Durante mis días de asueto en la playa leí un artículo que, de primeras, me pareció algo rancio, pero luego me hizo plantarme algo que venía sospechando desde hace tiempo: cada vez me parezco más a mi madre. Y nos hemos llevado como el perro y el gato, nos hemos pasado mi adolescencia discutiendio maratónicamente y dándonos disgustos gordísimos. Yo estab aberrada por la tremenda sobreprotección con la que que el infinito amor de mi madre me machacaba, y yo la tratataba cruelmente unas veces, con desprecio otras, e ignorándola y no contándole nunca nada de mi vida las más de las ocasiones. Durante esa época me juré, me imagino que como la mayoría de las adolescentes, que nunca sería como ella....
Al mirar a mi madre o al ver una foto suya, nunca me he encontrado parecido. Sin embargo, cada vez que alguien hace la misma observación me dice con asombro que somos igualitas. Lo del parecido físico, por supuesto, es normal, pero lo de los gestos, formas de pensar y comportarse, ya es otro cantar. Y es que hace ya unos cuantos años que mi familia, mis amigos y mi novio me dicen cosas como: "ese gesto es típico de tu madre", "eres tan quejica como tu madre" (justsamente los que más detestaba en ella) o "te comportas conmigo como tu madre con tu padre". Y es que, por muchos novios canallas o estrambóticos que hayamos tenido, casi siempre acabamos con un hombre parecido a nuestro padre, y adoptando con él un rol parecido al que hemos visto despempeñar toda la vida a nuestra madre. No voy a confesar públicamente lo que creo que estoy calcando de mi progenitora con mi pareja, no sea que luego se agarre a esta confesión ública para torturarme. Pero sí diré que, aunque sé que repito comportamientos que en ella me sacaban de quicio, también he heredado otros de los que me siento muy orgullosa.
Volviendo al artículo: lo que más me gustó leer era lo que opinaban algunas famosas sobre sus parecidos con sus madres. Sus comentarios decían mucho a propósito de ellas y el tipo de personas en las que se han convertido. Soy de la opinión -ya que lo he experimentado yo mismo- de que uno no puede estar en paz consigo mismo si no está paz con su familia, sobre todo con su madre. “Ojalá me pareciese a ella, tengo una madre perfecta”, decía Lydia Bosch. Raquel Meroño comentaba que toda la vida le había puesto nerviosa la superprotección de su madre, y ahora que es madre se da cuenta de que es igual. Toni Acosta se reconoce en su madre en lo prudente y protectora que es con su familia.
¿En qué has acabado pareciéndote a tu madre que antes odiabas en ella?