Acabo de volver de París -ya he puesto en práctica lo de las escapadas de fin de semana- y lo hago encantada. Por lo bonito que es pasear por esta ciudad. Por lo que he disfrutado descubriendo Le Marais, el barrio de moda, donde cada boutique, cada café, cada galería, cada calle, te llama la atención. Por la gente tan estupenda que he conocido (franceses, australianos, marroquíes, argelinos, catalanes). Por la divertidísima cena en Georges, el restaurante del Centre Pompidou, donde pese a un mal comienzo (reservamos en la terraza y hacía un frío tremendo), terminamos bailando con los camareros. Por los riquísimos croissants de mantequilla que me he comido. Por haber conocido la Feria de la Moda, donde los parisinos dejan claro que su estilo es único. Por el Louvre, los Campos Elíseos, por Saint Garmaine, por el Sena... Pero también por algo que me ha emocionado: el Vélib.
Se trata de un genial sistema de alquiler de bicis que ya funciona en Barcelona con el nombre de Bicing. Todo el mundo lo usa, el éxito de esta nueva forma de transporte público ha superado todas las expectativas. Y no me extraña: puedes alquilar una bici (cómoda, modernísima y con cesta) siete días a la semana las 24 horas del día. Como hay puntos de alquiler cada 300 metros por toda la ciudad, puedes cogerla, por ejemplo, cerca de la Torre Eiffel por la mañana, y devolverla cerca de tu hotel, en Le Marais, a las 4 de la madrugada. Si eres extranjero sólo necesitas una tarjeta de crédito para pagar un depósito (más la tarifa que escojas) que luego te reintegran en tu cuenta al devolver la bici. Los parisinos llevan su bici hasta para irse de compras o a cenar. Las aceras de los bistrot están llenas de bicis de Vélib o propias.
No sólo me parece una forma de transporte barata, totalmente ecológica y la alternativa ideal al coche, sino que es increíblemente práctica y saludable. Como turista, te permite recorrer la ciudad sin darte las habituales palizas mientras lo vas viendo todo; te puedes parar donde y cuando quieras. Además de ser una buena alternativa al taxi por la noche, cuando tanto escasean y tan poco amables son muchos taxistas. Para cualquier ciudadano se trata de una forma de transporte ideal, respetuosa con el medio ambiente y una fantástica forma de hacer todo el ejercicio diario que necesitamos. Os aseguro que ni en París ni en Berlín, donde muchísima gente va en bici, he visto gente en bici con sobrepeso.
¡Qué forma tan fácil y natural de mantenerte en forma! Utilizando la bici cada día para ir al trabajo, de compras o para tomarnos algo con un amigo, casi no tenemos ni que ir al gimnasio ni preocuparnos tanto por lo que comemos. Me parece la solución ideal para adoptar por fin el deporte como un hábito de vida. Justo antes de ir a París hablaba de esto con una amiga que se ha comprado una bici porque quiere adelgazar pero le da mucha pereza ir a un gimnasio. ¡Y lo está consiguiendo!
El Vélib o el Bicing te lo ponen fácil si no te quieres comprar una bici, si sólo quieres usarla de vez en cuando o cuando vas de turismo. Mis amigos de Barcelona me contaron que allí también ha sido un éxito. Si funcionase en Madrid sería una buena alternativa para combatir los dichosos parquímetros y la tremenda polución atmiosférica y sonora que causan los coches. Pero no sé hasta qué punto la capital está preparada para acoger a cientos de ciclistas inaviendo las ya saturadas calles de automóviles (en bici no se puede ir por la acera, excepto en Berlín, donde son tan amplias que hay carril bici). Por si Gallardón se anima con la idea, yo estoy practicando los fines de semana en el Retiro, donde puedes alquilar bicis por horas. Por mi barrio, en el centro, cada vez veo a más gente joven con unas bicis plegables que se han puesto muy de moda.
¿Os gustaría pasaros a la bici?