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# viernes, 03 de agosto de 2007 20:16

¡Qué desastre de vacaciones!

Aún no me he marchado de vacaciones y espero no decir esto a mi vuelta, pero tras varias experiencias poco recomendables en pasadas vacaciones, no puedo evitar desarrollar cierto "pesimismo prevacacional". Para combatirlo, intento no hacerme ilusiones ni fantásticas composiciones previas de lugar, y así luego todo lo bueno me emociona el doble y lo malo no me sorprende tanto. Y es que hay vacaciones que uno no debiera haberse tomado nunca, aquellas en las que todo parece torcerse y de las que vuelve uno más cansado y estresado de lo que se iba. Esto último le suele pasar a mi novio y a mucha gente que se va de vacaciones con montones de amigos con los que no para de hacer millones de cosas todo el rato, entre ellas, trasnochar mucho. Yo no suelo acompañarle en este tipo de "viajes sociales" porque me agotan; de hecho, cuando vuelve, siempre dice que necesita otras vacacionesencerrado solo en casa para recuperarse de las anteriores.

Pero son muchas las cosas que puede ocurrir en vacaciones...

Hace cuatro años me fui a Cádiz con mis amigas. Habíamos alquilado una casa por el Segunda Mano y estábamos convencidas de que iba a ser una mansión: tres habitaciones, dos baños, jardín propio y encima, a estrenar... Desde luego, por el precio que íbamos a pagar no esperábamos menos. Menudo golpe nos llevamos cuando llegamos al supuesto chalet: era una especie de casa prefabricada con techo de uralita,eso sí, a estrenar. Lo de las tres habitaciones y los dos baños era cierto, pero qué pelaje tenía aquello, daban ganas de salir corriendo. No os lo creeríais. Encima, el supuesto chalet estaba dentro de la propia parcela del de los dueños, era algo así como una caseta a lo grande que habían construido para alquilar en verano. Después de diez horas de viaje, con el coche cargado hasta los topes y sudando como pollos, a punto estuvimos de conformarnos con aquella birria. Menos mal que se nos hizo la luz y le dijimos al tipo que "nanai", que nos devolviera el dinero que aquello no se podía considerar una casa, y mucho menos un chalet. El hombre se puso gallito y nos enzarzamos todos en una infructuosa discusión (¡el primer día de nuestras vacaciones!). Desesperada, me armé con toda la diplomacia y educación de la que fui posible y, tras algo así como tres cuartos de hora de desesperantes tiras y aflojas, conseguí que nos devolviera la mitad de la fianza.

A partir de ahí, y bajo el inclemente sol de las cuatro de la tarde en pleno agosto, iniciamos un peregrinaje por los alrededores dee Conil en busca de casa. Le preguntabas a alguien e inmediatamente te decía que tenía un primo que tenía una cuñada que tenía una amiga que tenía una casa para alquilar. Uno de aquellos familiares que conocimos nos dijo que tenía un chalet disponible para ese mismo día; grande y amueblado, con televisión y jardín. Para el que pueda dudar de mi testimonio, le doy mi palabra de que es cierto: el hombre nos llevó a su propia casa, donde estaba su familia comiendo en la mesa, abuelos incluidos; manteles de ganchillo, flamenca y botijo ente la decoración. Nos dijo que no había problema, que terminaban de comer y se iban... Muertas nos quedamos.

Sin embargo, por esa ley de compensación universal, tantas calamidades tuvieron finalmente su recompensa y acabamos encontrando el chalet de nuestros sueños por poco más de lo que nos pedía el primer hombre. Además, luego fue un verano de esos que recuerdas toda la vida... pero ésa es otra historia.

Son muchas las anécdotas de vacaciones desastrosas que he oído. Una de las mejores es la que protagonizó un amigo francés, la típica persona a la que siempre le pasa todo. Romin, que así se llama, se fue el verano pasado a la boda de una amiga en Marruecos. Elegante y refinado, amante de la literatura, el arte y los placeres de la buena mesa, decidió apartarse de los lujos y descubrir el país -por el que viajaría durante unos días antes del enlace para vivir experiencias más auténticas. Así, decidió alojarse en pensiones y albergues, de los que no acabó sacando en claro más que una buena "troupe" de ladillas en sus partes íntimas y piojos en su hermosa cabellera. Atormentado por los picores arriba y abajo, decidió rasurarse el pelo en ambasa partes. De esta guisa -sólo visible la desaparción de su hermosa cabellera, por supuesto- se presentó el día de la boda ante el asombro de los novios, que entendieron de inmediato la drástica decisión cuando les contó el motivo. Por fin relajado entre amigos y familiares, decidió darse un baño en la playa cercana, aguas de las que tuvo que salir como alma que lleva el diablo debido a los endiablados picores que la sal marina le producía en sus partes. Y claro, ante tanto público no quedaba bien rascarse. Olvidado ya este trance por la tarde, tuvo lugar, sin más incidentes, la boda. En la fiesta posterior fue Romin ganando confianza en sí mismo, olvidados ya los picores, y se dispuso a bailar en la improvisada pista al rirmo de la sugerente música árabe... con tan mala suerte, que pisó un cable de los equipos de sonido y se electrocutó. Por suerte, la tensión no era demasiado alta y sólo le dejó atontado, aunque se tuvo que ir a acostar sin cenar siquiera.

A la mañana siguiente, y a diferencia del resto de comensales, se levantó Romin radiante, descansado y fresco tras el reparador sueño. Para celebrarlo, y convencido de que los picores ya no le atacarían más, decidió reconciliarse con el mar dándose otro bañito. Picores íntimo no hubo esta vez, solamente los que le produjo en el pie el pisar un pez araña... En el hospital acabó ese día le pobre Romin.

Aunque os haya podido sonar a cuento, todo lo que os relato es verdad, me lo contó la contrariada novia (para la que trabajo) y algo después el propio Romin en Bali, donde tuve el placer de conocerle y comprobar que su curiosa suerte era cierta. Un día, haciendo surf en la playa de Padang Padang casi le tienen que rescatar unos pescadores de unas rocas a las que se subió con la tabla... pero ésa también es otra historia

Podría contaros muchas anécdotas sobre vacaciones desastrosas, pero prefiero que me contéis las vuestras, sobre todo si son divertidas.   

 

 

Comentarios

# el guevo mio ha opinado el lunes, 10 de septiembre de 2007 21:51
re: ¡Qué desastre de vacaciones!

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