La foto de una modelo anoréxica en el puro esqueleto nos ha puesto a todos los pelos de punta. El fotógrafo Oliviero Toscani, conocido por sus polémics campañas para Benetton, ha empleado esta estremecedora imagen en una campaña de moda para llamar la tención sobre esta terrorífica enfermedad. Porque, aunque la foto se borre de nuestras retinas, aunque dejemos de leer noticias sobre muertes de modelos o sobre la excesiva delgadez de las famosas, aunque nos olvidemos de las estadísticas sobre los miles de afectados por trastornos alimenticios en el "primer mundo", la anorexia no desaparece; la bulimia no desaparece; la vigorexia no desaparece; la ortorexia no desaparece.
La frase "¿quién no conoce a alguien con trastornos alimenticios"? se está convirtiendo en una utopía. Ahora la pregunta es ¿quién no ha padecido o padece algún trastorno alimenticio? En las sociedades desarrolladas son una auténtica plaga; terrible por silenciosa; dramática porque se oculta bajo mil mentiras; vil porque roba juventudes; atroz porque mata.
Los trastornos alimentarios atacan sobre todo a las mujeres; pero no sólo a nosotras. Han adoptados variantes sibilinas y crueles, que se cuelan en las vidas de la gente sin que se den cuenta, hasta que se sienten presas de cadenas invisibles que no pueden romper; hasta que buscan desesperadamente la salida de un laberinto que no existe sino en su mente; hasta que se saben enfermos de una enfermedad que, en lugar de contarle a su médico, desean ocultársela a todo el mundo. Lo saben. Las personas que padecen un trastorno alimenticio siempre lo saben, son absolutamente conscientes de ello. Lo sé, porque de jovencita padecí uno, como tantas otras mujeres que estáis leyendo esto.
La anorexia sigue siendo la patética estrella de la escena en la que se desenvuelven los trastornos alimenticios; cada año mata a cientos de personas en todo el mundo. Para cada vez son más los nefastos actores que se unen a este bodeville. La vigorexia convierte en grotescos proyectos de gigante a quellos que acaban viviendo por y para sus músculos. Quienes padecen el "síndrome del comedor nocturno" se levantan a media noche, empujados por ansiedades, tristezas e incluso depresiones solapadas, para atracar la nevera; algunos ni siquiera lo recuerdan al día siguiente.
De toda esta nueva hornada de problemas alimentarios, me llama especialmente la atención la orterexia, es decir, la obsesión por comer sano. Quienes la padecen son incapaces de comer alimentos que no sean absolutamete naturales, libres de aditivos, grasas y hasta calorías, lo que les hace acabar ingiriendo escasísimas cantidades de alimentos y perdiendo mucho peso. Muchas personas anoréxicas que superan su enfermedad acaban convirtiéndose en ortoréxicas y, por supuesto, lo contrario. Todas ellas presas, irónicamente, de un magnífico ideal: comer sano.
Cuidar nuestra alimentación, tratar de no comer en exceso, tomar alimentos sanos, hacer ejercicio, son hábitos saludables y más que recomendables. Cuando alguna de estas actitudes, hábitos o propósitos comienzan a limitarnos en algún sentido (ponernos nerviosos si no podemos ir al gimnasio, dejar de ir a cenar a casa de nuestros amigos, pasar un hambre terrible para adelgaza, acomplejarnos sin un motivo justificado por nuestra imagen...) tenemos un problema. Transitorio, reincidente o crónico, pero un problema.
¿Quién tiene la culpa? El objetivo apunta a la moda, a los medios de comunicación, al mal ejemplo que dan muchas famosas con su imagen extremadamente delgada. En mi opinión, tienen mucha culpa, pero no toda; las famosas no me perecen sino vítimas de la situación. En la base de cualquier trastorno alimentario hay un problema psicológico, que debe tratar un psicólogo o psiquiatra en colaboración con un endocrino. Y para encontrar el origen de este trastorno hay que analizar a la familia, el ambiente e incluso la infancia de esa persona. Aunque sea duro decirlo, las jóvenes que padecen trastornos alimenticios suelen tener madres sobreprotectoras. La falta de autoestima, que a veces no se potencia adecuadamente en la infancia, es otro denominador común en estas enfermedades. En resumen, los estímuloos negativos externos empujan a muchas personas a padecer este tipo de trastornos; pero que se conviertan en devastadores tiene mucho que ver con la psique, personalidad y ambiente familiar de cada afectado.
No quiero preguntaros si padecéis algún trastorno alimentario, no quiero generar morbo. Lo que me gustaría es que le contáiseis a aquell@s que los padecen, lo felices que os sentís en vuestra piel aunque os sobren algunos kilos, aunque no tengáis un cuerpo perfecto, aunque de vez en cuando vayáis al burguer... Querría que desde aquí dijérais conmigo NO a la anorexia, la bulimia o la ortorexia.