Hacía tiempo que quería escribir sobre Maribel Verdú, una actriz de mi generación con la que me siento identificada en muchas cosas. Con más de 60 películas a sus espaldas e icono sexual de toda una generación, Maribel ha sabido no sólo aceptar el paso del tiempo y de los tiempos, sino emplearlos a su favor. Para mí, está más guapa, más elegante, más interersante y más serena que nunca. "Los años han pasado bien en mí", ha dicho ella misma. Y no puede ser más cierto y más motivador.
Maribel Verdú era la prima, la vecina, la amiga que tantos chicos y hombres de mi generación desearon. Natural, apasionada y con una increíble fuerza en escena, no tenía problema en desnudarse ante las cámaras. Ella misma decía en una entrevista que si el desndudo le hubiera supuesto un problema, "me habría perdido las mejores películas de mi vida" y hasta de la época: La Celestina, La estanquera de Vallecas, Amantes... Reconozo que entonces no me la imaginaba vestida de alta costura.
Mi imagen de Maribel Verdú se correspondía que la de personajes de la España más típica, más castiza, más rural, más descarnada y descarada. Lectora voraz, provenientes de un ambiente culto, interpretaba como nadie al pueblo llamo. Ahora que tengo una edad cercana a la suya aprecio bien su trabajo como actriz, el esfuerzo y preparación que hay detrás de cada uno de los personajes que ha interpretado.
Los años pasaron y rostros nuevos llenaron a la escena cinematoráfica, en la que Maribel Verdú se sintió algo desplazada. Sin embargo, de repente, empecé a verla en revistas de moda. ¡Tan diferente, tan guapa, tan glamourosa, tan delgada! La Maribel Verdú de Belle Époque, Salsa Rosa o Huevos de Oro se había convertido en una sofisticada mujer del siglo XXI que bien podría incluso aparecer en una serie como Sexo en Nueva York. Ahora la veo en los estrenos, en la alfombra roja, que ha pisado ya tres veces (Belle Époque, Y mi mamá también, El laberinto del fauno), y pienso que a pocas les sienta tan bien un Chanel.
Maribel se cuida mucho, porque le apete y porque le encanta. Como publicaba mi compañera del blog ¡Arrégalte ya!, no hay crema, maquillaje o tratamiento que Maribel no conozca. Además, practica Pilates cuando puede, su alternativa al gimnasio, que le resulta aburrídisimo. Respecto a su estilizada figura, ella misma decía en una entrevista que no ha hecho nada especial para adelgazar, que le apasiona comer y que no dejaría de hacerlo por nada del mundo; que al hacerse mayor su cuerpo se ha ido definiendo y estrechando. Y es que, cuando empezó, tenía el voluptuoso y hermoso cuerpo de una adolescente de 13 años.
Pero algo me llama mucho más la atención en la evolución física y, me atrevo a decir, hasta espiritual, de Maribel Verdú: su serenidad. Maribel parece disfrutar realmente de la vida, haber encontrado la fórmula de la felicidad, que ella misma define como "vivir como a uno le apetece". Y ella lo hace junto a Pedro Larrañaga, su marido. Ambos han decidido que no quieren ser padres, que es así como quieren vivir. Y es ahora cuando Maribel siente que su vida es más importante que su trabajo, cuando sabe tener paciencia para esperar los buenos guiones, como el del "Laberinto del Fauno", donde, curiosamente, a mí me recordó a la Maribel de los primeros tiempos; tapada, eso sí.
¿Os gusta la actual Maribel Verdú?