El otoño es la época del año que más altibajos provoca en nuestra salud física y mental. Aún nos sentimos nostálgicos de las no tan lejanas vacaciones de verano, cuando la oscuridad se nos echa encima con el cambio de hora y el frío, sibilinamente, hace su aparición. Empieza entonces la temporada de los resfriados, las gripes y los dolores de garganta.
A mí es la época que más me afecta del año. Antes de la llegada del frío, el final del verano se manifiesta principalmente en mi cuerpo por la caída del pelo, homónima de la de la hoja. Si a eso le sumamos el gran esfuerzo físico que todos realizamos al reincoporarnos a la dura rutina de trabajo y obligaciones tras las vacaciones más largas del año, la salud se resiente bastante. Cuando ya me estoy haciendo a la idea de que los días de verano se acaban, pero empiezo a disfrutar de los hermosos días de otoño y su especial luz, llega el maldito cambio de hora. De repente, sin previo aviso, se hace de noche. Eso produce en mi ánimo una honda impresión, mi ritmo vital decae y una inevitable tristeza se apodera de mí. Nada que ver con la primavera, cuando jamás he sufrido la famosa astenia; todo lo contrario, me vuelven las ganas de vivir.
La llegada del frío supone el remate a la situación anterior, ya que siempre suele cogerte con ropa de entretiempo por la calle, sin paraguas cuando llueve sin previo aviso, poco o demasiado abrigado frente a los cambios de temperatura en el metro, o durmiendo cuando aún no has sacado el edredón. El resultado, el primer resfriado de la temporada o, si tienes peor suerte, el temido gripazo. Estando el bronceado tan lejano como es normal a estas alturas del año, al decaimiento de ánimo y el mal estado del sistema inmunológico se suman el mal aspecto que una tiene pálida, amarillenta y ojerosa, a fuer de tanto madrugón y de la escasez de sol.
Para combatir los males que cada año me depara el otoño, he desarrollado tácticas de defensa muy efectivas. Os las cuento a cambio de que me contéis las vuestras, para que podamos disfrutar del otoño en lugar de tener que sufrirlo:
- Vitaminas para pelo y uñas. Las las empiezo a tomar a principios de septiembre, cuando noto que se me empieza a caer el pelo, y hasta octubre. Las mejores son las especiales para mujer. A mí me van muy bien las Glam: vienen en un bote fácil de llevar y sólo hay que tomar una al día.
- Propóleo o algún complemento similar que ayude a reforzar las defensas, sobre todo si haces deporte. Lo puedes encontrar en herbolarios o farmacias. Son muy buenos para prevenir resfriados. Yo empiezo a tomarlo en octubre. Las perlas de ajo también fenomenal para mejorar las defensas, sobre todo si, como yo, no lo soportáis crudo.
- Equinácea. La utilizo como medicina contra resfriados, problemas respiratorios e incluso de garganta. La descubrí hace un par de años, cuando una gripe mal curada me dejó las vías respiratorias tan delicadas que enganchaba un resfriado o un dolor de garganta tras otro. Aunque natural, es un medicamento y no se puede tomar a la ligera. Antes de comprarla consulta con tu médico o tu farmacéutico.
- Zumo de naranja, limón y miel. Son mis tres aliados naturales en invierno, la mejor fuente de vitaminas naturales para ayudar al organismo a aguantar las demandas del invierno. El zumo de naranja natural lo tomo con el desayuno y, de vez en cuando, zumo de limón con miel o azúcar moreno en ayunas (tambiédn es bueno contra la celulitis). También utilizo la miel para endulzar las infusiones, sobre todo por la noche.
- Alimentos típicos de otoño. En cada época del año lo mejor es comer los frutos de la estación, que son los que el cuerpo y la mente necesitan: naranjas, mandarinas, castañas, higos secos, pescado azul, dulce de membrillo, verduras y hortalizas típicas del otoño (para encontrarlas lo mejor es ir a un mercado).
- Autobronceador. Imprescindible para quitarme la cara de lechuguino que se me queda en invierno. Ya os lo he dicho alguna vez: el Autobronceador Flash de Lancome para rostro hace milagros.
Estos son mis remedios naturales. ¿Cuáles son los vuestros?