Espacio publicitario
terra.es Blogs Oficiales

Artículos - septiembre 2007

# domingo, 30 de septiembre de 2007 10:20

¡Ay, Darek!

No me gustan nada los típicos tíos musculosos de gimnasio, pero, ¡ay Darek!, tú tienes la masa muscular justa y necesaria, y estupendamente bien repartida por ese cuerpo glorioso que la naturaleza te dio.

Odio con toda mi alma a los hombres con mechas, me producen un desagradable, cuasndo no menos hoertera, efecto visual, pero, ¡ay, Darek!, a ti te sientan divinamente; da igual que te pongas una peluca o un turbante.

Detesto a los advenedizos que se arriman al famoso de turno a ver si se les pega algo, pero, ¡ay Darek!, la que comparte tu lecho y recuerda en tu exultante juventud la suya perdida, es una de las mujeres más envidiadas de España. Y la entiendo, y te entiendo, ¡ay!

Me suele molestar que, por aquello de la fama de la pareja a la que se arriman, algunos/as, sin habérselo tenido que currar como el que no tiene famoso que le ladre, de repente se convierten en modelos o sean requeridos rauda y velozmente por la interesada televisión. Pero, ¡ay Darek¡, tu tienes planta y valía de sobra como modelo. Y en el Club de la Comedia no sólo me resultaste simpatiquísimo y encantador, sino valiente, ya que hay que ser osado para lanzarse a hacer humor en idioma ajeno. Unas veces lo conseguías y la mayoría no, pero tienes una cualidad que no todos poseen: caes bien de forma natural.

Me hace gracia que, de repente, un nuevo famoso sea consultado, cual oráculo, sobre sus trucos y secretos para estar guapo o en forma, como te ha preguntado a ti una conocida revista femenina. Pero, ¡ay, Darek!, si es que encima de joven y guapo, eres sano y deportista. Haces buena pareja pues con Anita, a la que le encanta correr en las cintas del gym con gafas de sol, por aquello de que no la reconozcan. Sólo una objeción, a ti o la redactora del artículo, los ejercicios que recomiendas en tu tabla y con los que dices ponerte en forma, no son estiramientos, sino ejercicios de tonificación.

Mucho te han criticado por salir con una dama sobradamente mayor que tu, teniendo, como tienes, lista de espera a tus anchas espaldas, pero, ¡ay, Darek!, tu sabes apreciar la experiencia y la belleza interior. Me recuerdas al novio de Samantha en Sexo en Nueva York.

Te preguntan si cuidas tu alimentación y tú, prudente y coherente, dices que sí, pero sin obsesionarte. ¡Ay, Darek!, como me gusta la gente que se cuida pero sabe poner límites; que si te tienes que comer una hamburgesa o un cocidito madrileño, no le hace ascos por miedo a las rasas y gorduras. Ahora que vas a ser modelo, que te han contratado como imagen las firmas Datch y Ninenlives, no te vayas a obsesionar con estar delgado para lucir bien; suficiente me parece que quieras dejar de hacer pesas para bajar volumen, no te me vayas a convertir en un esmirriaqdo maniquí.

Veo fotos tuyas haciendo jogging con unas horrorosas gafas azules de sol; veo fotos tuyas con un look tirando a rockero fashion que a veces me hace dudar de tu gusto al vestir. pero, ¡ay, Darek!, todo te lo tengo que perdonar cuando te veo, todo simpatía y espontaneidad, sonreír.

Has hecho tus pinitos en el Club de Flo, pero dices que no quieres ser actor, que lo tuyo es el modelaje. Que si alguna vez te diera por la actuación, primero te prepararías bien. ¡Ay, Darek!, qué bien llevas las tentaciones de la fama, no te pueden las ansias y avaricias a las que sucumben otros recién llegados a la fama. Sabes tú bien eso de que "el que mucho abarca poco aprieta". Sabes tú de sobra que tu punto fuerte es tu glorioso cuerpo y tu no menos atractiva cara; sabes tú bien, que a adonis, nadie te gana.

Y es que, Darek, te lo tengo que decir: ¡olé, qué bien me caes¡

Aunque no sea vuestro tipo, ¿no se os escapa algún ¡ay! cuando véis a Darek?

 

# martes, 25 de septiembre de 2007 17:32

Natalie Portman, el desnudo más meditado

A sus 26 años, Natalie Portman ha decidido romper con la imagen angelical y puritana que hasta ahora tenía en Hollywood. No lo hace para ganar popularidad ni para relanzar su carrera, no lo necesita. Lo hace, según ella misma, porque era el momento.

A los 11 años, tras grabar su primera peícula, le ofrecieron ser la nueva "lolita" en el remake de la conocida película. No aceptó, me imagino que aconsejada por sus padres, argumentando que no tenía edad para ese papel. Creoq ue fue una buena decisión, su carrera fue igualmente exitosa sin necesidad de un papel explosivo en la adolescencia.

En "Closer", una película que me encanta, aparecía en ropa interior y en poses eróticas, pero nunca desnuda. Ella misma negoció la eliminación de las escenas que exigían quitarse la ropa. También lo entiendo. Como espectadora, no necesitaba, argumental ni estéticamente, ver a Natalie desnuda; no sé si el público masculino opinará igual.

En "Los fantasmas de Goya", la película de Milos Forman que rodó en España junto a Bardem, pidió una doble para las escenas de desnudos. El filme pasó sin pena ni gloria por las carteleras pese a que el espectador creyera estar viendo los atributos de Natalie, así que desnudarse no tiene por qué ser sinónimo de buena recaudación.

Ahora, pasado el cuarto de siglo, con un buen bagaje actoral y vital a sus espaldas, Natalie ha decidido que le apetece hacrelo. Con todo el conocimiento de causa y sin las presiones que sufren muchas jóvenes actrices al comienzo de su carrera, cuando suelen tener que pasar por el aro del desnudo.

Natalie se ha desnudado en "Hotel Chevalier", el corto de Wes Anderson, director de las divertidísimas "Aquatic Life" y "The Tenenbaums". La historia, dos jóvenes enamorados en un hotel de París. La idea incial era exhibir (y nunca mejor dicho) el corto antes del estreno de "The Darjeeling Limited", la nueva película de Anderson. Pero la expectación fue tal, que se pasó en La Mostra. El estreno de la película de Anderson en España será en enero, pero no sabemos si irá precedido del famoso corto.  

¿Iríais al cine sólo por ver el desnudo de Natalie?

Si no necesitáis ver a mujer desnuda para apreciarla, podéis encontrar fotos muy bonitasde Natalie en su web:

www.natalieportman.com

 

# lunes, 24 de septiembre de 2007 14:31

¿Azúcar o sacarina?

¿Qué es mejor, endulzar el café con un sobrecito de azúcar o con uno de sacarina? Esta pregunta me la hacía una amiga al verme sacar del bolso mi cajita de Hermesetas, el edulcorante artificial que suelo usar para endulzar mis tés. "No es ni mejor ni peor, todo depende de por qué quieras usar cada cosa y sepas qué efecto tiene en tu organismo", le dije. En mi caso, yo soy una adicta confesa a lo dulce, sobre todo el chocolate, y suelo usar sacarina solamente para endulzar las varias infusiones diarias que me tomo y así no abusar del azúcar. Aunque más o menos sabía lo que es el azúcar y lo que son los edulcorantes artificiales, mi respuesta se me quedó algo "coja", así que decidí investigar sobre ambas sustancias para contároslo en el blog. ¡Qué interesante lo que he averiguado¡

 

Como todos sabréis, en torno a la utilización de la sacarina y otros edulcorantes, hay una polémica de carácter mundial. Hace años se publicó un estudio que relacionaba el consumo de sacArina con el cáncer de vejiga. Pero la investigación que probaba dicha relación había suministrado dosis masivas de sacarina a ratas de laboratorio, lo cual restaba fiabilidad a las conclusiones. De todas formas, EEUU incluyó la sacarina en su lista de sustancias cancerígenas y países como Canadá prohibieron su uso alimentario (también se emplea en la elaboración de cosméticos y ciertos medicamentos). Sin embargo, numerosos estudios posteriores demostraron que la ingesta de la sacarina y otros edulcorantes artificiales en cantidades normales no suponía ningún riesgo para la salud y la sacó de la “lista negra”.

 

La fiebre por los productos light y por la delgadez aumentó el consumo de este tipo de edulcorantes bajos o carentes de calorías. Pero no sólo empleados conscientemente por los consumidores para endulzar el café o el té, sino por la industria alimentaria para elaborar cientos de productos bajos en calorías (zumos, refrescos, chicles, caramelos...). Pero no sólo “ligth”, sin saberlo, hasta los detractores de la sacarina y otros endulzantes artificiales, consumen diariamente un montón de productos que contienen estas sustancias: helados, bollos, zumos, refrescos, lácteos, pasta de dientes...

 

Es decir, que muchos de los que critican a la gente que toma sacarina, la consume sin darse cuenta. Pero no hay que alarmarse, como he dicho antes, los edulcorantes no tienen por qué tener efectos perjudiciales para el organismo y su uso alimentario está aprobado por las principales agencias internacionales de salud pública. Eso sí, ingeridos en exceso (un montón de chicles, caramelos, refrescos y productos light diarios que los contengan), pueden producir efectos desagradables como gases, diarrea o vómitos. Mi recomendación: leer las etiquetas de los productos que consumimos antes de llevárnoslos a casa. La OMS ha determinado un índice de IDA, es decir, de cantidad diaria aceptable de aditivos alimentarios que a lo largo de nuestra vida no tengan ningún efecto perjudicial sobre nuestra salud. Haciendo cálculos, vendría a ser menos de veinte pastillas diarias de sacarina. De todas formas, por lo que sé, los homeópatas desaconsejan el consumo de sacarina, y recomiendan el azúcar, la miel o incluso el sirope de savia como endulzante.

 

Pero hay más cosas interesantes. ¿Qué es exactamente la sacarina? Se trata de un edulcorante artificial descubierto en 1879, entre 200 y 500 veces más dulce que el azúcar y con un ligero gusto amargo; de ahí que suela mezclarse con otras sustancias. En el mercado puede encontrarse, junto con otro tipo de edulcorantes, en forma de pastillas gránulos, polvo o líquido.

 

Profundicemos un poco más en el tipo de endulzantes que tenemos a nuestra disposición.

 

Azúcar o sacarosa (el azúcar de mesa): endulzante natural a base de fructosa y glucosa, y contiene unas 4 calorías por gramo. Muy poquitas y perfectamente aceptablespara una persona sin problemas de sobrepeso.

 

Entre el resto de edulcorantes los hay naturales, nutritivos y no nutritivos. Los naturales provienen del azúcar de los alimentos: glucosa, fructosa, galactosa, lactosa, maltosa y miel. Los nutritivos se obtienen a partir de sustancias naturales; azúcares refinados, jarabe de maíz, dextrosa, lactosa y otros como el sorbitol, xylitol, manitol o isomalt. Estos últimos, de bajo poder energético se emplean para hacer chicles y caramelos porque no fermentan en la bioca y no producen caries. Pero, aunque pocas, sí tienen calorías. Ahora entiende por qué endocrino le prohibió a mi amiga los chicles cuando se puso a dieta...

 

Entre los edulcorantes no nutritivos o intensos están los químicos o artificiales (sacarina, aspartamo, acesulfamo, ciclamato o alitamo), que no aportan calorías, y los de origen vegetal, como la glicirriza. La sacarina, el aspartamo y el ciclamato son los más empleados como endulzantes. De ellos, la OMS recomienda no ingerir más de 40 mg diarios por kilo de peso corporal de aspartamo, 7-11 de ciclamato y 5 mg de sacarina.

 

Explicado todo esto, vuelvo a la pregunta de mi amiga. ¿Por qué tomo sacarina? En mi caso es para ahorrarme algunas calorías diarias, ya que tomo a diario otros azúcares (mucha fruta, chocolate, miel, algún bollo...) y varias infusiones (la mayoría las endulzo con sacarina y alguna con miel, sobre todo en invierno). Confieso que soy de las que, tras una comida copiosa con súper postre dulce, pide sacarina para el poleo, ya que al menos no añado más calorías de las que ya me he tomado. Pero una persona sin problemas de peso y con una dieta equilibrada no tiene por qué sustituir el azúcar por sacarina, que es recomendable cuando se está a dieta.

 

Mi pregunta para vosotros: ¿azúcar o sacarina?

 

# miércoles, 19 de septiembre de 2007 10:45

La guapísima novia de Matthew Macconaughey

El hombre vivo más sexy del mundo según la revista People tiene nueva novia: Camila Alves, una modelo brasileña de tan sólo 22 años cuyo cuerpo compite en perfección con el de Matthew. Esta misma semana la hemos podido ver desfilando en Cibeles para TCN, y estaba realmente impresionante en biquini, la prueba que pocas superan con nota. 86-61-89 muy bien repartidas en 1,78 metros de altura son las medidas de Camila, que ya se sitúa entre las tops más importantes del momento.

Camila es dulce y tímida, no le gusta nada hablar de su vida privada y mucho menos de su relación con el actor texano, uno de los hombres más deseados del mundo. No sabemos si compartirá con él la afición al deporte: allí donde va, Matthew monta una especie de campamento para hacer deporte: a sus 37 años el actor no puede descuidar su entrenamiento si quiere conservar su espectacular físico.

Inevitablemente, la modelo brasileña ha visto su carrera lanzada por su relación con Mathew, pero no sólo tiene cualidades suficientes para triufar por su cuenta, sino que se lo merece: se marchó a Estados Unidos muy jovencita para probar suerte como modelo, y hasta que lo consiguió, trabajó como asistenta. Después, compartiría piso con otras modelos hasta que llegaron las campañas de Levi's, Billabong o Dior, que la lanzaron al selecto grupo de tops internacionales que dominan las pasarelas. Casi un cuento de hadas para una princesa de piel morena.

Morena, racial, de cuerpo fibroso y perfecto, Camila forma con Matthew una de las parejas más guapas y sexys del panorama internacional. A mí personalmente me gusta más la pareja que ellos hacen, que la que un su día formara Mathew con Penélope Cruz, quien estos días es noticia por su supuesta relación con Javier Bardem.

¿Os gusta más Camila Alves que Penélope Cruz? 

www.camilaalves.com

 

 

# lunes, 17 de septiembre de 2007 13:34

¡Ay, qué dura es la vuelta al gym!

Como cada año, regreso en septiembre al gimnasio esperanzada e ilusionada. "Este año voy a ir como mínimo cuatro días a la semana", "voy a hacer más aeróbico para quitarme de una vez la dichosa tripa", "voy a nadar, voy a ir a clases de body pump, de body combat y de spinning", "y de vez en cuando voy a correr por mi barrio con mi churri". Todo eso y más pienso cada verano cuando llega la hora de volver al gimnasio. Pero claro, después de haberme pasado casi dos meses sin hacer nada de nada -brazada aquí, paseo allá a lo sumo- se me olvidan ipso facto todos mis buenos propósitos cuando llego a casa destruida tras mi primer día de gimnasio.

Este año fue mucho peor, porque iba tan imbuida en mis nuevos planes de entrenamiento, que me hice una clase de body pump, otra de step y media hora de piscina el primer día. Cuando mis maletrchos músculos se enfriaron, piernas y brazos se me quedaron tiesos como estacas y hube de volver a mi casa cual octogenaria renqueante. Esa noche, los dolores casi no me dejaron ni dormir. Pero al día siguiente fue peor, el dolor de piernas se había intensificado de tal modo que al andar por la calle o cubir el autobús iba emitiendo contenidos gemidos de dolor que bien pudieran llevar a los transúntes o viajeros a sospechar que iba yo gozando con algún juguete erótico femenino de última generación.

Aún no decayeron entonces mis ansias de recuperar el cuerpo que tenía a los veinte. Así, esa misma tarde volví al gimnasio, donde sufrí lo indecible para hacer una clase de fitness, al final de la cual me retiré discretamente a casa diciéndole a mis compañeras de fatigas en el gym (mucho más sufridas que yo) que tenía mucho trabajo que hacer. Al llegar a casa lloraba como una púber del dolor de piernas, pero me tomé una aspirina y parece que se adormeció el dolor.

El día siguiente me lo temé de descanso por aquello de dejar recuperarse a los músculos, lo cual según he leído, optimiza los resultados del entrenamiento. Tras el descando del miércoles, el jueves volví a la carga ataviada con mi nueva equipación para el gym, a ver si viéndome guapa me entraban más ganitas de sufrir. Fui, y cumplí. Hice una clase de body combat, es decir, de boxeo con música. Ya después de la ducha empecé a notar cierta rigidez en la espalda y renovados dolores en las piernas, pero hice oídos sordos a mi cuerpo. Para rematar la faena, decidí volver andandando a casa. De camino, me pasé por el socorrido OpenCore a por una garrafa de agua y algo de fruta. ¡Mi madre! Casi fallezco en el intento, los hombros con sendas incipientes tendinitis provocadas por el peso de las bolsas; las piernas inflexibles ya por la rigidez muscular; la espalda dando dolorosísimos pinchazos que me hacían moverme más o menos al conocido ritmo de San Vito.

Cuando conseguí subir a casa y vencer a distancia que me separaba del ansiado sofá, me encontré allí a mi novio con una bolsa de guisantes congelados en un hombro y otra de gambas también congeladas en el otro, emitiendo unos gemidos entre los que se dejaba oír de vez en cuando un "ay, qué malito estoy". Inmediatamente le robé los guisantes, que se adaptan mejor al cuerpo, y me los puse en las piernas, haciéndome sitio en sofá. Aquella noche creo que ni cenamos de cómo estábamos de perjudicados los dos. Ni ofreciéndonos el uno al otro 5o euros había forma de que alguien se levantara a hacer la cena.

Pasadas aquellas interminables penurias de la primera semana -porque es esa endiablada primera semana la que te convence de que el gimnasio es algo demoníaco- he de reconocer, que ya nos estamos entonando los dos. La cosa sigue costando, pero ya puedo flexionar las piernas y no me despiertan a media noche horrorosos calambres. No sé si cumpliré todos los planes que tengo para moldear mi figura, pero al menos sí seguiré yendo al gimnasio: superada esa primera semana cada vez empiezo a encontrarme mejor, más activa y hasta me veo más guapa.

Como me decía una monitora del gimnasio, el único truco para combatir las agujetas, es volver al día siguiente al gimnasio. Si dejas pasar mucho tiempo entre sesión y sesión siempre estás en las mismas. También ayuda mucho empezar poco a poco, sin hacer las burradas que yo he cometido, darse incluso un masajito si tenemos posibles, y tomarse una aspirina o un paracetamol si hay muchos dolores. ¡Ah! Y beber mucha agua antes, durante y después de hacer ejercicio para que los músculos y las articulaciones estén bien hidratados (disminuye el riesgo de lesión), y comer bien: hidratos antes de ir al gym y proteínas después.

¿Cómo ha sido vuestra primera semana de gimnasio? 

 

# domingo, 16 de septiembre de 2007 17:33

¿Quién cocina en casa?

La línea de los que viven en casa y el reparto justo de las tareas domésticas tiene mucho que ver con el que ejerce de cocinera/o en el hogar. Más aún cuando ambos cónyuges se alternan en esta tarea. Me explico. Hay hombres que, estando su pareja en casa, ni pisan la cocina ni saben lo que es. Hay mujeres que no saben ni lo que es freír un huevo y tiran del precocinado y precongelado, a la par que muchos solteros, para llenar sus maltrechos estómagos. Hay hombres que cocinan como los ángeles pero que ensucian como demonios mientras lo hacen. Los hay, y las hay, cocineros de vocación, que se entregan con fervor a las artes culinarias y ejercen, además, de excelentes pinches de cocina de los que limpian a la vez que ensucian, como suelen hacer las astutas amas.

Lo de ir limpiando a la vez que cocinan es algo que solemos hacer más las mujeres, sobre todo cuando somos nosotras las que nos ocupamos de las tareas del hogar. Siguiendo el ejemplo del buen Arguiñano, pulcrísimo en la cocina, algunos hombres -sobre todo cuando no tienen un pinche femenino al lado- han descubierto lo práctico que es ir limpiando lo que uno va utilizando. Al final casi no tienes que recoger nada.

Esto es algo que mi padre ha aprendido pasados los sesenta, tras toda una vida de regañinas por parte de mi madre cuando se metía en la cocina, que encima es muy habitual porque a los dos les encanta cocinar. He de reconocer que me he reído mucho viendo a mi padre en acción. La verdad es que guisa estupendamente y tiene una paciencia infinita para los platos elaborados en los que hay que pelar, picar, desmenuzar, dar vueltas, etc., pero es un desastre en su modus operandi. A mi padre le encanta echarle abundante aceite de oliva a los platos que cocina, cosa que sólo puede hacer cuando mi madre no le ve porque es capaz de echarle medio litro a una ensalada, dejar la tortilla de patatas nadando en aceite o echarle un chorrito a las aceitunas "para que no se sequen". Normalmente, al echar el aceite se le suele verter un poco en el pantalón o la camisa, además de pringarse bien las manos. Para limpiárse suele coger lo que más a mano tenga, ya sean los visillos o la chaqueta que acaba de dejar mi madre. Para quitarse las manchas del pantalón suele recurrir al trapo sucio que mi madre tiene en remojo o a la funda que cubre el jamón ibérico.

Tras el paso de mi padre por la cocina solían quedar varias sartenes, dos o tres ollas, cazos, cubiertos, platos y todo tipo de vajilla y utensilios de cocina sucios en la pila. Además del suelo pringoso de aceite, marcas de manos en los cristales, los fogones requemados y cáscaras de verduras o lo que haya estado pelando hasta en el salón. Pero digo solían porque tras arduos años de lucha por fin mi madre ha conseguido adiestrarle y el buen hombre ha asimilado lo de ir recogiendo a la vez que va utilizando. Ahora, tras el paso de mi padre por la cocina todo parece quedar perfectamente limpio y ordenado, si no te acercas mucho, porque lo de la grasa y los hombres es incompatible, nunca consiuen quitarla del todo.

El tipo de platos que prepara mi padre -al que adoro, por cierto- también vienen muy al caso con el tema del post: cuánto influye la persona que cocina con la línea de los que vieven en casa. Cuando mi madre cocina lo hace todo con la mínima grasa, el aceite justo, las formas de cocción más ligeras... cuando hace su espectacular cocido extremeño hasta cuece aparte el chorizo, la morcilla y el tocino para desgrasarlo bien. Cuando cocina mi padre hace unos platos como bombas atómicas. Una de sus especialidades, que aprovecha para hacer cuando mi madre no está, es el pollo al horno. Bien untado de aceite, con varias cebollas, pimientos rojos y patatas como acompañamiento, todo ello frito previamente en la sartén. El pollo suele aderezarlo con ajo, perejil, pimienta y un toque de picante. Luego lo recubre con un poco de tocino ibérico para que quede bien sabroso. Cuando te lo comes, aquello está de muerte, pero te pasas haciendo la digestión toda la semana. ¡Ah! Seguramente de aperitivo te habrá puesto un poco de tocino ibérico fritito.

En mi caso, mi novio es muy apañado para las cosas de la casa, pero lo de cocinar aún no lo controla mucho. No es que yo sea una gran cocinera, pero llevo las riendas del tema. Aunque él haya llegado a casa mucho antes que yo, es incapaz de tomar la iniciativa sobre la cena o la comida, siempre espera a que llegue yo para ver qué comemos. Normalmente soy yo quien cocina porque además me relaja, pero si es él quien se decide, podemos acabar comiendo pasta con pasta, trozos de chorizo o filetes a la plancha-plancha, es decir, más tiesos que un cartón. Ante sus habituales preguntas de "¿esto que es cariño, proteína, hidratos o vitaminas?" cuando tiene en la mano un pimiento verde, prefiero ser yo quien diseñe los menús para asegurarme de que comenos de forma equilibrada.

Todo esto que os cuento me lo planteé al leer un artículo que decía lo fácil que era poner a dieta a nuestros novios sin que se dieran cuenta. Yo creo que si fuera mi novio el que se ocupase de nuestra alimentación, yo engordaría unos cuantos kilos cada semana. Y lo mismo le pasaría a alguna de mis amigas, que tienen novios muy cocinillas pero que no piensan para nada en sus líneas. Porque también hay que ser malvado para hacerte por la noche una deliciosa lasaña de carne y champiñones, unos huevos rotos con jamón y pan recien comprado o unos chorizoa la sidra. Y también hay que ser muy maligno para hacerte la cena pero dejarte luego de postre un montón de platos sucios en la pila. ¡Así cualquiera!

Lo ideal, como en la película "Deliciosa Martha", de la que Caterine Zeta Jones protagoniza el remake, es que los dos miembros de la pareja se metan juntos en la cocina, a disfrutar y a repartirse las tareas.

¿Quién cocina en vuestra casa?

 

# miércoles, 12 de septiembre de 2007 11:45

Evangelista, Linda: vuelve la nº1

42 años y ha vuelto al mundo de la moda. Tan bella, escultural y camaleónica como siempre. Como si el tiempo se hubiera detenido diez años atrás, cuando decidió retirarse debido a la depresión sufrida por sus fallidos intentos der ser madre. Ahora tiene un bebé, su prioridad absoluta, y ha vuelto, demostrando a todos que el reinado de una top no termina a los treinta, ni siquiera a los cuarenta. Con su imagen andrógina y sus constantes cambios de look, Linda se convirtió, en mi opinión, en la mejor modelo de los 80, en la musa de los diseñadores, en un modelo que las jóvenes imitaban como ahora lo hacen con Kate Moss.

Veinte años como modelo la han consagrado como la top por excelencia. De ella es la famosa frase "no me levanto de la cama por menos de 10.000 dólares", una frase que ella ha intentado matizar y explicar para no parecer frívola pero que, en definitiva, da una idea de quién era Linda Evangelista en el mundo de la moda. Y quién sigue siendo, porque la top, que ahora hace sólo los  trabajos que le gustan para no separarse de su hijo y de su pareja, se ha convertido en una de las nuevas musas de L'Oréal.

Rubia platino, morena, pelirroja, pelo largo o dramáticamente corto. La carrera de LInda despegó, precisamente, a raíz del corte de pelo que el estilista Julien D'Ys le hiciera en 1998. Linda ya no era una más, sino aquella modelo canadiense del pelo corto. Esto me recuerda al drama que las jóvenes asprirantes de Modelo 2007 vivían esta semana al tener que enfrentarse a un cambio de imagen, sobre todo al corte de pelo. Muchas lloraban desconsoladamente ante lo que, seguramente, las haría pasar de una imagen normal a una espectacular, que llame la atención; que seguramente las ayudará a convertirse en modelos y dejar de ser sólo niñas monas.

Al velver a ver a Linda Evangelista, la que fuera una modelo mítica en mi juventud, mi pregunta era, sobre todo, ¿qué ha hecho para seguir tan guapa, para mantenerse tan joven? Porque, francamente, cuando una ya está en la treintena, anima mucho ver a una mujer de 42 años, que encima ha sido madre, con una piel y un cuerpo espectaculares. Lo que ella dice en las entrevistas cuando le preguntan cómo se cuida es lo que contestan todas las famosas: alimentación + ejercicio + hábitos saludables. Linda asegura que, aunque parezca un tópico, beber dos litros de agua diarios mantiene la piel bella. Practica yoga, algo de fitness y tiene una power plate en casa (una máquina vibratoria, el entrenamiento de moda). Además, dice andar todo lo que puede, esté donde esté, para mantener se en forma. También dice no fumar ni beber nada de nada, lo cual ayuda mucho a mantener el peso. Por lo demás, afirma que no existe ningún secreto ni fórmula mágica, sólo un poco de trabajo y esfuerzo.

Para una de mis amigas Linda Evangelista era su mayor ídolo; para mi novio es la modelo más guapa y atractiva que ha habido; para mí, sigue siendo la número uno, por encima de Naomi Campbell y Christy Turlington, seguida muy de cerca por Elle McPherson.

¿Es para vosotros Linda Evangelista la mejor modelo de todos los tiempos? 

http://www.levangelista.net/

# lunes, 10 de septiembre de 2007 8:23

Vélib, la vida en bici

Archivado en:

Acabo de volver de París -ya he puesto en práctica lo de las escapadas de fin de semana- y lo hago encantada. Por lo bonito que es pasear por esta ciudad. Por lo que he disfrutado descubriendo Le Marais, el barrio de moda, donde cada boutique, cada café, cada galería, cada calle, te llama la atención. Por la gente tan estupenda que he conocido (franceses, australianos, marroquíes, argelinos, catalanes). Por la divertidísima cena en Georges, el restaurante del Centre Pompidou, donde pese a un mal comienzo (reservamos en la terraza y hacía un frío tremendo), terminamos bailando con los camareros. Por los riquísimos croissants de mantequilla que me he comido. Por haber conocido la Feria de la Moda, donde los parisinos dejan claro que su estilo es único. Por el Louvre, los Campos Elíseos, por Saint Garmaine, por el Sena... Pero también por algo que me ha emocionado: el Vélib.

Se trata de un genial sistema de alquiler de bicis que ya funciona en Barcelona con el nombre de Bicing. Todo el mundo lo usa, el éxito de esta nueva forma de transporte público ha superado todas las expectativas. Y no me extraña: puedes alquilar una bici (cómoda, modernísima y con cesta) siete días a la semana las 24 horas del día. Como hay puntos de alquiler cada 300 metros por toda la ciudad, puedes cogerla, por ejemplo, cerca de la Torre Eiffel por la mañana, y devolverla cerca de tu hotel, en Le Marais, a las 4 de la madrugada. Si eres extranjero sólo necesitas una tarjeta de crédito para pagar un depósito (más la tarifa que escojas) que luego te reintegran en tu cuenta al devolver la bici. Los parisinos llevan su bici hasta para irse de compras o a cenar. Las aceras de los bistrot están llenas de bicis de Vélib o propias.

No sólo me parece una forma de transporte barata, totalmente ecológica y la alternativa ideal al coche, sino que es increíblemente práctica y saludable. Como turista, te permite recorrer la ciudad sin darte las habituales palizas mientras lo vas viendo todo; te puedes parar donde y cuando quieras. Además de ser una buena alternativa al taxi por la noche, cuando tanto escasean y tan poco amables son muchos taxistas. Para cualquier ciudadano se trata de una forma de transporte ideal, respetuosa con el medio ambiente y una fantástica forma de hacer todo el ejercicio diario que necesitamos. Os aseguro que ni en París ni en Berlín, donde muchísima gente va en bici, he visto gente en bici con sobrepeso.

¡Qué forma tan fácil y natural de mantenerte en forma! Utilizando la bici cada día para ir al trabajo, de compras o para tomarnos algo con un amigo, casi no tenemos ni que ir al gimnasio ni preocuparnos tanto por lo que comemos. Me parece la solución ideal para adoptar por fin el deporte como un hábito de vida. Justo antes de ir a París hablaba de esto con una amiga que se ha comprado una bici porque quiere adelgazar pero le da mucha pereza ir a un gimnasio. ¡Y lo está consiguiendo!

El Vélib o el Bicing te lo ponen fácil si no te quieres comprar una bici, si sólo quieres usarla de vez en cuando o cuando vas de turismo. Mis amigos de Barcelona me contaron que allí también ha sido un éxito. Si funcionase en Madrid sería una buena alternativa para combatir los dichosos parquímetros y la tremenda polución atmiosférica y sonora que causan los coches. Pero no sé hasta qué punto la capital está preparada para acoger a cientos de ciclistas inaviendo las ya saturadas calles de automóviles (en bici no se puede ir por la acera, excepto en Berlín, donde son tan amplias que hay carril bici). Por si Gallardón se anima con la idea, yo estoy practicando los fines de semana en el Retiro, donde puedes alquilar bicis por horas. Por mi barrio, en el centro, cada vez veo a más gente joven con unas bicis plegables que se han puesto muy de moda.

¿Os gustaría pasaros a la bici?

# jueves, 06 de septiembre de 2007 9:58

Ir al psicólogo, un acto de valentía

Recuerdo muchas veces una interesantísima entrevista en la que la magnífica escritora -y olvidada- Ana María Matute hablaba sobre la terrible depresión que había sufrido, irónicamente, en el mejor momento de su vida. Jamás decayó su ánimo durante su infeliz matrimonio, ni tan siquiera tras su divorcio. Y cuando la vida empezaba a sonreírle, cuando había encontrado al amor de su vida -a su "vikingo", como ella lo llamaba-, y cuando el reconocimiento literario había llegado por fin, se hundió inexplicablemente en las tinieblas. Nunca había sido depresiva, no tenía motivos aparentes, pero cayó en la tristeza más profunda que pueda imaginarse. Como mujer luchadora y de brillante inteligencia que era, buscó ayuda, luchó y venció.

Ahora varias de mis amigas están luchando por vencer el mal del siglo XXI: la ansiedad. Unas veces endógena, es decir, con componente genético, y otras exógena, pero siempre malvada y desesperante, opresiva y extenuante. Yo misma, hace años, pasé por un problema emocional que me provocó una depresión y grandes dosis de ansiedad. Pero luché y vencí. Igual que están haciendo mis amigas.

Figuras como las del prestigioso psicólogo Luis Rojas Marcos han contribuido a desmitificar la figura del psicólogo y del psiquiatra, a quitarnos el miedo a ir a sus consultas, a normalizar el tratamiento de los problemas psicológicos. Si no tenemos reparos para ir a visitar al médico cuando nos duele el cuerpo, ¿por qué tanto rechazo cuando nos duele el alma? Cuando uno siente que la ansiedad, el estrés o la tristeza le pueden, debe buscar ayuda. Porque no es tan grave, porque se cura, porque puede ser más fácil de lo que parece. La condición indispensable es pedir ayuda.

Solos no. Solos podemos manejarnos con el estrés, los nervios, las tristezas y problemas del día a día: Pero cuando empiezan a superarnos, cuando empiezan a manifestarse incluso de forma física impidiéndonos llevar una vida normal, paralizándonos y asustándonos, entonces hay que ir a contárselo a un especialista. Unas veces puede ser necesaria la acción conjunta de psiquiatra y psicólogo, y otras, simplemente del terapeuta.

Ni tan siquiera hace falta que uno caiga en una depresión o en una manía obsesiva para ir al psicólogo. Ciertas conductas que nos impiden ser felices -como la falta de autoestima, la dependencia emocional, la adicción a relaciones tormentosas o a las drogas, la incapacidad para mostrar los sentimientos e incluso la dificultad para madurar- pueden ser resueltas con la ayuda de un psicoterapeuta. No somos raros ni estamos mal de la cabeza por acudir a un experto de este tipo, más bien todo lo contrario diría yo.

Desde mi experiencia recomiendo siempre combinar la ayuda del psiquiatra con la del psicólogo, porque tomando sólo pastillas no vamos a ninguna parte (excepto en el caso de tratarse de la falta de segregación de alguna sustancia cerebral). Respecto al psicoterapeuta, hay que tener paciencia para dar con el que mejor nos entienda. Yo msima pasé por tres diferentes hasta dar con la horma de mi zapato. El primero, psicoanalista, lo recuerdo con horror (no entiendo a Woody Allen...); el segundo no estaba mal pero me ponía deberes y me hacía sentir como una niña; el tercero, una persona absolutamente fascinante, actuaba sin hacerme contarle mi vida con pelos y señales, sin morbo ni tragedia. Era una persona interesantísima que había viajado por toto el mundo, que trabajaba con deportistas y bailarines de elite, que sabía desde psicología hasta acupuntura o karate; cada visita era un auténtico placer.

Desde este post quiero alentar a todas aquellas personas que sufren por problemas del alma y la mente, animarlas a que no intenten solucionarlo ellas solas sino que busquen al profesional adecuado y, sobre todo, que se lo cuenten a los suyos y sean capaces del acto más valiente, casi el 100% de la solución a su problema: pedir ayuda.

¿Habéis pasado por esta situación? 

# miércoles, 05 de septiembre de 2007 14:53

¡Yo sí quiero volver al trabajo!

Por todas partes veo y leo artículos sobre la depresión post vacaciones, sobre el bajón que nos da a todos al tener que volver a nuestras obligaciones diarias, sobre la frustración que supone no poder hacer ya lo que a uno le dé la real gana, como levantarse a la hora que uno quiere... ¿Quién no sueña cada verano con dejarlo todo y montar un chiringuito en la playa? A mí, como a todos vosotros, se me pasan de vez en cuando ese tipo de ideas por la cabeza, pero se van tan rápido como las olas que llegan a la orilla del mar. ¿Por qué?

 

Porque irónicamente las vacaciones tienen sentido gracias al trabajo y a la vida llena de obligaciones y responsabilidades que vivimos. Por supuesto, me encantaría volver a disfrutar de uno de esos veranos juveniles que duraban tres meses y en los que llegabas a perder la noción del tiempo. Pero no sé si de verdad sería feliz si me quedara permanentemente de vacaciones. Además, los maravillosos lugares a los que solemos ir de vacaciones cambian mucho cuando termina el verano, cuando cambia el tiempo, cuando la gente se va, cuando todo el mundo vuelve a su vida normal.

 

No hace mucho leí un artículo muy interesante sobre famosos que se habían tomado un año sabático, el sueño de la mayoría de la gente. Entre los entrevistados estaba Lorena Berdún, la famosa sexóloga, que tras unos años de duro trabajo y el fracaso de una serie televisiva en la que se estrenaba como actriz, decidió tomarse un año para ella. Pero no para no hacer nada, todo lo contrario. Todos los famosos que salían en el artículo decían que se habían planteado ese tiempo no sólo para descansar sino para hacer otras cosas, aquellas que siempre habían deseado y para las que no encontraban el momento. Lorena Berdún decía que había planificado muy bien las cosas que iba a hacer durante ese año, ya que quedarte de repente desocupado puede tener un efecto totalmente contrario al deseado: tu ritmo es diferente al de tus amigos o tu familia y te puedes sentir muy solo y aburrido, la inactividad total te puede llevar incluso a caer en la depresión.

 

Os cuento esto para que todos los que estáis deprimidos por haber vuelto al trabajo y a las obligaciones diarias penséis si de verdad sería tan estupendo dejar de trabajar. Por supuesto, si os sobrase el dinero y tuvieseis un montón de proyectos o sueños por cumplir, también os diría que adelante, que lo mandaseis todo a tomar por saco. Pero si no es así, os animo a reinterpretar la situación. Yo lo he hecho y estoy contenta. Sé que volver a mi estresante y ocupada vida me hará desear profundamente unas nuevas vacaciones, y que volveré feliz a pisar mis playas preferidas, aquellas que durante el invierno, o si me quedase definitivamente en ellas, acabaría por ignorar. Como nos ocurre en nuestra propia ciudad, donde casi nos hace gracia que "los guiris" se sorprendan tanto o vayan a visitar lugares que nosotros ya ni nos llaman la atención. Además, ¿qué sentido tendría entonces irse de vacaciones si estás de vacaciones permanentes?

 

Creo, además, que es bueno estar ocupado, hacer cosas, desarrollar una actividad, sentirse útil. Eso organiza tu vida, te marca los horarios que luego estás deseando saltarte, te proporciona le dinero que luego te gastarás alegremente, que para eso te lo has ganado, en las ansiadas vacaciones, que te permitirá vivir de la manera que quieres vivir.

 

Por su puesto, no quiero caer en la demagogia y en la fantasía. Sé que mucha gente tiene trabajos y vidas completamente alienantes que, desgraciadamente no pueden abandonar. Si me tocara la lotería seguramente me iría a dar la vuelta al mundo. Pero a la vuelta, me buscaría alguna ocupación, a lo mejor incluso continuaría con alguna de mis ocupaciones. Para seguir deseando tener tiempo libre, para sentir que produzco cosas, para seguir aprendiendo, para ir al ritmo de mi familia y de mis amigos, para poder elegir mi soledad y no al contrario.

 

Lo que sí os diría, y que yo voy a intentar practicar, es que no esperéis al año que viene para tomaros vacaciones o para descansar. En todos esos reportajes sobre "la vuelta al cole" con los que nos bombardean cada septiembre también hay consejos interesantes, como hacer escapadas cada vez que se pueda, como darse masajes, como apuntarse a un gimnasio para no llevarse el estrés a casa y para que el sedentarismo no nos convierta en mayores prematuros, como intentar cambiar lo que no nos gusta en nuestra vida en lugar de conformarnos.

 

Yo, por ahora, me marcho de nuevo este fin de semana, aunque con el portátil a cuestas...

 

¿Cómo os tomáis vosotros el fin de las vacaciones y la vuelta a la vida normal?

 

# martes, 04 de septiembre de 2007 15:06

La fuerza de Bebe

A Bebe la fama casi se la lleva por delante. Casi. Porque cuando el vendaval de la popularidad empezaba a arrastrarla lejos de quien ella misma era, se dio media vuelta y lo paró de frente, tajantemente, con la misma fuerza con la que le había cantado al mundo los temas de "Pafuera Telarañas". Montones de premios, número uno en las listas de ventas, su música sonando en todas las emisoras del páis, la gente devorando sus letras, algunas asociaciones convirtiéndola en abanderada del movimiento contra la violencia de género por su tema "Malo"... Fue demasiado para ella, así que se plantó. Corría el 2006 y dijo que ni éxito ni súperventas, que ella se retiraba hasta que consiguiera asimilar lo que le había pasado, recuperar el anonimato y, sobre todo, volver a sentir que era la de siempre, la chica que se fue a la capital a estudiar Arte Dramático y la que cantaba por los bares de Extremadura y Madrid con esa voz "salía" de muy dentro.

Bebe no se fue al Tíbet ni se tomó un año sabático. Lo único que necesitaba era cambiar de registro; para algo, además, había estudiado Arte Dramático. Un golpe de suerte o una inspiración -para ambos en mi ipinión- hizo que Medem pensara en ella para su nueva película, "Caótica Ana", de la que todo el mundo habla ahora. Así, la extremeña se conviertió en la mejor amiga de la protagonista ficticia, una actriz desconocida.

Pero ésta no era la primera incursión de Bebe en el cine. En 2006 fue nominada a los Premios Goya por "La educación de las Hadas" y ya tenía a sus espaldas varios títulos, como "El oro de Moscú" o "Al sur de Granada". Ella dice estar encantada con su faceta como actriz que, curiosamente, no le agobia respecto a los medios de comunicación; se trata de una fama digerible y diferente para Bebe.

A mí Bebe, como a media España, me enganchó desde que oí su primera canción. Yo también soy de origen extremeño y me encantaba escuchar un acento tan particular en una cantante. Si hablado resulta brusco e incluso poco elegante, a Bebe el acento extremeño le proporciona personalidad y fuerza, se oye "sentío", verdadero y auténtico. Porque ella habla así, porque ella es así. Porque Bebe es de esas personas con fuerza.

Como ocurre con muchas mujeres fuertes y atrayentes, Bebe tiene, curiosamente, un cuerpo extremadamente delgado. Parece que fuera a romperse en cada quiebro de su voz, parece que no pudiera sostener ni su guitarra (cosa que luego no ocurre ni por asomo en el escanrio, donde sería capaz de sujetar un tren). Pero su belleza me gusta, me "sabe" a diferente, me parece una mujer tremendamente atractiva, de esas que no comtemplas sino que deseas. Su estilo, tan personal como ella, tal vez no siempre me ha parecido acertado, pero vi en Elle un reportaje suyo en el que aparecía vestida por las estilistas de la revista y estaba realmente fantástica.

A Bebe la fama no consigue pararla, porque yo creo que a Bebe no la para nadie. Porque hace y dice lo que quiere. El próximo año empezará a trabajar en su nuevo disco, pero sin presiones, cantando como ella quiera, "y al que no le guste, que se aguante".

¿Quién os gusta más, la Bebe cantante o la Bebe actriz?

 

 

 

 

 

Publicidad


Recomendaciones

Síguenos

Buscar