Hormigas fritas, helados picantes, gambas crudas, caracoles de campo, entresijos, frutas fermentadas malolientes, piruletas de tequila con gusano incluido... Las costumbres gastronómicas de cada país sorprenden unas veces y asquean otras. Si a un español le puede parecer repugnante comer
escarabajos o gusanos, a un indio cherokee no le parece menos repulsivo quitarle la cáscara a un langostino y engullirlo. Una amiga mexicana me contaba que en su país las golosinas -lo que aquí serían las gominolas- se hacen con chile picante. Aquí,
más de un atrevido heladero se ha atrevido con sabores tan autóctonos como las lentejas o el chorizo. Otros amigos que estuvieron el verano pasado en China me dijeron que allí son normalísimos los helados de judías pintas. Cuando estuve
en Bali puede comprobar, a unos tres metros de distancia,
el olor nauseabundo de una fruta con forma de calabaza, que a ellos les parecía exquisita.
Pero no puede uno escandalizarse ante los gustos culinarios ajenos, basta pensar un poco en las preferencias y excentricidades propias para tener que callarse la boca. Os cuento, sin ir más lejos, las cosas raras que he visto comer a mis amigos...
No quiero ser "acusica", así que empezaré por mí misma. Creo que ya lo he contado alguna vez: para desayunar me gusta mojar las tostada, rezumantes de aceite, más una capa de mermelada de fresa, en el té. Más de uno me ha mirado con asquillo en un bar, sobre todo cuando me ha visto beberme después el té con una sólida capa de aceite por encima. A mí me encanta, y eso que soy bastante escrupulosa con la comida.
Una amiga mía hace algo que sólo he visto en las típicas series americanas de adolescentes: comer helado con palomitas de maíz. Es decir, agarra una tarrina de Häagen Dasz, una bolsa de palomitas, y las va echando en el helado. Mientras se lo come disfruta como una enana, pero luego siempre se le pone una "piedra" en el estómago que se muero. Pero al mes se le olvida y se vuelve a dar el homenaje.
Mi novio, que come como una lima y está flaco como un alhambre, también hace algunas combinaciones gastronómicas reseñables. De vez en cuando se coge un paquete de galletas María, las unta con una capa de medio centímetro de mantequilla, otra capa generosa de nocilla, otra de mermelada de fresa y luego, como no le parece los suficientemente dulce, le echa azúcar. Mira que yo soy golosa, pero la mezcla me parece excesiva. Esto de las galletas yo creo que lo hace mucha gente, pero él es el único al que he visto comerse un bocadillo de tortilla de medio metro relleno también con filetes de lomo. Verle comérselo era realmente amenizante: imagináos al morder la tortilla y el filete a la vez... En Cerdeña, en la isla de la Magdalena, se comió una pizzaa atroz de salchichas y patatas fritas, algo que le debe venir de familia, porque me ha contado que su madre de pequeña se hacía bocadillos de patatas fritas.
Cuando estuve hace poco en Vejer, Cádiz, también me sorprendí bastante de la capacidad de mis amigos para adaptarse a una de las costumbres culinarias del lugar: comer caracoles de campo. Esto es muy normal en España, pero yo soy incapaz, sobre todo si antes de llevártelos a la boca les ves los cuernecillos y los ojos. En mi vida he podido comerme uno; lo intenté con los bígaros, que a mi madre le encantan, y tampoco pude. Lo que sí comía de pequeña, y me encantaban, eran las ancas de rana...
Una amiga mía de Salamanca desayuna una cosa muy típica en Castilla y Extremadura: el pan "migao". Esto es: la noche antes cortas trozos de pan, los echas en café con leche (o la misma mañana), lo dejas reblandeciéndose, y te lo desayunas tan ricamente. A mí, que el pan mojado me da muchísimo asco (las tostadas las mojo lo justo), me da mucha "fatiguita" verlo.
Uno de mis hermanos, poseedor de pequeño de un apetito voraz, se hacía bocadillos de todo lo imaginable. Abría una barra de pan y le metía dentro hasta a mi madre si pasaba por allí. Durante una época en que le apetecía comer más ligero
le dio por hacerse bocadillos de manzana...
Pero no sólo en casa se comen cosas raras, yo, por ejemplo, en los restaurantes mexicanos alucino. Estoy segura de que en México se debe comer mejor, porque lo que es aquí yo veo platos que me parecen una auténtica guarrería, como el guacamole (que me perdonen sus fans). En la mayoría de los sitios es una mezcla atroz de aguacate, cebolla y queso fundido en la que se mojan ¿doritos? Y en gerenal, todas las comidas consisten en "lo que sea cubierto de muchísimo queso fundido".

Otra cosa que me parece tremenda es la
bollería industrial made in USA, como los
"dunkin donutus" o los
"cinammon rolls". ¿Cómo puede tener un bollo hecho como Dios manda esos colores fosforitos, esas texturas y esos sabores que, encima, son adictivos? Me parecen totalmente sintéticos, como si te comieras una bolsa de plástico o una rueda.
Un programa de Carlos Herrera con el que me reí especialmente era precisamente uno en el que preguntaban a los oyentes sobre "Comida fusión con las sobras de la nevera, o comidas raras". Las respuestas de los oyentes no tenían desperdicio: croissant relleno de morro frito, foie ras de colacao, pimientos del piquillo rellenos de nata, bocadillo de novilla con chorizo, baguettes rellenas de plátanos y anchoas, bocadillo de tomate con aceite, sal y chocolate negro, sesos fritso rebozados con azúcar... Sin comentarios.
Si os animáis a probar cosas raras, os recomiendo "El Jerezano", en San Sebastián de los Reyes, Madrid, donde podréis probar platos tan ¿deliciosos? como escorpión con guacamole, hormigas colombianas con nachos o grillos salteados con brotes de bambú. Yo ni he ido, ni creo que vaya.
Confesadme, ¿qué mezclas estrambóticas o guarrerías gastronómicas os encantan?