Vivimos en la sociedad de las pastillas: para adelgazar, para relajarnos, para rejuvenecer, para dormir, para euforizarnos, para hacer el amor... Las utilizamos para combatir males transitorios como un simple resfriado, para tratar enfermedades que tal vez no lo sean, para prevernir problemas inexistentes o para aportar a nuestra vida sensaciones muchas veces irreales: juventud, belleza, bienestar, felicidad...
Un artículo que he leído sobre el abuso de la Viagra, la "pastilla azul", me ha hecho plantearme la cantidad innecesaria de medicamentos, suplementos o complementos que nuestra sociedad consume. Mucha gente acaba teniendo incluso una dependencia psicológica que, muchas veces, no se traduce en mejoras físicas o psicológicas. Pero no pueden dejar de tomar sus pastillas, no pueden viajar sin ellas, necesitan incluso llevarlas encima.
Michel Wilkes, un científico de la Universidad de California habla a este respecto de enfermedades medicalizadas, es decir, de enfermedades que podrían no serlo realmente. Por ejemplo, mucha gente toma sustancias energizantes porque está terriblemente cansada... tras jornadas de trabajo de 12 o más horas diarias. Mucha gente consume habitualmente pastillas para dormir... cuando mantiene un ritmo de trabajo o de vida que le lleva a dormir muy poco; cuando, además, consume grandes cantidades de sustancias excitantes (café, alcohol, drogas). Mucha gente toma pastillas para adelgazar... sin acompañarlas de una dieta equilibrada o la práctica de ejercicio físico. Mucha gente toma tranquilizantes... sin plantearse que tal vez la causa de su nerviosismo sea la extraordinaria presión laboral o familiar a la que se ve sometida. Mucha gente toma antidepresivos de forma permanente sin realizar una terapia que les ayude a no necesitarlos...
Conozco gente en mi entorno que se automedica ante el mínimo síntoma de enfermedad. Hay personas entre mis amistades que viven enganchadas a los tranquilizantes y antidepresivos que una vez les recetaron, pero que no siguen ninguna terapia psicológica para solucionar realmente sus problemas; en mi ambiente y en los sitios donde voy hay mucha gente que consume habitualmente drogas para sentirse mejor o esconder los problemas que no se atreven a enfrentar. ¿Dependencia real, psicológica o física? Creo que todas.
¿Qué pastillas consumo yo? Pensaba que ninguna pero, como millones de mujeres en todo el mundo, dependo de una pastilla diaria para no alterar mi "statu quo" vital, es decir, para no pasar de "hija de" a "madre de": la píldora. En ciertas épocas de año también suelo tomar diariamente vitaminas o suplementos para mejorar las defensas. Cuando era una dolescente tomé traquilizantes y antidepresivos, pero corrí a la consulta de un psicólogo para dejar de hacerlo rápidamente; nunca me ha gustado la sensación de depender de algo.
Prozac o Zoloft contra la depresión, Lexatin para combatir la ansiedad, Aurix contra la fobia social, Minoxidil contra la caída del cabello, melatonina para alargar la juventud o atraer el sueño, Serotax contra la timidez, Viagra para conseguir la erección, Xenical para no asimilar las grasas, pastillas de dudosa composición para colocarse...
¿Cuántas píldoras diarias consumes tú?