El otro día entré en Friday's Proyect, la nueva cadena multimarca que está arrasando en Madrid.
Por hacer tiempo, pero acabé en el probador con un montón de cosas. Yo
me venía notando algo más voluminosa por la zona abdominal y trasera, pero no sabía hasta qué punto. ¡Qué horror! Os juro que no reconocía a la tipa que me miraba en el espejo con cara de espanto ("más asustada estoy yo"), con l
a tripa sobresaliendo de un top y los hoyuelos de celulitis del divino biquini que me estaba intentando meter a presión. Me lo arranqué todo rápidamente y salí a toda pastilla de la tienda -a ver si de paso quemaba algunas calorías-.
"No puede ser, no puede ser, tengo que ponerme a dieta, así no me puedo irme a Ibiza, que allí hay mucha tía buena", me decía a mí misma con tremenda convicción. "Eso es, hoy mismo me pongo a dieta". "Sí señor, a dieta estricta"...
"Anda, han puesto aquí una heladería nueva... a ver, sólo por hacer tiempo mientras viene el bus...". Llegué a mi casa con unas 600 calorías más del tremendo helado que me había comido y el ánimo por los suelos, convenciéndome a mí misma de que tal vez me podía comprar un bañador mono que disimulara la tripa.
¿Es que existe mayor tortura que hacer dieta?
"Yo para hacer dieta necesitaría no ir nunca a mi casa, trabajar 16 horas diarias y llegar justo para dormir las ocho que le quedan al día". "A mí me tendrían que drogar con algo que me anulase la voluntad y la movilidad para no poder ir a la nevera". "Estoy por dejarlo con mi novio a ver si del disgusto me quito unos kilos". ¿Y si bebemos agua de la piscina para que nos entre un poco de gastroenteritis? "¿Y si me pongo un tapón en la boca?" Os juro que estas frases se las he oído decir a mis amigas... y alguna la he dicho yo misma. Porque para hacer dieta hace falta una fuerza de voluntad sobrehumana, una disciplina de hierro y una motivación extrasensorial" Lo ideal es echarse un "churri" nuevo o bien que te deje el que tenías -por tu mejor amiga o algo así, si puede ser- porque los disgustos son los mejores inhibidores del apetito, lo único que conseguire cerrarte de forma natural el estómago. Y el estrés, aunque también hay a quien le engorda por aquello de que los nervios piden mucho dulce para calmarse y normalmente son las malditas máquinas de snacks las que te lo proporcionan.
Supongo que los nutricionistas que lean esto tendrán muchos argumentos para rebatirme, como que si se hace una dieta seria, sana y equilibrada no se tiene por qué pasar hambre. Pero es que el hambre en las mujeres es, sobre todo, de origen emocional, y eso sólo puede calmarse con montones de onzas de chocolate, patatas fritas, bollos, chucherías, helados... Todo aquello que nos prohíben y que sabemos demasiado bien que nos cultiva las gorduras y las celulitis. El problema no es que vayas a comer menos y tengas que prescindir de ciertas cosas. Muchas veces, si estamos entretenidos, comemos poco sin darnos cuenta. El problema es el mismo hecho de pensar que estás a dieta; sólo imaginar que no puedes comer una cosa te hace desearla con toda tu alma. Como dice uno de los personajes de Lucía Etxebarria en su último libro, "Cosmofobia", "es como un monstruo que ruge y que, cuando se despierta, ya no se puede parar".
Para hacer dieta yo necesitaría que me hipnotizasen o algo así, o bien que me tuvieran todo el día entretenida con millones de cosas fascinantes, divertidas, gratificantes y apetecibles. Pero las cosas no son así. Cada día me levanto haciéndome el propósito de no comer dulces y no me acuesto sin "darle un tiento" a la tableta de chocolate. ¿Que no la compre? da igual, me bajo al OpenCore y me compro una caja de donuts. Yo intento motivarme, me autocastigo viendo las fotos de las modelos con esos cuerpos delgados y bien proporcionados que me hacen babear de envidia (menos las esqueléticas, esas me dan pena), pero en vez de tomarme una "coca ligth" y una manzana, me acabo bebiendo un batido de chocolate acompañado por una caja de cookies también de chocolate.

Finalmente, y porque
tengo ya una edad en la que me niego a sufrir por la estética, para mí
el mejor consejo que dan los nutricionistas es: aplicar la
"ley de la compensación". Es decir, no privarse de nada pero intentar compensar los excesos con otras comidas ligeras. Y funciona, porque
así te quitas la ansiedad por lo prohibido y no acabas metiéndote dentro de la nevera para comerte, casi para echarte por encima, todo lo que encuentres.
¿Cómo lleváis vosotr@s esto de hacer dieta?