¿Qué es mejor, endulzar el café con un sobrecito de azúcar o con uno de sacarina? Esta pregunta me la hacía una amiga al verme sacar del bolso mi cajita de Hermesetas, el edulcorante artificial que suelo usar para endulzar mis tés. "No es ni mejor ni peor, todo depende de por qué quieras usar cada cosa y sepas qué efecto tiene en tu organismo", le dije. En mi caso, yo soy una adicta confesa a lo dulce, sobre todo el chocolate, y suelo usar sacarina solamente para endulzar las varias infusiones diarias que me tomo y así no abusar del azúcar. Aunque más o menos sabía lo que es el azúcar y lo que son los edulcorantes artificiales, mi respuesta se me quedó algo "coja", así que decidí investigar sobre ambas sustancias para contároslo en el blog. ¡Qué interesante lo que he averiguado¡
Como todos sabréis, en torno a la utilización de la sacarina y otros edulcorantes, hay una polémica de carácter mundial. Hace años se publicó un estudio que relacionaba el consumo de sacArina con el cáncer de vejiga. Pero la investigación que probaba dicha relación había suministrado dosis masivas de sacarina a ratas de laboratorio, lo cual restaba fiabilidad a las conclusiones. De todas formas, EEUU incluyó la sacarina en su lista de sustancias cancerígenas y países como Canadá prohibieron su uso alimentario (también se emplea en la elaboración de cosméticos y ciertos medicamentos). Sin embargo, numerosos estudios posteriores demostraron que la ingesta de la sacarina y otros edulcorantes artificiales en cantidades normales no suponía ningún riesgo para la salud y la sacó de la “lista negra”.
La fiebre por los productos light y por la delgadez aumentó el consumo de este tipo de edulcorantes bajos o carentes de calorías. Pero no sólo empleados conscientemente por los consumidores para endulzar el café o el té, sino por la industria alimentaria para elaborar cientos de productos bajos en calorías (zumos, refrescos, chicles, caramelos...). Pero no sólo “ligth”, sin saberlo, hasta los detractores de la sacarina y otros endulzantes artificiales, consumen diariamente un montón de productos que contienen estas sustancias: helados, bollos, zumos, refrescos, lácteos, pasta de dientes...
Es decir, que muchos de los que critican a la gente que toma sacarina, la consume sin darse cuenta. Pero no hay que alarmarse, como he dicho antes, los edulcorantes no tienen por qué tener efectos perjudiciales para el organismo y su uso alimentario está aprobado por las principales agencias internacionales de salud pública. Eso sí, ingeridos en exceso (un montón de chicles, caramelos, refrescos y productos light diarios que los contengan), pueden producir efectos desagradables como gases, diarrea o vómitos. Mi recomendación: leer las etiquetas de los productos que consumimos antes de llevárnoslos a casa. La OMS ha determinado un índice de IDA, es decir, de cantidad diaria aceptable de aditivos alimentarios que a lo largo de nuestra vida no tengan ningún efecto perjudicial sobre nuestra salud. Haciendo cálculos, vendría a ser menos de veinte pastillas diarias de sacarina. De todas formas, por lo que sé, los homeópatas desaconsejan el consumo de sacarina, y recomiendan el azúcar, la miel o incluso el sirope de savia como endulzante.
Pero hay más cosas interesantes. ¿Qué es exactamente la sacarina? Se trata de un edulcorante artificial descubierto en 1879, entre 200 y 500 veces más dulce que el azúcar y con un ligero gusto amargo; de ahí que suela mezclarse con otras sustancias. En el mercado puede encontrarse, junto con otro tipo de edulcorantes, en forma de pastillas gránulos, polvo o líquido.
Profundicemos un poco más en el tipo de endulzantes que tenemos a nuestra disposición.
Azúcar o sacarosa (el azúcar de mesa): endulzante natural a base de fructosa y glucosa, y contiene unas 4 calorías por gramo. Muy poquitas y perfectamente aceptablespara una persona sin problemas de sobrepeso.
Entre el resto de edulcorantes los hay naturales, nutritivos y no nutritivos. Los naturales provienen del azúcar de los alimentos: glucosa, fructosa, galactosa, lactosa, maltosa y miel. Los nutritivos se obtienen a partir de sustancias naturales; azúcares refinados, jarabe de maíz, dextrosa, lactosa y otros como el sorbitol, xylitol, manitol o isomalt. Estos últimos, de bajo poder energético se emplean para hacer chicles y caramelos porque no fermentan en la bioca y no producen caries. Pero, aunque pocas, sí tienen calorías. Ahora entiende por qué endocrino le prohibió a mi amiga los chicles cuando se puso a dieta...
Entre los edulcorantes no nutritivos o intensos están los químicos o artificiales (sacarina, aspartamo, acesulfamo, ciclamato o alitamo), que no aportan calorías, y los de origen vegetal, como la glicirriza. La sacarina, el aspartamo y el ciclamato son los más empleados como endulzantes. De ellos, la OMS recomienda no ingerir más de 40 mg diarios por kilo de peso corporal de aspartamo, 7-11 de ciclamato y 5 mg de sacarina.
Explicado todo esto, vuelvo a la pregunta de mi amiga. ¿Por qué tomo sacarina? En mi caso es para ahorrarme algunas calorías diarias, ya que tomo a diario otros azúcares (mucha fruta, chocolate, miel, algún bollo...) y varias infusiones (la mayoría las endulzo con sacarina y alguna con miel, sobre todo en invierno). Confieso que soy de las que, tras una comida copiosa con súper postre dulce, pide sacarina para el poleo, ya que al menos no añado más calorías de las que ya me he tomado. Pero una persona sin problemas de peso y con una dieta equilibrada no tiene por qué sustituir el azúcar por sacarina, que es recomendable cuando se está a dieta.
Mi pregunta para vosotros: ¿azúcar o sacarina?