesaria es la visita, sin duda, cuando detectamos cualquier problema, ya sea relacionado con molestias como con métodos anticonceptivos o deseos de concepción. Obligada en caso de sospecha de algo importante. Pero...
¿cuánto retrasamos esta visita aunque sepamos que la necesitamos?
Con el ginecólogo una se aguanta hasta el último momento porque, sinceramente, hay que echarle valor y ganas. Luego no suele ser para tanto, pero te pasa como con el dentista: te vas sugestionando desde el día antes hasta que consigues ponerte de los mismísimos nervios imaginándote todo tipo de torturas y nefastos diagnósticos.
Es incómodo y desagradable aunque quien te atienda sea una ginecóloga, aunque menos, la verdad; por lo menos sabes que la que está mirando tiene lo mismo que tú, sabe bien de lo le hablas y no te hace sentir tan violenta cuando hurga o toca en tus partes íntimas. Porque vaya trago cuando te abres de patas en el potro y cuando, todavía muerta de verguenza por la visita a tu más recóndito interior, aún te queda el tocamiento de pechos. Tremendo, de verdad; por lo menos en el dentista nadie te va a ver las partes nobles.
Recuerdo con horror la primera vez que fui a un ginecólogo. Era un amujer, pero me dio lo mismo porque era "más seca que una "mojama. En esa primera visita no hubo exploración porque en realidad yo iba por un problema de caíad de pelo para que comprobase el estado de mis hormonas; en este caso vía analítica y no palpacional. El trauma vino más porque yo en esos momentos no me llevaba muy bien con mi madre y no quería ni a tiros que entrase conmigo a la consulta. No tenía con ella confinaza y me daba una verguenza horrorosa pensar que la ginecóloga me podría hacer preguntas indiscretas que yo no querría responder delante de nadie. Nerviosa y sudorosa, cuando vino a llamarme la enfermera me metí como un rayo en la consulta, pero antes de que pudiera cerrar la puerta, mi madre la sujetó bien fuerte para dejar claro que ella también entraba. Luego no fue para tanto pero ambas lo pasamos fatal por la indinación que nos corroía; yo porque consideraba que mi madre no tenía derecho a entrar si yo no quería; y ella porque sentía que yo la había ofendido delante de todo el mundo por no querer dejarla entrar.
Nunca más volví a ir al ginecólogo con mi madre, considero que es un acto demasiado privado como para tener que compartirlo con nadie, aunque curiosamente, ahora ya no me importaría. Pero volvamos al tema. En mi segunda visita al ginecólogo, esta vez un chico joven muy simpático, no me libré del examen táctil, que fue, palabra más palabra menos, cómo he escrito al principio del post. Aunque apentaba normalidad y distendimiento, si hubiera podido hubiera salido corriendo y me hubiera puesto unas bragas de hierro para que nadie pudiera volver a mirar ahí dentro en una década.

En la
tercera visita me hicieron una ecografía normal y otra vaginal. ¿Os habéis hecho mucho pis alguna vez y habéis tenido que esperar mucho para ir la baño? Pues eso no es nada en comparación con lo que te espera cuando te hacen una
ecografía (aunque no es la que normalmente te hará el ginecólogo). Te tienes que beber varios litros de agua y esperar al menos dos horas hasta que te la hacen, con lo cual tú estás en la sala de espera con las piernas retorcidas, la cara descompuesta y quieta como una estatua porque como te muevas se te escapa allí mismo.
Para hacerte una ecografía vaginal te meten una especie de vibrador con un preservativo gigante. Una experiencia extrasensorial.
Bromas aparte y aunque sea incómoda, hay que ir al ginécologo chicas. Como dice el refrán, "una vez al año no hace daño". No sé vosotras, pero yo tengo amigas que no van jamás o que lo retrasan hasta que ya están de cuatro meses o con unos picores horrorosos ahí mismito. No lo hagáis, a la cuarta o quinta visita ya ni te inmutas cuando el ginecólogo se pone el guante, y pueden ser muchos los problemas de salud que os ahorréis. Además, el ginecólogol no está sólo para explorarte sino para informarte sobre cualquier duda que tengas acerca de tu sexualidad (métodos anticonceptivos, falta de deseo, relaciones dolorosas, etc.).
¿Cómo lleváis vosotras lo de ir al ginecólogo? ¿Tenéis alguna anécdota para contarme?